“En Venezuela ya no podemos salir solos de este foso”: Enrique ter Horst

Representante de Naciones Unidas durante años, trabajador por la paz y autor de un libro célebre sobre resolución de conflictos políticos y transiciones democráticas.

Ciudad de México

Durante el mandato del egipcio Boutros Ghali en Naciones Unidas (1992-96), el diplomático venezolano Enrique ter Horst fue su Representante Especial y Jefe de la Misión de Paz de la ONU en El Salvador (1994-95), luego de los Acuerdos de Paz de Chapultepec que pusieron fin a la guerra civil en 1992. Después fue jefe de la misión internacional de paz en Haití (1996-97); y en la era del ghanés Kofi Annan (1997-2006) fue Alto Comisionado Adjunto de la ONU para Derechos Humanos, en Ginebra (1998). De esas experiencias surgió su libro En caso de incendio, que propone un puñado de criterios políticos que han funcionado o fracasado en conflictos internos y largas transiciones democráticas en el mundo. Ter Horst examino para Dominical MILENIO la peor crisis política en Venezuela en seis décadas.


En su libro afirma que el experimento bolivariano ha restringido libertades civiles ¿Teme un desenlace violento?

Ese experimento solo puede revertirse por la vía pacífica y democrática. Solo si el presidente Nicolás Maduro persuade al ala dogmática y militar de la cúpula chavista de que, tras 15 años en el poder, si no gobierna para todos y restablece la independencia de poderes, se juega su sobrevivencia política.


¿Cuánta legitimidad tiene Maduro a un año de mandato?

Si el Presidente quiere que el chavismo mantenga un papel político relevante en el futuro, debe cambiar. Basta con administrar los enormes ingresos petroleros honestamente, reconstruir el país apegado a la Constitución, desmontar poderes autoritarios, hacer justicia sin ánimo de retaliación, y hacer concesiones.


¿Es posible esa rectificación en el chavismo?

Mire, Venezuela ha caído en un foso profundo. Si el Presidente quiere evitar que el país se hunda más en la inseguridad y la anarquía, le urge el apoyo de todo el país. Ya no tiene dinero petrolero y se ha socavado la paz social. El país recibiría bien el cambio de rumbo; quien lo lidere se cubriría de gloria.


¿Se puede prolongar la crisis sin una ruptura en el chavismo?

La causa profunda de la crisis es la obsesión de imponer un sistema que no contempla la Constitución de 1999 promulgada por el ex presidente Chávez. Es crucial restablecer el equilibrio de poderes, legitimarlos de nuevo, sin aferrarse al poder.


¿Existe una insurgencia opositora armada?

Los mandos de las Fuerzas Armadas afirman que la oposición transita de la subversión violenta no armada, en un “golpe de Estado suave”, a la insurgencia armada con una nueva fase de violencia selectiva, incluso con actos terroristas. ¿Saben algo que el resto del país desconoce?

¿Marcha Venezuela hacia un conflicto armado interno?

Un conflicto armado interno, algo inédito en un siglo, sería un absurdo mayor. La salida a la crisis de gobernabilidad es negociar para restablecer el equilibrio de los poderes públicos roto en la era Chávez, con una nueva legitimidad.

¿Cómo opera la diplomacia frente a Venezuela?

Con mucha fluidez. La comunidad internacional es indispensable en la solución. Los venezolanos ya no podemos salir solos de este foso. Desde la protesta iniciada hace dos meses, las inesperadas violaciones de derechos humanos —más de 40 asesinatos, algunos con tiros a la cabeza; más de 500 heridos de bala y más de 50 casos de tortura— han hecho cambiar de posición a muchos gobiernos.


¿Cuáles países?

Países de la Unión Europea, cuyas críticas han subido de tono; Estados Unidos, Canadá. Sin olvidar las expresiones del ex presidente Lula, de Brasil, quien ha llamado a Maduro a conformar un gobierno de coalición con la oposición. Brasil y Colombia han hablado muy claramente a Maduro, en privado le han advertido del descrédito.


¿Puede una mediación internacional superar el recelo muto?

La enorme desconfianza suscitada en ambos lados hace necesarias medidas de confianza que logren hacer creíble cualquier intento de negociación. El Vaticano ha aceptado la función de facilitador, urge una ley de amnistía, destituir y enjuiciar a funcionarios que hayan violado derechos humanos.


Henrique Capriles logró 7.27 millones de votos contra 7.50 de Maduro, denunció fraude y no lo probó…

No lo sabremos. El Consejo Nacional Electoral no permitió el cotejo de los resultados electrónicos con la identificación y las firmas de los votantes en los cuadernos de votación.


¿Descarta un referendo revocatorio a medio mandato en 2016, como al que sobrevivió Chávez en 2003?

