Benedicto XVI, como tener un abuelo sabio en casa: Papa Francisco

Joseph Ratzinger asistió al encuentro de Jorge Mario Bergoglio con ancianos; ambos pontífices se abrazaron durante el evento.
El abrazo entre Benedicto XVI y el papa Francisco.
El abrazo entre Benedicto XVI y el papa Francisco. (Reuters)

Ciudad del Vaticano

Los Papas Francisco y Benedicto XVI se abrazaron hoy una vez más durante el encuentro que presidió Jorge Mario Bergoglio con más de 40 mil ancianos en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

“Agradezco especialmente al Papa emérito Benedicto XVI por su presencia. Yo dije tantas veces que me gusta tanto que él viva en el Vaticano, porque es como tener un abuelo sabio en casa. ¡Gracias!”, indicó el pontífice reinante al pronunciar un discurso.

“Bendición de la larga vida” fue el nombre del encuentro del Papa con los ancianos, que estuvo compuesto por dos partes: una inicial donde varias personas mayores dieron sus testimonios de vida y la segunda, con una misa presidida por Francisco.

Joseph Ratzinger, de 87 años, se sumó a la primera parte y se sentó a un costado del atrio de la Basílica de San Pedro. Estaba vestido de blanco. Poco antes de la misa, Benedicto se retiró del lugar tras un abrazo con Bergoglio.

“La violencia sobre los ancianos es deshumana, como aquella sobre los niños. ¡Pero Dios no les abandona, está con ustedes!”, dijo Francisco durante su discurso inicial, tras destacar el ejemplo de un grupo de adultos mayores que llegaron hasta el Vaticano desde la ciudad iraquí de Qaraqosh.

Agradeció su testimonio y aseguró que ellos, no obstante las pruebas más difíciles, demuestran que los ancianos que tienen fe “son como árboles que continúan a dar fruto”, no sólo los que sufren persecuciones sino aquellos que viven existencias más ordinarias, donde pueden haber otras formas de discriminación.

Sostuvo que los abuelos tienen una tarea grande: transmitir la experiencia de la vida, la historia de una familia, de una comunidad y de un pueblo; compartir con sencillez y sabiduría la fe. “El abuelo es padre dos veces, y la abuela es madre dos veces”, exclamó.

Advirtió que no siempre los ancianos tienen familias que puedan acogerlos y afirmó que, en esos casos, está bien que existan las casas para personas mayores.

“¡Siempre que estas sean realmente casas y no prisiones! Y que sean para los ancianos y no para los intereses de otros! No deben existir institutos donde los ancianos vivan olvidados, como escondidos, descuidados”, dijo.

“Estoy cercano a tantos ancianos que viven en estos institutos, y pienso con gratitud a quienes los van a visitar y cuidan de ellos. Las casas para ancianos deberían ser los pulmones de la humanidad, deberían ser santuarios de humanidad donde quien es viejo y débil es cuidado y custodiado como un hermano y una hermana mayor”, añadió.

El Papa insistió que existe la realidad del abandono de los ancianos, muchas veces ellos son “descartados” con actitudes de abandono que son una verdadera “eutanasia escondida”.

“El efecto de esa cultura del descarte hace mucho mal a nuestro mundo. Se descartan los niños, se descartan los jóvenes, porque no tienen trabajo, se descartan los ancianos con el pretexto de mantener un sistema económico equilibrado, al centro del que no está la persona sino el dinero. ¡Estamos todos llamados a combatir esta venenosa cultura del descarte!”, ponderó.