A 10 años, Arafat aún marca la senda palestina

Miles de palestinos recordaron ayer a Abu Amar, nombre de lucha del histórico líder, considerado el padre del nacionalismo palestino, en medio de un ambiente festivo que reinvindicó su figura y su ...
Murió el 11 de noviembre de 2004 tras una confusa agonía.
Murió el 11 de noviembre de 2004 tras una confusa agonía. (Mahmud Hams/AFP)

Cisjordania

Diez años después de su muerte, Yaser Arafat y su recuerdo proyectan una sombra doble y alargada, la de "Abu Amar", el guerrillero que puso en pie la lucha armada, y la del "hombre de Estado", que ofreció la rama de olivo e inició el diálogo.

Ambos convergieron ayer en la Mukata, sede oficial de la presidencia palestina en Ramala, abarrotada por las miles de personas que en medio de un ambiente festivo quisieron reivindicar su legado y su figura.

"Arafat es nuestro líder ahora y siempre. Creó el sueño del Estado palestino y de su causa en todo el mundo. Este Estado no quiere decir que sea débil, que no lo es, pero necesita mejorar y ser aceptado en el mundo", dijo Sara Sayesh, estudiante de 23 años de Ramala.

Nacida en 1991, apenas unos meses antes de que comenzaran los contactos que desembocaron en la conferencia de Madrid (1992) y los Acuerdos de Oslo (1993) -base de la actual negociación, hoy truncada- Sara se define como miembro de esa generación palestina que confía en el diálogo y huye del sonido de las armas.

Una generación que cree que solo el reconocimiento de Palestina puede romper el círculo vicioso en el cual ha entrado la negociación desde que en 1999 expiró el plazo establecido para la declaración del Estado palestino.

En el amplio patio Fakhri Barguti, uno de los hombres que más años ha pasado en una cárcel israelí, era la viva imagen de otra época, aquella en la que "Abu Amar" —el nombre de guerra de Arafat— era considerado un apóstol del terrorismo internacional.

Acusado, junto a su hermano Nael, de plantar una bomba que en 1978 segó la vida de un soldado israelí cerca de Ramala, Barguti fue arrestado con 24 años y pasó 33 en prisión.

El punto de encuentro entre ambas generaciones miró ayer hacia el estrado principal, donde el actual presidente palestino, Mahmud Abas, que gobierna en Ramala, en la Cisjordania ocupada, volvió a luchar contra una sombra que le ampara y le persigue.

Débil para unos por haber acallado las armas, incapaz para otros por no haber conservado la "unidad palestina" y visionario hombre de paz por haber iniciado la lucha diplomática, Abas quiso asentar su poder con un ataque al grupo islamista Hamas, que controla Gaza. Dijo que el futuro del Estado palestino está en Ramala, criticó la cadena de explosiones que el viernes afectó a líderes de su partido Al Fatah en Gaza y volvió a apelar a la unidad como única solución.

"Abas no es Abu Amar, tampoco es Yaser el negociador. Su visión es otra. Quizás a la postre será un héroe, pero nunca como lo fue Arafat", dijo Hamid Sari, simpatizante de la OLP.

De las muchas imágenes de Yaser Arafat que ayer surcaron la Mukata -reales, como los carteles en los que se veía con un Kalashnikov ante la mezquita de Al Aqsa- y mentales, destacó aquella de su primer discurso en la ONU, cuando mostró la pistola y la rama de olivo. "Volvemos a estar en esa disyuntiva. Observar su vida y su legado y decidir qué camino nos interesa", concluye Hamid. El que marcan Sara y Amr, aferrados a la bandera, a la esperanza de la palabra; o aquellos que se preparan para una tercera intifada.