Xi Jinping, el todopoderoso /y II

Desde Deng Xiaoping, ningún líder se había atrevido a tantos cambios, entre ellos la ultraconcentración del poder.
Xi ayer en el Palacio de Versalles junto a su esposa y el presidente francés, François Hollande.
Xi ayer en el Palacio de Versalles junto a su esposa y el presidente francés, François Hollande. (Michel Euler/AP)

Pekín

Otro tema prioritario en la nueva agenda del presidente chino Xi Jinping: la contaminación del aire, que la embajada de EU fue durante mucho tiempo la única en medir de manera continua. No solo puso China en práctica en 2013 una amplia red para medir las partículas finas, las PM 2.5, sino que el presidente tuvo que mostrarle a los pekineses que él también respiraba el mismo aire que ellos, al hacerse presente en febrero en un barrio popular un día smog persistente.

Las otras obras lanzadas por Xi causan vértigo: el nuevo equipo se comprometió a liberalizar el sistema financiero —una apuesta audaz— y a desmantelar dos instituciones que cristalizan los rencores: los campos de trabajo para “reeducar” y la política del hijo único.

Esto en pro de la apertura, el positivismo, las reformas, es decir, el Yang. En cuanto a su Yin, su parte de sombra, es el viento helado que hacer circular en los pasillos del poder una purga sin piedad en la cumbre del Partido.

Para muchos, a lo que se le ha dado carta blanca es al opio del terror que instala en la sociedad civil un Estado policial. En Pekín, los defensores de los derechos humanos rechazan hacer el duelo de Cao Shunli, una militante de 52 años muerta el 14 de marzo después de que rechazara cualquier tratamiento de parte del centro de detención donde se encontraba desde su arresto en el aeropuerto de Pekín seis meses antes. Cao Shunli iba a viajar a Ginebra a fin de tomar parte de talleres de formación sobre los derechos humanos. “El miedo es un instrumento de poder eficaz u Xi lo considera como necesario. El principio último que parece guiarlo, es que el Partido tiene necesidad de un máximo de poder discrecional, de manera de llevar a cabo su programa de reformas económicas y de la burocracia, analiza Nicholas Bequelin, de Human Rights Watch en Hong Kong. Cualquier traba en el ejercicio del poder discrecional —ya sea un reforzamiento del sistema jurídico, un rol más amplio para la prensa, o una sociedad civil más activa— pone en peligro a la vez las reformas y el sistema político. No obstante, entre poder discrecional y poder arbitrario, la frontera es delgada.”

Desde Deng Xiaoping, ningún dirigente chino se había atrevido a eliminar tantos cánones de la gobernanza colectiva de la era post maoísta. Las innovaciones de Xi Jinping han tomado la forma de cinco “comités directivos” que fueron dados a conocer en los últimos meses y cuya lista, en apariencia poco atractiva, esconde una recentralización sin precedente del poder: todos son dirigidos por un solo hombre, Xi Jinping. El último de ellos, anunciado a mediados de marzo, es el Comité directivo para la Reforma de la Defensa Nacional. En febrero nació el Comité para la Seguridad de la Internet y de la Información. Xi dirige todavía el Comité para las Reformas Económicas y Financieras, así como la nueva Comisión de Seguridad Nacional, que coordina las respuestas de los servicios de policía contra las amenazas terroristas pero también… ideológicas. Por último, hay un Comité para dirigir las reformas piloto del conjunto de las grandes obras en curso.

“Los cinco grupos tallados a la  medida deben ser vigilados de cerca. Todo lo que va a pasar en China en los próximos diez años partirá de ellos. Para mí, esta revolución es sin precedente”, explica el editor de un medio chino, que prefiere el anonimato. A la vez, Xi Jinping, agrega nuestro interlocutor, renovó el reparto tradicional de los roles entre el presidente y el primer ministro: ahora, solo su voz cuenta y es ella la que representa el poder.

Esta pequeña revolución en el trono está justificada, en el discurso oficial, por el pragmatismo.

Xi Jinping ha decidido ir sobre los “grupos de interés” opuestos a las reformas, sus camarillas de líderes corruptos y de redes semimafiosas que dominarían en las regiones o en sectores completos de actividades. Para hacer esto, el Partido lanzó una campaña anticorrupción que sobrepasa en intensidad y fuerza a todas las anteriores.

Su último blanco es el general Xu Caihu, ex número dos del ejército, arrestado el 15 de marzo mientras era hospitalizado por un cáncer terminal. Unos meses antes, el número tres de la policía también había sido llevado por la policía anticorrupción.

También han caído diversos cuadros dirigentes de las provincias, un ramillete de patrones de la industria del petróleo, un alto responsable de la planificación, un flamígero magnate de la explotación minera y diversos productores de cine.

En la línea de mira, las redes de los pretendidos seguidores de Zhu Yongkang, la ex eminencia gris del aparato de seguridad chino.