Yulia Timoshenko, la dama de hierro ucraniana

Es su regreso al juego del poder: apenas salió de la cárcel, la ex premier adversaria de Yanukóvich se presentó en el emblemático Maidán, donde fue aclamada por miles que ya la ven como la ...
“Son unos héroes”, dijo la política a los 50 mil movilizados.
“Son unos héroes”, dijo la política a los 50 mil movilizados. (Yannis Behrakis/Reuters)

Kiev

¡Es indestructible!”: como en los mejores días de la Revolución Naranja de 2004, pero con los rasgos tirantes, en silla de ruedas, Yulia Timoshenko arenga de nuevo a la multitud en el Maidán, en el centro de Kiev, tras la destitución de su enemigo jurado Víktor Yanukóvich.

Apenas salida de la cárcel la tarde de ayer, esta mujer menuda, coronada con su trenza emblemática, se apresuró a viajar a la capital para dirigirse a sus partidarios y a la oposición anti-Yanukóvich reunidos por miles en la plaza. Pese a las hernias discales que sufre y a los dos años y medio pasados en la cárcel, no ha perdido ni un ápice de su fervor

“¡Son unos héroes; son los mejores de Ucrania!”, lanzó entre lágrimas a los manifestantes después del baño de sangre registrado este semana en pleno centro de Kiev que condujo a la destitución de hecho de Yanukóvich, votada ayer por el Parlamento.

La multitud coreaba “Yulia, Yulia”, aunque ciertos opositores se mostraban escépticos sobre su capacidad para recuperar la iniciativa en Kiev.

Su retrato de grandes dimensiones figuraba en el centro del Maidán, la plaza de la Independencia de la capital ucraniana, ocupada día y noche desde hace tres meses por manifestantes hostiles a Yanukóvich.

“Ahora es como Roosevelt y es indestructible”, se entusiasmaba Tetiana Matvitchuk, de 52 años, aludiendo al presidente estadunidense Franklin Delano Roosevelt, elegido en cuatro ocasiones y víctima de poliomielitis que lo tuvo en sillas de ruedas.

Ex primera ministra y adversaria de Yanukóvich en las presidenciales de 2010, Timoshenko fue condenada en 2011 a siete años de cárcel por abuso de poder, lo que ella denunciaba como una “venganza política”.

La carrera de esta mujer de 53 años comenzó en 1997 al ser elegida parlamentaria. En 1999 se convirtió en viceprimera ministra en el gobierno de Víktor Yuschenko, su futuro aliado en el Revolución Naranja y entonces premier del presidente Leonid Kuchma.

A finales de 2004, Timoshenko se alió con Yuschenko al frente de la revuelta pacífica —Revolución Naranja— que supuso la invalidación por fraude de la victoria de Víktor Yanukóvich, sucesor designado por Kuchma. Pero una vez en el poder, ambos se atacaron mutuamente con acusaciones recíprocas de corrupción.

Los años de mandato rompieron esa alianza (Timoshenko salió del gobierno y luego retomó su dirección en 2007) hasta las presidenciales de 2010, que marcaron el retorno victorioso de Yanukóvich.

En 2011 fue condenada a siete años de cárcel por firmar como jefa de gobierno un acuerdo sobre gas con Rusia en condiciones consideradas desfavorables para su país. También fue sospechosa de complicidad en el asesinato de un diputado. Ella rechazó todas las acusaciones, que veía como una venganza del poder destinada a alejarla de la escena política.

Trasladada en 2012 al hospital de Jarkov (este) para ser atendida de unas hernias discales, acusó a Yanukóvich de someterla a video vigilancia permanente, aun en el baño.

Y es que esta mujer menuda se ganó a pulso, mucho antes de ir a la cárcel, fama de “dama de hierro”.

En el despacho que ocupaba en Kiev, una estatuilla de Juana de Arco, las memorias de la ex primera ministra británica Margaret Thatcher y un libro sobre la ex secretaria de Estado de Washington Madeleine Albright ilustraban sus referencias políticas y sus ambiciones.

Sus adversarios la consideran una mera oportunista y una manipuladora, con muchas zonas borrosas en su itinerario.

Nacida el 27 de noviembre de 1960, como ingeniera-economista en la época de la Unión Soviética dirigió una importante compañía energética, aprovechando el monopolio de la importación de gas ruso a Ucrania tras la independencia del país en 1991.

Según sus detractores, cooperaba entonces con Pavlo Lazarenko, ex primer ministro encarcelado ahora en Estados Unidos por estafa y blanqueo de fondos, por lo que fue investigada en Rusia y Ucrania.

Su marido, Olexandre, obtuvo asilo político en la República Checa tras su encarcelamiento. Su única hija, Evguenia, luchó sin respiro por la liberación de Timoshenko multiplicando los contactos en Occidente.