El referendo revocatorio es solo una vía de varias en la Constitución para un cambio democrático electoral de gobierno, algunas son aplicables antes del 2016.


¿Por qué la prisa en las calles?

El movimiento estudiantil y una parte de la Mesa de la Unidad son catalizadores. La socióloga ex chavista Margarita López Maya piensa que un amplio descontento se expresa contra un gobierno sin recursos, cuya legitimidad es dudosa para la mitad del país. Maduro aprovechaba la crisis para profundizar su proyecto con Cuba. Y los promotores de la campaña “La Salida” catalizaron una protesta cantada, para recuperar precisamente el derecho a la protesta pacífica, sin autorización previa del Estado. Así llegamos a esta crisis.


A un año de la muerte de Chávez, la campaña “La Salida”, de Leopoldo López, ahora en prisión, parece alejarse de las urnas…

No lo creo. Sus propuestas están previstas en la Constitución, no descartan la vía electoral. Maduro cree que es un atajo golpista. Pero la ruptura del hilo constitucional, asunto grave y repudiable que ningún demócrata puede apoyar, no puede ser el único criterio para activar el sistema democrático continental.


¿La insurgencia civil está dispuesta a compartir el poder con el chavismo?

La oposición ya no está constituida solo por partidos tradicionales, con viejos líderes. Ahora es un abanico de todo el espectro democrático, con nuevos partidos progresistas, laboristas, matrices de izquierdas moderadas, independientes y muchos disidentes del chavismo. El denominador común es el regreso a la plena vigencia de la Constitución.


¿Cuál es la solución que ofrecen los promotores de La Salida?

Luego de las inesperadas violaciones de derechos humanos ante las protestas, están frente a un juego diferente. Se unen los partidarios para un tránsito pacífico: pasar de un Estado omnipotente a uno democrático, previsto en la Constitución.


¿Aceptarían los ansiosos activistas un lento tejido de acuerdos políticos?

Al sentarse a dialogar sin condición alguna, una parte de la Mesa de la Unidad Democrática ha asumido esa responsabilidad. Debe lograr concesiones significativas muy pronto. De otra manera su posición se vuelve insostenible.


Parece un país de extremistas, ¿aún hay espacio para negociadores?

Buena pregunta. Hasta ahora, ninguna investigación ha atribuido muertos por bala a la oposición. A pesar de la confrontación y la polarización, aún quedan personas inteligentes, decentes y respetadas en ambos lados que piensan en la reunificación del país, la reconciliación y la paz.


¿Tienen futuro los testigos del diálogo?

A pesar de las dudas en la oposición sobre UNASUR, dos vecinos esenciales, Colombia y Brasil, juegan un papel central para el retorno a la Constitución. Y la participación facilitadora del Vaticano es motivo de optimismo.


¿Qué falta?

Falta una agenda acordada, que tendrá dificultades. Maduro trata de compartir con la oposición el costo político del ajuste económico, sin ofrecer un cambio de rumbo hacia la Constitución de 1999. Aparecen más dialogantes y negociadores en la oposición que en el chavismo.


¿El gobierno tiene fisuras?

El presidente Maduro podría estar escondiendo una guerra soterrada entre bandos unidos por el riesgo de perder el poder. Dos grupos chavistas se proclaman herederos del legado radical de Chávez. Pero el avance de la crisis es un motor de cambio, obliga a desmantelar poco a poco el andamiaje bolivariano.


Maduro dice que La Salida persigue simular una guerra civil…

Son declaraciones dirigidas a complacer a su galería más radical.

 

¿Cómo imagina un nuevo sistema político tras la era Chávez?

El nuevo sistema político se debe armar con nuevas elecciones que den legitimidad a todos los poderes. Una represión mayor podría romper la cohesión del chavismo.




¿Hay otra posibilidad?

Un camino diferente se abriría si Maduro —por la razón que fuere—, lidera un regreso a la vigencia de la Constitución, dando un giro audaz que restablezca sus credenciales democráticas


¿Cómo se lo imagina?

Permitiendo ya la mediación de un facilitador internacional y una Misión de Apoyo de la ONU, para profesionalizar las instituciones democráticas, las policías y Fuerzas Armadas; y asegurar así el crecimiento económico y desarrollo social sostenido.


¿Puede jugar el papa Francisco un rol mediador?

Claro que sí. El Papa es un conciliador nato que conoce bien nuestra región. Y su secretario de Estado, Pietro Parolín, conoce a los actores políticos venezolanos.


¿Hay peligro de un callejón sin salida?

Es la gran pregunta que nos hacemos muchos, tanto dentro como fuera de Venezuela.


¿De quién depende?

Del presidente Maduro, del líder del Congreso, el ex militar Diosdado Cabello y de sus consejeros.