Trump o el éxito de un saltimbanqui narcisista

Los potenciales votantes sucumben ante el magnate al ver como reta, cuestiona y critica a la vieja guardia elitista del Partido Republicano, a la que ven como la principal causante del ...
Donald Trump y Chris Chistie ayer en Fort Worth, Texas.
Donald Trump y Chris Chistie ayer en Fort Worth, Texas. (Mike Stone /Reuters)

París

Cómo detener un ovni político que pesa varios miles de millones de dólares, que financia su propia campaña, diciendo no importa qué, pero que, de primaria en primara, parece seducir a una buena parte del electorado? Los dirigentes republicanos estadunidenses ven concretarse su pesadilla: Donald Trump, rey de la telerealidad, de la industria inmobiliaria de lujo, de los casinos y de los clubes de golf para multimillonarios, está más que nunca al frente de la carrera por la investidura del partido para la elección presidencial de noviembre. Es inquietante.

Incluso si aún está lejos de la designación, Trump domina la campaña de las primarias en su campo. Realizó un buen escrutinio en Iowa, y luego ganó sucesivamente en Nueva Hampshire y en Carolina del Sur, con composiciones sociológicas muy diferentes. Pequeño recuento histórico: desde que las primarias existen —a comienzos del siglo XX—, ningún candidato republicano que había ganado el mismo año Nueva Hampshire y Carolina del Sur perdió la nominación.

Por si fuera poco, Trump estuvo  bien colocado para imponerse, el pasado martes, en Nevada y abordar con fuerza la primer gran prueba de las primarias que es el “súper martes”, el 1 de marzo, donde se vota en buena parte del Sur histórico.

Es la Bible Belt – “la cintura de la Biblia”–, tierra de elección de los cristianos fundamentalistas y uno de los bastiones del electorado republicano.

Ahí reside el misterio Trump. En Carolina del Sur, este neoyorquino, príncipe de las salas de juego con barmaids de piernas interminables, el que nunca ha sido visto en una iglesia y que ha defendido el aborto y va por su tercer matrimonio, ¡sedujo a casi la mitad de los evangelistas!

No se debe simplemente a su indiscutible talento de saltimbanqui, al narcisismo feliz de presentador de televisión, que llena los estudios lanzando los “I love you” a su auditorio y que promete restituir a EU su grandeza pasada. Trump gana separándose de la “élite” político-económica del país  —“el establishment”—, incluyendo la dirección republicana.

A ella hace responsable del estancamiento de los ingresos de la clase media y de un crecimiento anémico. Y denuncia el programa económico republicano: él está contra el libre mercado, por una fuerte fiscalización de Wall Street y por el mantenimiento de los grandes programas de seguridad social, ¡la bestia negra del partido!

A falta de programa, escogió como blancos dos chivos expiatorios: la inmigración y las economías emergentes, de China a México, de lo cual quiere proteger a EU restableciendo las fronteras, físicas y aduanales. Contra el terrorismo, promueve abiertamente la tortura de los sospechosos —“Eso funciona”—. Contra la organización Estado Islámico (EI), recomienda la solución B-52: destruir las ciudades en manos del EI bajo una alfombra de bombas. También quiere aumentar los gastos militares.

Esta radicalidad contestataria no ha surgido de la nada. No solamente está de moda. También es el reflejo de la violencia retórica que cultiva un Partido Republicano que, desde hace años, practica la diabolización del adversario, estigmatiza la noción misma de compromiso político, explota una religiosidad intolerante, sacraliza la denuncia del Estado federal y promete el bienestar con el fin de los impuestos y de la enseñanza del darwinismo. Al cabo de este galimatías, al final de la deriva extremista, está “Donald”, la vedete del partido de Abraham Lincoln !