Unesco condena bombardeo de casco histórico de Saná, capital de Yemen

La coalición árabe liderada por Arabia Saudí negó su responsabilidad después de que un misil matara a cinco personas y destruyera varios edificios en el centro de la ciudad, declarada patrimonio ...
Varias personas buscan supervivientes entre los restos de varios edificios destrozados tras el bombardeo en el casco histórico de Saná
Varias personas buscan supervivientes entre los restos de varios edificios destrozados tras el bombardeo en el casco histórico de Saná (EFE)

Saná

La Unesco condenó hoy el bombardeo del casco antiguo de Saná, la capital yemení, declarado patrimonio mundial de la humanidad por esta organización, en tanto la coalición árabe liderada por Riad negó su responsabilidad después de que un misil matara a cinco personas y destruyera varios edificios en esa zona.

Se trata del primer bombardeo contra el casco histórico de Saná desde que la coalición lanzara una campaña aérea contra los rebeldes chiitas hutíes y sus aliados, el 26 de marzo pasado.

La directora general de esta agencia de la ONU, Irina Bokova, dijo estar "profundamente afligida por las pérdidas de vidas humanas y los daños infligidos a una de las joyas más antiguas del urbanismo islámico en el mundo". "Reitero mi llamado a todas las partes a respetar y proteger la herencia cultural de Yemen (...) símbolo de una historia milenaria (...) que pertenece a toda la humanidad", subrayó.

"No hemos llevado a cabo operaciones en la ciudad", declaró por su parte a la AFP el general Ahmed al Asiri, portavoz de la coalición. "Sabemos que esos lugares son muy importantes", añadió, insinuando que los rebeldes yemeníes podrían estar detrás del ataque.

Este último episodio tuvo lugar tres días antes de unas conversaciones en Ginebra, postergadas hasta el lunes, bajo la égida de la ONU, entre el campo del presidente yemení en el exilio, Abd Rabo Mansur Hadi, y el de los rebeldes chiitas hutíes con el objetivo de intentar crear las condiciones para poner fin a la escalada del conflicto que comenzó hace más de dos meses.

Arabia Saudí, que realiza desde fines de marzo ataques aéreos contra los hutíes, desmintió estar detrás del bombardeo de Saná, sugiriendo que se trató de la explosión de un arsenal de armas de los rebeldes.

Un misil que no explota

Sin embargo, testigos y fuentes médicas habían afirmado que un misil lanzado por un avión de la coalición antes del amanecer cayó sin explotar en el barrio de Qasimi, situado en una zona que alberga miles de casas construidas hace siglos. El proyectil destruyó casas de tres plantas y mató a cinco personas, incluida una mujer y un niño, indicaron las fuentes a la AFP.

"Vimos la luminosidad de un misil lanzado desde un avión. Se esperaba que explotara pero no lo hizo (...) Sentimos el impacto del misil cuando se estrelló contra el suelo", indicó un habitante, Ahmed al-Ameri. Esto fue negado por el general Asiri. El objetivo del ataque no resultaba claro, y los habitantes no se ponían de acuerdo sobre la presencia o no de rebeldes en una de las casas bombardeadas.

La capital yemení, edificada en un valle entre montañas de 2,200 metros de altitud, fue un importante centro de difusión del islam en los siglos VII y VIII. Cuenta con 103 mezquitas, catorce baños árabes y unas seis mil casas, incluidas torres o viviendas de adobe, construidas antes del siglo XI.

En mayo, la Unesco había alertado sobre "los graves daños" causados por bombardeos sobre Saná y había instado "a todas las partes" a dejar el patrimonio cultural al margen de los conflictos.

Negociaciones en Ginebra, el lunes

De otra parte, los beligerantes de la guerra en Yemen se reúnen el lunes por primera vez desde la intervención saudí en marzo para propiciar una desescalada y salir del atolladero, en negociaciones en Ginebra promovidas por la ONU.

