Vacas “a dieta” contra el calentamiento global

El gas que generan los rumiantes representa entre 3 y 5% de las emisiones de gases de efecto invernadero que producen en Francia.
La granjera Marie-Françoise Brizard da a su ganado alfalfa y lino.
La granjera Marie-Françoise Brizard da a su ganado alfalfa y lino. (Jean-Francois Monier/AFP)

Courcite, Francia

Las 40 vacas normandas de Marie-Françoise Brizard emiten menos metano que sus congéneres gracias a que les dan menos maíz y soja, y más hierba. A su manera, esta ganadera de Mayenne, Francia, lucha contra el calentamiento global.

Las emisiones de metano de los rumiantes —a través de sus eructos y flatulencias— representan entre 3 y 5 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero en ese país.

Mientras su esposa lleva a las vacas al ordeño, Luc Brizard se dedica al cultivo. La alfalfa y otras plantas forrajeras ricas en proteínas cubren, junto a los cereales, las 100 hectáreas de colinas verdes de su granja.

La alfalfa, seca, servirá para alimentar a las vacas en invierno, en lugar de utilizar alimentos industriales a base de maíz y soja. El ganado recibirá también un pequeño complemento de lino, cultivado en esas mismas tierras.

Las leguminosas —como la alfalfa— y las semillas oleaginosas —como el lino— enriquecen la leche con omega 3, un ácido graso que elimina las bacterias que producen el metano.

Además, el cultivo de alfalfa, rico en nitrógeno, permite a este matrimonio mejorar la calidad del suelo al utilizar las heces como abono.

Idea bíblica

"Esta historia es casi demasiado perfecta. Pero se basa en un principio de una simplicidad bíblica: las vacas están hechas para comer hierba", explicó Pierre Weil, ingeniero agrónomo francés que demostró "la relación entre el estado del suelo, la salud de las vacas, la de los seres humanos y la del planeta", con la asociación Bleu Blanc Coeur.

Sus investigaciones recibieron el aval del Instituto Nacional de Agronomía (INRA) y fueron reconocidos por la ONU para reducir los gases de efecto invernadero.

Se pueden reducir estos gases hasta 65 por ciento, dependiendo de la dosis alimenticia, pero Bleu Blanc Coeur preconiza atenerse a 20 por ciento para lograr un equilibrio óptimo entre la carga económica, la calidad de la leche y la salud de los animales.

Cada mes la leche que produce la granja de los Brizard es analizada para comprobar que cumple con los criterios nutrimentales y medir el ahorro de emisión de gases de efecto invernadero medante una computadora.

"No hay necesidad de cambiarlo todo" para obtener resultados, afirmó Weil. "Un agricultor que alimenta a sus vacas únicamente con maíz puede, por ejemplo, comenzar añadiendo un poco de lino", explicó.

Pese al ahorro en los gastos de alimentación, los beneficios económicos de este método son escasos para la familia Brizard. Las lecherías de la zona no están especializadas en la colecta de la leche Bleu Blanc Coeur (de momento hay solo 10 en Francia). Por lo tanto les compran la leche al precio base y luego la mezclan con la corriente.

Además, a pesar de las toneladas de metano que ahorra, esta granja tampoco se puede beneficiar de la venta de bonos de carbono, ya que pocas empresas buscan compensar sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Apenas una docena de esos granjeros recibe un ingreso extra a través de este método, aunque Weil asegura que pronto se firmarán contratos con municipios franceses.

Así que el matrimonio y sus cuatro hijos, que han sufrido la reciente caída registrada en el precio de la leche, viven únicamente de la venta de la carne de sus vacas, más rica en omega 3 que las demás.

Aún así, la familia Brizard no contempla cambiar la alimentación de sus vacas. El padre de Marie-Françoise, quien fue primero criador de pollos en batería, decidió en la década de los 70 optar por lo orgánico. "Un día nos dijo: 'No quiero vender a los demás lo que yo mismo no daría de comer a mis hijos'. Tenía 12 años, y eso me marcó", recuerda, determinada.