Xi Jinping, el todopoderoso /I

A 16 meses de haber asumido el poder en China, el nuevo líder ha cambiado el estilo impersonal de Hu Jintao.
XI firmó ayer en París con su par François Hollande 50 pactos comerciales por 18 mil millones de euros.
XI firmó ayer en París con su par François Hollande 50 pactos comerciales por 18 mil millones de euros. (Ian Langsdon/Reuters)

Pekín

El arribo de Xi Jinping, 60 años, al frente del Partido Comunista de China (PCCh) en noviembre de 2012, y luego del país en marzo de 2013, desató un inmenso trajín. Y es poco decir que el nuevo emperador rojo está determinado a hacer pasar el doble mandato de su predecesor, Hu Jintao, por una década perdida. Es, a la vez, el acuerdo tácito de una acción radical frente al hundimiento de los años que Hu dio al poder supremo, por el juego de las coaliciones y de las relaciones de fuerza en el seno del Partido, el hijo de príncipe pletórico de legitimidad revolucionaria.

Cuestión de estilo, se acabó el poder despersonalizado a la Hu Jintao. Después de un año de mandato, el nuevo líder chino quemó las naves: pareciera incluso que asumió un estilo a lo Gary Locke, el embajador de Estados Unidos que acaba de dejar su cargo y cuya simplicidad conquistó a los internautas chinos y también a Bo Xilai, el rival de Xi condenado a cadena perpetua en septiembre de 2013, quien puso de manifiesto los recursos insospechados de popularidad  de los antiguos métodos maoístas.

Incluso el protocolo rígido de la República Popular de China fue transformado: la primera dama Peng Liyuan, célebre cantante de reconocida elegancia al vestir, encabeza hoy las misiones diplomáticas de soft power, como el recibimiento en Pekín de Michelle Obama y sus dos hijas el 21 de marzo.

A la vez, la amistad teñida de admiración de Xi Jinping por su par ruso, Vladimir Putin, no es un secreto para nadie: el presidente chino, invitado de honor a los recientes Juegos de Invierno en el balneario ruso de Sochi, parece compartir con él una marcada desconfianza por “los occidentales barrigones que no tienen nada mejor que hacer que señalar a nuestro país con el dedo”, como declaró Xi Jinping en México en 2009. Y una desconfianza instintiva a todo lo que lleve la firma de “sociedad civil”. Incluso la prensa extranjera en China ha pagado sus costos: diversos medios extranjeros han tenido dificultades para renovar sus visas en 2014.

En el panteón de las figuras tutelares, el número uno chino le dio un lugar nuevo a su padre, Xi Zhongxun, muerto en 2002.

El ex viceprimer ministro, rehabilitado por Deng Xiaoping después de haber sido destituido bajo Mao Zedong en 1962, fue objeto de una conmemoración sin precedente en octubre de 2013 para el centenario de su nacimiento. Él jugó un rol clave en las reformas económicas en Guangdong y fue percibido como cercano a las corrientes políticamente reformistas en el seno del PCCh.

Su hijo, sin embargo, parece poco interesado en la foja “liberal” de la herencia política paterna, para perjuicio de los intelectuales chinos que están al acecho de indicios de una democratización por venir.

Al insistir en la rectitud y la templanza del antiguo jerarca, Xi Jinping mostró su propia nostalgia por las campañas de “rectificación de cuadros” en medio de las autocríticas que hicieron furor en los años de 1950, impuestas en todos los escalones provinciales.

“Xi es el hijo biológico de Xi Zhongxun, pero es el hijo espiritual de Mao”, asesta en un panfleto sin concesiones titulado Xi Jinping, el padrino del ensayista en el exilio Yu Jie. El libro, tercer tomo de su Trilogía de los dictadores chinos, se publicó este 24 de marzo en Hong Kong, bajo el sello editorial Open Books.

Al frente de los nuevos valores promovidos por Xi Jinping se encuentra la frugalidad, devenida hoy en una ardiente obligación para los funcionarios, que están formalmente impedidos de asistir a banquetes y clubes privados.

Para dar el ejemplo, Xi Dada o Tonton Xi, como lo apodan algunos internautas, llegó en diciembre a un restaurante de comida corrida en Pekín y todo su consumo fue de apenas 21 yuanes (menos de tres euros) de buñuelos rellenos, para gran estupefacción de los demás clientes. Un gesto inspirado sin complejo en el de Gary Locke, apodado “el embajador del pueblo” que había invitado a un comedor parecido al vicepresidente estadunidense Joe Biden, durante su visita a China.

En tanto, al nivel externo, Xi pretende fortalecer sus lazos con la Unión Europea, como quedó visto ayer al firmar en París con su par François Hollande medio centenar de pactos por 18 mil millones de euros (25 mmdd), entre ellos el pedido de 70 aviones al fabricante europeo Airbus por más de siete mil millones de euros, y la para la fabricación conjunta de mil helicópteros de Airbus Helicopters con el grupo chino Avicopter.