Ucrania, ante una crisis política además de la guerra

La dimisión del primer ministro Yatseniuk reveló la división existente dentro del equipo gobernante, lo que abre el camino a elecciones legislativas anticipadas como desea el presidente Poroshenko.
Un convoy de fuerzas ucranianas se dirige hacia la ciudad de Lysychansk, en la región de Lugansk, en el este del país
Un convoy de fuerzas ucranianas se dirige hacia la ciudad de Lysychansk, en la región de Lugansk, en el este del país (AFP)

Kiev

Las autoridades prooccidentales de Ucrania, confrontadas a una insurrección separatista prorrusa en el este, intentaban hoy resolver una inesperada crisis política provocada por la renuncia del primer ministro Arseni Yatseniuk. Esta renuncia, que debe ser aprobada por el Parlamento para ser efectiva, destapó una división dentro del equipo que dirige Ucrania, un país que atraviesa el período más dramático de su historia desde que se independizó de la Unión Soviética en 1991.

El primer ministro presentó su renuncia tras la disolución de la coalición oficialista del Parlamento, lo que abre el camino a elecciones legislativas anticipadas, algo que deseaba el presidente ucraniano Petro Poroshenko, pero que fue tachado por Yatseniuk de "un crimen" que tendrá consecuencias dramáticas para Ucrania.

Poroshenko pidió al Parlamento no aprobar la renuncia de Yatseniuk y de su gobierno y solicitó un "voto de confianza". "La disolución de la coalición no es una razón para que el gobierno renuncie (...) Espero que las emociones se calmen y que la mente fría y el sentido de responsabilidad prevalezcan y que el gobierno siga trabajando", apuntó.

La renuncia del primer ministro, sea aprobada o no, empaña la imagen de las autoridades ucranianas que deben hacer frente a una insurrección armada en el este del país, a una situación económica desastrosa y a las consecuencias del derribo de un avión de línea malasio en la zona rebelde.

El partido Batkivschina de Yulia Timoshenko, del que es miembro Yatseniuk, denunció hoy ante el Parlamento "la apertura de un segundo frente" dentro del país, en momentos en que las tropas ucranianas intentan frenar desde hace tres meses una insurrección separatista prorrusa. Las hostilidades han dejado cerca de mil muertos en el este del país, entre ellos 398 pasajeros de un avión de Malaysia Airlines derribado por un misil en una zona controlada por los insurgentes.

"Entre la paz y el caos, Ucrania escoge lastimosamente el caos político", señaló Batkivschina. Ganna Guerman, diputada del Partido de las Regiones (prorruso), partido del ex presidente Viktor Yanukovich, estimó hoy que la situación comenzaba a parecerse a los interminables conflictos políticos del equipo prooccidental tras la Revolución Naranja de 2004.

A la espera de un voto en el Parlamento, el gobierno nombró al viceprimer ministro encargado de las regiones Volodymyr Groismann como primer ministro interino. Mientras que las autoridades intentan resolver esta imprevista crisis política, los combates entre las tropas de Kiev y los insurgentes se intensifican, y crecen las acusaciones de implicación directa de las fuerzas rusas en el conflicto.

En el terreno, las tropas ucranianas retomaron Lyssychansk, una ciudad de 105 mil habitantes en el este del país, de manos de los rebeldes. Asimismo, los combates continuaban en Donetsk y Lugansk, dos capitales regionales, feudos de los rebeldes. Catorce personas murieron en combates en las últimas 24 horas en Donetsk, dos personas fallecieron en Lugansk, según las autoridades locales. El ejército ucraniano anunció también haber pedido a trece militares.

Cerca de cien mil personas han sido desplazadas en el país y 130 mil han huido a Rusia, según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiado (ACNUR). Por otra parte, Holanda anunció que enviará 40 gendarmes no armados al lugar donde cayó el aparato de Malaysia Airlines, con miras a "estabilizar la zona", actualmente bajo control de los insurgentes prorrusos y en donde al parecer se encontrarían aún algunos de los cuerpos de las 298 víctimas del siniestro.

Australia, que perdió a 28 ciudadanos en la catástrofe, prevé enviar un centenar de soldados.