El alcalde neoyorquino con tintes latinoamericanos

Bill de Blasio pasó su luna de miel en Cuba, fue pro sandinista, habla español, está casado con una afroamericana y pregona sin empacho que es un “hombre de izquierda”.
El político posa ante la prensa con su esposa Chirlane y sus hijos Dante y Chiara.
El político posa ante la prensa con su esposa Chirlane y sus hijos Dante y Chiara. (Spencer Platt/AFP)

Estados Unidos

El demócrata Bill de Blasio promete dar una bocanada de aire fresco a la Gran Manzana con políticas de izquierda, una sensibilidad por América Latina y una familia multirracial y moderna.

De 52 años, casado y padre de dos hijos, el defensor del pueblo de Nueva York se presenta como la antítesis del actual alcalde Michael Bloomberg, un independiente de pasado republicano que dejará el cargo a fines de diciembre tras 12 años y tres mandatos.

Duro crítico de las desigualdades existentes en esta ciudad de 8.3 millones de habitantes, propone aumentar los impuestos a los neoyorquinos ricos para financiar el jardín de niños a partir de los cuatro años y denuncia constantemente los polémicos retenes de la policía de Nueva York, que afectan sobre todo a hispanos y negros.

“Soy un hombre de izquierda que cree en la intervención del Estado”, dijo recientemente De Blasio, de 1.95 metros de altura, de origen italiano por el lado materno y cuyo padre —de ascendencia alemana— se suicidó.

Su mujer, Chirlane McCray, una poeta afroamericana ex lesbiana y seis años mayor que él, lo acompaña siempre y es su socia política, con Bill y Hillary Clinton como su modelo.

Los hijos Dante, de 16 años y con un corte de pelo afro muy vistoso, y Chiara, de 18 años, han sido protagonistas de anuncios de televisión para apoyar a su padre y mostrar que no es “otro tipo blanco aburrido”.

Nueva York es una ciudad de gran mayoría demócrata, con una población multiétnica de 33.3 por ciento de blancos, 28.6 por ciento hispanos, 25.5 por ciento negros y 12.7 por ciento asiáticos.

Para los 2.3 millones de hispanos que viven en Nueva York, la llegada de De Blasio a la alcaldía debería ser benéfica, ya que se trata de un político con sensibilidad por América Latina, que habla español y conoce la región.

Aún más, De Blasio fue de joven un admirador de la revolución lanzada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) nicaragüense, que en 1979 derrocó al régimen dictatorial de Anastasio Somoza.

De Blasio, por entonces de 26 años, viajó a Nicaragua en 1988 para ayudar a distribuir alimentos y medicinas en medio de la lucha del FSLN con los contras financiados por el gobierno estadunidense del republicano Ronald Reagan.

El candidato demócrata, que siguió estudios de política latinoamericana en la Universidad de Columbia, también viajó a Cuba, aunque en este caso para pasar su luna de miel con McCray.

Si su pasado “sandinista” causó cierto revuelo al ser revelado por la prensa a fines de septiembre, Blasio, lejos de negarlo, lo ha defendido.

“No fue un pecado de juventud. Estaba involucrado en un movimiento que pensaba tenía mucho sentido, y la razón por la cual estaba involucrado era a raíz de la política exterior de Estados Unidos”, señaló a la revista New Yorker, en referencia al apoyo a las dictaduras en América Latina en las décadas de 1970 y 1980.

Su discurso progresista es para muchos una bocanada de aire fresco tras los años pro Wall Street de Bloomberg, y varios de sus ex colaboradores subrayan su inteligencia, su talento de estratega y su determinación.

Pero sus detractores, en cambio, lo acusan de “populismo” y de haber llevado adelante una campaña “racista”. Asimismo, hay quienes le  le achacan una limitada experiencia en puestos ejecutivos.

Antes de ocupar el puesto de defensor del pueblo de Nueva York, Bill de Blasio fue concejal municipal de Brooklyn (2002-2009) y ex director de campaña de Hillary Clinton para el Senado en 2000.