¡Viva Maduro!

El Santo Oficio.
Nicolás Maduro
Nicolás Maduro (Especial)

Ciudad de México

El cartujo limpia de telarañas Los conceptos elementales del materialismo histórico, de Marta Harnecker, y se pone a estudiar. No quiere ser expulsado de las páginas de la izquierda mexicana por ignorante y menos aún por no comprender los derroteros de las revoluciones latinoamericanas en el siglo XXI. Es cierto, el libro de la socióloga chilena parece un poco anticuado a estas alturas, pero funciona para calentar motores antes de llegar, con el corazón henchido de fe cuartelaria, a otro de sus títulos: Venezuela, militares junto al pueblo, un canto a la epopeya impulsada por el inolvidable Hugo Chávez.

La también autora de Hugo Chávez Frías: un hombre, un pueblo, alumbra el oscuro camino del monje con sus reflexiones sobre las bondades del actual gobierno venezolano, sometido a intensas presiones por una oposición alentada por el imperialismo. Dios la bendiga (a Harnecker, aunque sea atea, no a la oposición).

Con éstas y otras lecturas enaltecidas por la prensa progresista, con las noticias difundidas por la cadena TeleSUR y demás medios afines al presidente Nicolás Maduro, epígono incomparable del comandante Chávez, resulta difícil comprender a los alborotadores —estudiantes, clase media y empresarial— en un país ejemplo de igualdad y tolerancia, como bien se ha visto.

Maduro carga sobre sus hombros el cambio verdadero en Venezuela. Pero en esta ingente tarea no está solo, lo acompañan “el pueblo”, los militares y, sobre todo, el espíritu inquieto de Chávez, quien dos veces se le reveló en forma de pajarito.

Hombre sensato como pocos, heredero del más grande héroe de Venezuela después —o quizá antes— de Bolívar, Maduro ha tenido revelaciones tan conmovedoras como extraordinarias. Después de las avecillas con uniforme militar, un día supo de la aparición de Chávez en las excavaciones de una línea del Metro de Caracas. Quienes presenciaron el milagro, le sacaron una foto y se la dieron. “Miren esta figura que se les apareció a los trabajadores. ¿Quién está en este rostro? Una mirada, es la mirada de la patria que está en todos lados”, les dijo a los asistentes en uno de sus actos de gobierno mientras les enseñaba la imagen.

Por todo esto, por su pasado, por su presente y su futuro, no tienen La Razón quienes atacan a un hombre así. Tal vez si todo ocurriera en México, si las protestas estudiantiles sucedieran aquí y fueran reprimidas por el ejército (o digamos, si la policía entrara a CU para recuperar el auditorio Justo Sierra para todos los universitarios), si la ausencia de artículos básicos nos estuviera acongojando, si los líderes de la oposición fueran perseguidos por las autoridades o estuvieran en la cárcel, si se cerniera sobre nuestros medios la sombra siniestra de la censura, probablemente se valdría poner el grito en el cielo. Pero como todo esto pasa en el paraíso revolucionario de Venezuela no queda sino lanzar vivas a Nicolás Maduro y sus secuaces.

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.