En principio la reunión estaba prevista para el domingo, pero se retrasó en un día a causa de la llegada tardía de una delegación yemení por "circunstancias imprevistas", según la ONU. Catorce representantes yemeníes -siete de cada bando- participarán en las negociaciones de una duración de dos o tres días.

Al diálogo acude por un lado el bloque del presidente en el exilio Abd Rabo Mansur Hadi reconocido por la comunidad internacional, y por otro la rebelión chiita de los hutíes, aliados al partido del ex presidente Alí Abdalá Saleh, que permaneció en el poder 33 años.

No ha sido fácil organizar estas negociaciones, que constituyen un resquicio de diálogo en una guerra que ha crispado la tensión entre sunitas y chiitas, en particular entre Riad y Teherán. Los bombardeos aéreos de la coalición árabe liderada por Arabia Saudí desde el 26 de marzo han deteriorado la capacidad militar de los hutíes y del bando de Saleh, pero no han conseguido doblegarlos.

Los rebeldes lograron bombardear varias veces zonas fronterizas con Arabia Saudita, que lanzó dos Patriot el sábado pasado para interceptar un misil Scud disparado desde el norte de Yemen.

El gobierno yemení, exiliado en Arabia Saudita, ha restado importancia al encuentro de Ginebra, que califica de simples "consultas" para la aplicación de la resolución 2216 del Consejo de Seguridad de la ONU.

Adoptada el 14 de abril, esta resolución apoya "la legitimidad del presidente de Yemen", impone sanciones a los rebeldes, como un embargo sobre las armas, y les pide que se retiren de los territorios conquistados desde 2014, como la capital, Saná.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, participará en la apertura de las negociaciones de Ginebra que se celebrarán luego a puertas cerradas, según un portavoz de la organización.

Situación "catastrófica"

Ban ha hecho un "llamamiento urgente" a todas las partes a entablar consultas "de buena fe y sin condiciones previas por el bien del pueblo yemení". El objetivo de las negociaciones es instaurar un alto el fuego, un plan para la retirada de los rebeldes de las zonas conquistadas y un aumento de la ayuda humanitaria, afirmaron diplomáticos en Nueva York.

Naciones Unidas calificó de "catastrófica" la situación humanitaria, con más de dos mil muertos desde finales de marzo y más de medio millón de desplazados. La guerra afecta a 20 millones de personas, estimaron hoy trece organizaciones humanitarias, que piden un alto el fuego "inmediato y permanente para salvar millones" de vidas.

Bajo la presión de Washington, Arabia Saudita aceptó una tregua humanitaria de cinco días en mayo para enviar material de ayuda a una población civil exangüe, pero los esfuerzos por un alto el fuego permanente han fracasado. Los expertos estiman que el conflicto está estancado.

Arabia Saudita marcó puntos destruyendo la mayoría de los misiles rebeldes capaces de alcanzar su territorio, pero no ha conseguido cambiar la situación en el terreno y el presidente Hadi sigue refugiado en Riad. Los hutíes conservaron, por su parte, la mayoría de las posiciones, incluida la capital, pero sufrieron bajas y, aparte de Irán, nadie los apoya a nivel internacional.

Que beligerantes acudan a Ginebra significa que están dispuestos a "hacer concesiones y a obtener un resultado", estima el analista Ibrahim Sharqieh, director adjunto del Brookings Doha Center.

"El hecho de que, dos meses y medio después del comienzo de la campaña aérea, los saudíes no hayan obtenido resultados adicionales y su incapacidad a emprender una operación terrestre significa que, para ellos, el final de la guerra se acerca", dijo.

Por su lado, los hutíes, que han acumulado las conquistas desde 2014, no han obtenido "un apoyo de calidad de Irán, que habría cambiado la situación. El apoyo iraní también parece estancado", añade Sharqieh. Los hutíes proceden de una rama del chiismo y representan alrededor de un tercio de la población de Yemen, de mayoría sunita.

El caos de los últimos meses benefició a los extremistas sunitas de Al Qaeda, que se apoderaron en abril de una capital provincial en el sudeste, y al grupo yihadista Estado Islámico (EI).