Todos podemos ser víctimas de otro ataque: mexicana en París

Raquel Valentino, mexicana casada con un francés, dice que las calles de la "ciudad luz" están desiertas; la gente evita ir a lugares concurridos y prefiere no usar el transporte público.
La Ciudad Luz es resguardada por policías tras los ataques del pasado viernes.
La Ciudad Luz es resguardada por policías tras los ataques del pasado viernes. (AFP)

Ciudad de México

Tras los ataques terroristas del 13 de noviembre y el fin del luto, la actitud de los parisinos está dividida. Salir a las calles, dejar el miedo y continuar con su vida normal; o quedarse encerrados en casa para no arriesgarse ni exponerse: ni siquiera por el trabajo. Raquel Valentino (mexicana esposa de un francés) radica allá desde hace tres años, dos de los cuales han sido en la capital del país.

"La gente sale por alimentos y evita hacer cosas innecesarias como ir a comprar ropa o regalos de Navidad. Las calles están vacías, tiendas y comercios de Campos Elíseos (la zona donde trabaja) se ven fantasmales y algunos cerraron hasta el próximo fin de semana porque no hay clientela", describió en entrevista con Milenio.

La razón es única, percibe: todos pueden ser víctimas de otro ataque. "Lo ocurrido a la revista Charlie Hebdo iba dirigido a un sector de la población, pero esta vez nos puede alcanzar a todos".

Raquel precisa que el grueso de la población evita desplazarse en transporte público lo que aumentó el uso de automóvil (como un espacio privado) y generó mayor tráfico en la ciudad y sus principales salidas. Desde el sábado la gente no acude a lugares masivos y hay quienes -como ella-, optaron por no cruzar la zona de los memoriales ubicadas en los distritos 11 y 18 de París.

"En la zona turística hay turistas, pero no hay franceses. Deben estar decepcionados porque hay sitios cerrados y los edificios históricos registran menor afluencia en comparación con sus épocas más bajas", dijo.

La noche de los atentados terroristas Raquel no durmió gran cosa. "El día siguiente fue soleado, cosa rara en esta época del año. Tratamos de salir lo menos posible y al quedar encerrados en el departamento no podíamos evitar ver las noticias todo el día: parecían surrealistas. No quisimos ir al centro para evadir el ambiente de tristeza aunque la gente también estaba más propensa a pelear. Me pareció que los más felices eran algunos niños que jugaban en la calle con su patín, pese a la cara seria de sus padres".

La televisión, dice Raquel, incluyó entrevistas con especialistas dirigidas a padres de familia con el fin de explicarles cómo hablar a sus hijos sobre lo ocurrido, sin negarlo ni orillarlos al pánico o angustia.

"Sabemos que las cosas cambiaran de ahora en adelante. Habrá que tomar precauciones en general y hasta un poquito de paranoia mientras refuerzas un sentimiento de confianza: cargar una identificación adicional al pasaporte, buscar salidas de emergencia en sitios públicos; aunque creo que el ambiente permanecerá así el resto del año. Hoy siento incertidumbre donde antes no la sentía. Siempre vi a París como una ciudad tranquila para vivir", aseguró Raquel.

Esta mexicana está de acuerdo en que en París confluyen demasiadas religiones y personas del mundo y que existe un clima tenso contra los inmigrantes.

"Después del viernes 13 creo esa tendencia será más marcada", dijo.