Cinco años después, ¿se esfuma la magia de Obama?

En 2012, el 6 de noviembre, el primer presidente negro de EU repetía con su reelección la hazaña de 2008.
La imagen del demócrata aún es positiva, aunque sigue cayendo por una u otra crisis.
La imagen del demócrata aún es positiva, aunque sigue cayendo por una u otra crisis. (Robert Galbraith)

Washington

Las emotivas imágenes dieron la vuelta al mundo. Apenas pasadas las once de la noche del 4 de noviembre de 2008, millares de estadunidenses congregados en el Grant Park de Chicago celebraban a su primer presidente negro.

Pero no solo en Estados Unidos la gente mostró un entusiasmo arrollador. También en el resto mundo se sumaron voces de alegría. ¡Barack Obama lo había logrado!

En una campaña electoral recordada como una de las más emocionantes en la historia del país, el candidato menos esperado se impuso primero en las internas del Partido Democráta a la ex primera dama Hillary Clinton. Luego, superó claramente en las elecciones presidenciales al senador republicano y veterano de guerra John McCain. “Ha tardado tiempo en llegar, pero esta noche, debido a lo que hicimos en esta fecha, en estas elecciones, en este momento decisivo, el cambio ha llegado a Estados Unidos”, dijo Obama en el esplendor de su mayor triunfo. Sobre el escenario se percibía a un presidente optimista. El carisma y energía como su marca registrada.

Pero a cinco años de aquel día, el lema que entonces recorrió el mundo de “esperanza y cambio” despierta ahora en muchos una sonrisa irónica, casi como un ingenuo recuerdo de juventud.

Aunque Obama fue confirmado en noviembre de 2012 con una amplia mayoría en el cargo, hoy alcanza el punto más bajo de su popularidad.

Solo 42 por ciento de los votantes están satisfechos con su trabajo, según una nueva encuesta. Antes de ser reelegido, Obama contaba con un respaldo de 70 por ciento. También en lo personal los estadunidenses tienen ahora peor imagen de Obama.

“Lo mejor está por venir”, dijo el presidente en Chicago la noche de su reelección, el 6 de noviembre de 2012. Pero el resultado aún no está a la vista.

En el plano interno, el presidente número 44 de EU gobierna sin suerte y deriva de crisis en crisis. Las reformas prometidas en temas como la inmigración, las leyes de armas o el sistema fiscal no logran avanzar ante la fuerte oposición en el Congreso y gran gran parte de la población duda de sus cualidades de gestión.

En política exterior la situación es similar, con la falta de respuesta ante los criticados ataques con aviones no tripulados (drones), la promesa de una política para el cambio climático o el cierre de la cárcel de Guantánamo. Pero la revelación del espionaje sin límite por parte de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), la inconstante política siria y diferencias con socios clave como Israel, Arabia Saudí y Turquía han esfumado casi por completo la magia de Obama.

Pero Obama tiene aún una base leal que sigue viendo de forma positiva su gestión. Por ejemplo, que EU superó la peor crisis económica desde 1980. O que desde 2009 la tasa de desempleo disminuye lenta pero consistentemente. También cayó a la mitad el déficit público y en su lucha contra el terrorismo logró sacar del medio a muchos líderes terroristas, entre ellos a Osama bin Laden.

También se elogia que por medio de una reforma financiera Barack Obama logró un mayor control sobre los bancos. Y firmó además con los rusos un nuevo tratado de desarme.

La guerra en Irak terminó, y el conflicto en Afganistán está llegando a su fin. La pieza
central de su primer mandato, la reforma de salud, es según los expertos la reforma de la seguridad social más importante de las últimas décadas en Estados Unidos.

Y bajo su liderazgo, cada vez más estados norteamericanos han permitido el matrimonio homosexual, la legalización de la marihuana, la igualdad de las mujeres y la mejora del medio ambiente.

Según las encuestas, en comparación con su antecesor directo George W. Bush, la imagen del presidente Obama es aún positiva.

Pero los estándares son mucho más altos para quien dice en la campaña electoral “Vamos a cambiar el mundo”, “Habrá un nuevo comienzo entre Estados Unidos y los musulmanes” o habla de un “mundo libre de armas nucleares” y a solo 11 meses de comenzar su mandato acepta el premio Nobel de la Paz.