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Viernes , 22.06.2018 / 01:59 Hoy

Amenaza terrorista altera la vida en Bruselas

La capital belga comienzó a recuperar su ritmo de vida en medio de las sirenas de patrullas y la vigilancia del Ejército en las calles ante el riesgo de un ataque.


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Notimex

Los habitantes de Bruselas, capital de Bélgica pero también de las instituciones de la Unión Europea y sede de la OTAN, desarrollan su vida al ritmo de las sirenas de la policía, en un día poco común bajo la amenaza terrorista.

Con el inicio de la semana, escuelas, guarderías y universidades se sumaron a la lista de locales cerrados en la capital.

Sin embargo, varias tiendas, bares y restaurantes estaban abiertos y, aunque menos concurridos, sí tenían clientes.

"Las operaciones (antiterroristas) continúan, pero la vida también", aseveró por la mañana el ministro del Interior, Jan Jambon.

La típica imagen de la Grand-Place, plaza central del casco histórico de Bruselas, estaba perturbada por las Fuerzas Armadas, que estacionaron un vehículo delante del ayuntamiento de estilo gótico mientras que en los alrededores soldados con uniforme camuflado y armas automáticas, patrullan las calles comerciales.

Su presencia se ha convertido en una atracción turística más para los visitantes de Bruselas, que se sacaban "selfies" delante de militares y vehículos blindados estacionados en el centro.

Las autoridades decidieron el viernes por la noche elevar al máximo nivel la alerta por amenaza de atentado y lanzaron llamados de prudencia a la población.

En el centro histórico de la capital belga, no toda la actividad se detuvo.

Las camionetas hacían sus entregas a los comercios y los obreros instalaban las pequeñas cabañas de madera en los alrededores de la Bolsa y de la Grand-Place para el tradicional mercado de Navidad.

En una escuela primaria de Haren, un barrio alejado del centro de la ciudad, no se escuchó ningún grito de niños cuando sonó la campana a la hora del recreo.

Tatiana, una joven madre, verifica si el acceso al patio es imposible, y luego continúa hasta la guardería vecina en donde un breve anuncio confirma que las escuelas están cerradas.

"Sé lo que está pasando, es triste", explica Tatiana. Su hijo de ocho años, Oleg, había partido sólo al colegio y volvió rápidamente tras ver las puertas cerradas. "Se quedará en la casa con su hermana Alissa, que debería haber ido a la guardería".

En el parque del Cincuentenario, uno de los espacios verdes de la capital, cercano a la sede de las instituciones europeas, unas familias pasean con sus hijos, bajo un frío sol de invierno.

La capital belga, de 1.2 millones de habitantes, recibe a diario a unas 320 mil personas que acuden del resto del país para trabajar.

En las estaciones de buses, cuya frecuencia fue reforzada para contrarrestar la falta de metros, los habitantes de Bruselas se arman de paciencia. Los tranvías funcionan y los trenes circulan normalmente, incluso las estaciones de Luxemburgo y Schuman, que cruza el subterráneo del Parlamento y de la Comisión Europea, permanecen abiertas.

La seguridad en ambos locales ha sido reforzada con la presencia de al menos cuatro militares fuertemente armados, al igual que en la sede del Consejo Europeo, donde se encuentran reunidos los 19 ministros de Finanzas de la zona del euro.

"Tomamos las medidas necesarias para garantizar la seguridad de la gente. Pero la vida debe seguir en Bruselas. Por ejemplo el sector público permanece abierto. Los funcionarios vendrán a trabajar esta mañana", explicó el ministro de Interior, Jan Jambon, en declaración a una radio.

Pero la mayoría de las infraestructuras culturales y deportivas permanecen cerradas.

Christophe, administrador de un local de comida rápida, se preparaba a abrir como de costumbre. "Espero trabajar un poco para recuperar lo que perdí los últimos días. Las oficinas están abiertas", agregó.

Durante el día, otras cinco personas fueron detenidas en operaciones policiales relacionadas con la amenaza de atentado, pero el principal sospechoso, Salah Abdeslam, sigue fugado y en paradero desconocido.

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