Ucrania y Crimea, aprender a convivir en la nueva era

Lo principal ahora es evitar una guerra entre Rusia y Occidente, y para ello lo primordial es el sentido común.
Un soldado monta guardia cerca de la frontera entre Rusia y Ucrania.
Un soldado monta guardia cerca de la frontera entre Rusia y Ucrania. (Reuters)

Londres

La creencia de que la guerra fría terminó podría ser falsa, porque fueron actitudes inspiradas en ella las que empujaron a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a las fronteras de Rusia.

Al leer los análisis sobre los hechos recientes en Ucrania y Crimea, la mayoría de los comentaristas dicen que el presidente ruso Vladimir Putin está equivocado y que Occidente tiene razón, que todos los problemas han sido causados por Rusia y que Occidente está siendo razonable y constructivo, cuando la desconfianza entre Rusia y Occidente es la mayor desde que se desintegró la Unión Soviética, en 1991.

Ucrania tiene 23 años como país independiente. La mitad del país es pro Europa y habla ucraniano, una minoría significativa es pro Rusia y habla ruso. La Unión Europea y la OTAN han dado todas las señales de estar intentando seducir a Ucrania para que se una a Europa y se convierta en parte de la OTAN.

El gobierno actual fue instalado por las revueltas contra la administración previamente electa y su legalidad es incuestionable, pero este hecho no resolverá la crisis. El sentido común, la diplomacia y el pragmatismo, al igual que el reconocimiento de la historia y de lo que ya está funcionando, son esenciales para que la situación actual no lleve, inevitablemente, a una guerra entre Rusia y Occidente.

La manera de seguir adelante debería estar clara: se les debe decir a las dos facciones dentro de Ucrania que, si quieren un país unificado, tienen que aprender el arte del compromiso y a vivir juntas.

Esto supone la responsabilidad para la Unión Europea y Estados Unidos de olvidar gran parte de la retórica del pasado, la seducción y las promesas y decirle a los pro europeos de Ucrania que deben negociar y aprender a vivir juntos. También les tendrían que decir que una Ucrania unificada no debe convertirse en parte de la OTAN.

Rusia, por su parte, necesitaría tomar acciones equivalentes con la parte pro rusa de Ucrania. Aprender a vivir juntos, aprender el arte del compromiso diplomático, fijar la base para una nueva Constitución y nuevas elecciones; además de hacer a un lado la idea de que Europa o Rusia puedan darle la victoria total a una de las dos facciones.

Lo anterior es muy similar a las propuestas del ex secretario de Estado de Estados Unidos Henry Kissinger hace una semana en el Washington Post.

Desde entonces, Rusia también ha presentado un plan para la supervisión internacional de un proceso de transición en Ucrania, que parece una ampliación de las propuestas de Kissinger.

Si las propuestas se aceptaran existiría la posibilidad de paz en Ucrania y la crisis podría terminar; la opción parece consistir en sanciones y más sanciones.

Cada vez que la Unión Europea o Estados Unidos hablan del asunto me recuerdan a la Liga de Naciones en los años de 1930, impotente, inefectiva e inútil.

El peligro es que cuando las acciones inefectivas se traducen en la respuesta esperada, resulta sencillo recurrir a una respuesta militar, lo cual no es una solución al problema.

De haber una respuesta militar, lo más probable es que Ucrania sea la que pierda más, pero también otros podrían pagar un precio muy alto. Resultaría difícil evitar que esa guerra se convierta en un conflicto nuclear y hay que considerar que entre ambos, Estados Unidos y Rusia tienen dos mil armas nucleares en estado de alerta.

No tiene sentido continuar con la discusión de quién empezó con esto y por qué salió mal. Pienso que la OTAN avanzó a las fronteras de Rusia y que Vladimir Putin no revertirá lo sucedido en Crimea.

Estos hechos son los que componen la realidad actual, y todavía se puede solucionar la situación a través de la diplomacia y el análisis de lo que se requiere para construir un país unificado con lo que queda de Ucrania.

Eso es lo mejor que podemos esperar, aunque no hay señales de que los líderes occidentales estén preparados para conformarse con esa posibilidad.