Los anfitriones se preparan para evitar "sustos" durante el Mundial

Durante un mes, las autoridades del país sudamericano estarán a prueba ante el desafío de las manifestaciones.
En Rio de Janeiro, los opositores al encuentro deportivo no ha cesado.
En Rio de Janeiro, los opositores al encuentro deportivo no ha cesado. (Ana Carolina Fernandes/Reuters)

Rio de Janeiro

El plan de seguridad de Brasil para el Mundial 2014 es amplio y minucioso: los escenarios van desde un ataque terrorista a una pelea entre hinchas, aunque las protestas callejeras son la mayor preocupación de las autoridades.

“Hemos dividido 15 áreas de acción en el último año y medio, y elaboramos protocolos de acción en cada caso, todos sometidos a múltiples simulacros. (...) Estamos listos, aunque en seguridad nunca podemos dejar de preocuparnos”, explica el secretario del gobierno para Seguridad de Grandes Eventos, Andrei Rodrigues.

Un total de 157 mil militares y policías estarán desplegados en las 12 ciudades sedes del torneo, que comienza el 12 de junio y culmina el 13 de julio. Otras tres ciudades albergarán centros de entrenamiento.

Dentro de los estadios, la seguridad estará a cargo de veinte mil guardias privados (unos mil 800 por partido). Unos 120 policías de 40 países colaboran además con Brasil en labores de inteligencia.

El operativo de seguridad es valorado en unos 860 millones de dólares.

Varias manifestaciones han sido convocadas para el Mundial, tratando de emular las masivas protestas de hace un año en plena Copa Confederaciones, que sacudieron el país con más de un millón de personas en las calles exigiendo mejores servicios públicos y mano dura contra la corrupción.

“Nuestra sensación es que tendrán una dimensión menor”, estimó el ministro de Justicia José Eduardo Cardozo, la semana pasada.

La policía militar —responsable del orden público y control de estas manifestaciones— se ha preparado incluso con apoyo de la estadunidense Oficina Federal de Investigación (FBI) y la fuerza de choque francesa (CRS). Y tienen uniformes nuevos, una armadura de cuerpo entero de resistente plástico que los convierte en una suerte de Robocop.

A finales de abril, la presidenta Dilma Rousseff afirmó que “nadie va poner un dedo” en las selecciones de futbol.

Pero no fue lo que sucedió cuando el autobús que llevaba a la selección brasileña a Teresópolis (en las montañas del estado de Río) fue cercado por unos 200 profesores en huelga que bloquearon su paso.

El gobierno decidió entonces que las fuerzas armadas reforzaran la custodia policial en los centros de entrenamiento, hoteles y desplazamientos de las selecciones que comenzaron a llegar la semana pasada.

La posibilidad de un ataque terrorista en Brasil es muy baja, pero el gobierno ha afinado protocolos para su prevención y combate. Las fuerzas armadas tienen equipos de defensa química, radiológica y nuclear, así como también de un centro de seguridad cibernética.

En Manaos se trabaja con un “nivel de alerta mayor” sobre terrorismo porque la ciudad amazónica acogerá partidos de EU, Inglaterra e Italia.

Los militares son igualmente responsables de la custodia del espacio aéreo y de la vasta frontera de 16 mil km con nueve países y la Guyana francesa, junto con la policía federal.

Varios narcotraficantes han intentado en los últimos meses recuperar el territorio perdido a raíz de la “pacificación” de decenas de favelas de Río de Janeiro, iniciada en 2008, y han lanzado ataques contra las comisarías de estas comunidades. Seis oficiales ya murieron este año.

Las autoridades son acusadas a su vez de brutalidad, torturas y de asesinatos. En abril, un joven bailarín murió tras recibir un disparo en una favela del barrio más turístico de Rio, Copacabana, presuntamente a manos de policías, desatando violentas protestas.

Muchas de estas barriadas pobres colindan con los barrios ricos o importantes vías de acceso a la ciudad. El gobierno decidió reforzar con 450 policías el patrullaje en las comunidades ocupadas. En el Complexo da Maré, favelas cercanas al aeropuerto de Rio, unos 2 mil 700 militares garantizan la seguridad hasta el 31 de julio.

Instrumentos musicales, fuegos artificiales, armas, banderas con asta o grandes pancartas: la lista de objetos prohibidos en los estadios es larga y hasta incluye computadoras y tabletas electrónicas usadas para la “divulgación” de imágenes de los partidos. La caixirola, especie de maraca impulsada por el propio gobierno para ser la “vuvuzela brasileña” también está en la lista, después que hinchas molestos las lanzaron al campo de juego el año pasado durante eventos prueba.