Ucrania y la falta de visión de Victor Yanucovich

Entre Rusia y Europa, pareciera que el presidente ucraniano eligió mal al rechazar integrarse al segundo socio.
El jefe de Estado al parecer piensa más en su reelección.
El jefe de Estado al parecer piensa más en su reelección. (Ints Kalnins/Reuters)

Ucrania

Como un ama de casa del mercado de Bessarabie en Kiev, el presidente ucraniano fue hacia el puesto mejor equipado. En el stand "Unión Europea", la oferta no superaba los 610 millones de euros —es decir la cantidad de la ayuda propuesta por Bruselas en el marco del acuerdo de asociación comercial—. El stand "Rusia" estaba mejor provisto —crédito por unos 10 mil millones de euros, gas a buen precio, renegociación de la deuda—, y Yanu kovich no lo dudó.

Así, los ucranianos van a pasar tal vez el invierno sin frío pero el giro del presidente va a terminar de arruinar la economía de la nación, una de más enfermas del Viejo Continente, que él y sus oligarcas del Partido de las Regiones —rusófono— contribuyeron ampliamente a derrumbar rechazando reformarla.

Con un crecimiento negativo, un déficit presupuestal de 8%, una deuda de 30% del PIB (contra 10% en 2009) y sus reservas de divisas agotadas (bajaron 26% respecto de 2012), Ucrania debe su supervivencia a los préstamos de corto plazo de los mercados. Las arcas del Estado están tan vacías que las agencias calificadoras rebajaron recientemente su nota, hoy por hoy equivalente a la de Grecia.

La capacidad de Kiev para pagar sus deudas es incierta, aun más desde que el FMI rechazó darle otro préstamo, a falta precisamente de reformas.

Yanucovich, un ex jefe de depósito de autobuses en la región de Donetsk, en el centro de Ucrania oriental y rusófona, tiene su propia visión de la economía. Así Naftogaz, la empresa energética pública, paga el gas ruso más caro que Alemania (más de 400 dólares los mil metros cúbicos) para revenderlo a precios de ganga a las casas y sobre todo a los barones industriales del Partido de las Regiones. Pero no hay
forma de cambiar eso. El presidente no quiere contrariar a la oligarquía, sus mejores apoyos financieros de cara a las elecciones de 2015. Y no importa si Naftogaz está al borde de la quiebra con una deuda de mil millones de dólares a la rusa Gazprom: Moscú prometió nuevos créditos. El FMI no está dispuesto a subvencionar a la riquísima élite ucraniana, que monopoliza
80% de la economía, compra casas de descanso en Europa y coloca sus beneficios en cuentas offshore.

Pero la elección de las autoridades de Kiev tiene un precio. Tras el anuncio de la no firma del Acuerdo de Asociación con la UE, el costo de los contratos de protección financiera de los créditos se disparó a las nubes por lo que ahora será más difícil endeudarse con los mercados a corto plazo.

A largo plazo, la asociación con la UE prometía un saneamiento del clima de los negocios, un marco jurídico fiable y el respeto de la propiedad privada. Hasta ahora, ningún inversionista extranjero está a salvo de los malos manejos, en especial la práctica del raiderstvo, es
decir la captación ilícita de empresas. A cualquier empresario se le pueden simplemente quitar sus locales, sus tierras o su compañía en cuanto ésta empieza a florecer. Los tribunales no aceptarán ninguna demanda.

Todavía en septiembre, Yanucovich dijo que su país avanzaba "resuelto hacia el camino de la integración europea". Pero dos meses y un encuentro con Vladimir Putin más tarde, cambió de camisa y dijo que la integración sería desastrosa estando Ucrania tan ligada a su vecino ruso (un tercio de las exportaciones van a Rusia y otro tercio a Europa).

En realidad, al presidente no le importa la orientación que tome Ucrania sino solo una cosa: su reelección en 2015. La aplicación de las reformas podría ser costosa política y socialmente. Pero desde ya su reelección parece comprometida por una situación económica calamitosa.