Tristeza y vacío en funeral colectivo en pueblo arrasado de Colombia

Los habitantes de Salgar, en el noroeste del país sudamericano, velaron y enterraron hoy en una ceremonia colectiva a 33 de los 85 familiares y amigos fallecidos en la avalancha de la madrugada ...
Familiares de las víctimas muestran su dolor hoy durante el sepelio colectivo de 33 personas en Salgar, en el departamento de Antioquia
Familiares de las víctimas muestran su dolor hoy durante el sepelio colectivo de 33 personas en Salgar, en el departamento de Antioquia (EFE)

Salgar

Llenos de tristeza y con un gran sentimiento de vacío, habitantes del municipio de Salgar, noroeste de Colombia, velaron y enterraron hoy en una ceremonia colectiva a familiares y amigos fallecidos en la avalancha que dejó 85 muertos la madrugada del lunes.

Al oficio religioso, encabezado por el obispo de la Diócesis de Jericó, monseñor Noel Londoño, asistieron miles de personas que lloraban a familiares y amigos que perdieron la vida en lunes pasado cuando la quebrada La Liboriana arrasó el corregimiento de Las Margaritas y afectó a tres barrios del perímetro urbano de Salgar, en el departamento de Antioquia.

Entre los miles de asistentes al sepelio colectivo estuvieron el gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo; el ex presidente y senador Álvaro Uribe y el director de la Policía, general Rodolfo Palomino.

Los cuerpos de 33 personas, de los 85 recuperados hasta ahora tras el deslave provocado por el desborde de la quebrada La Liboriana, fueron depositados en nichos en el cementerio de Salgar tras una concurrida ceremonia religiosa que tuvo lugar en el parque central de esta localidad, ubicada a unos 100 km de Medellín.

Los ataúdes llegaron a Salgar desde esa ciudad, la segunda de Colombia y capital regional, donde hasta el momento han sido identificados 59 cuerpos de los 85 recuperados, según el último reporte de la Unidad Nacional de Gestión de Riesgo de Desastres (UNGRD), a cargo de las labores de rescate. La liturgia fúnebre de hoy comenzó con la colocación de los ataúdes uno a uno frente a la iglesia, en medio de un constante repicar de campanas y el llanto de los deudos.

Cientos de personas, ataviadas con sombrillas para hacer frente al fuerte sol, escucharon las palabras de varios clérigos -dirigidos por el obispo de la diócesis de Jericó, monseñor Noel Londoño-, que fueron precedidas por la lectura de un mensaje del Vaticano.

"El papa Francisco, al conocer la triste noticia de los graves daños producidos por la avalancha que ha afectado al municipio de Salgar, ofrece sufragios al señor por el eterno descanso de los fallecidos al mismo tiempo que desea expresar su cercanía espiritual a todos los damnificados", rezaba el texto.

Dolor generalizado

Desde temprano, las afueras de la iglesia se fueron llenando de lugareños y familiares de los muertos, que entraban a rezar o guardaban un lugar para asistir a la misa. "Siento un vacío muy grande porque me duele lo que pasó en Salgar porque es mi pueblo, mi tierra natal, y todos estamos muy condolidos con la tragedia", dijo a la AFP María Vélez, una de las asistentes a los actos fúnebres.

Mientras que Jesús Restrepo, otro inconsolable habitante de Salgar, aseguró: "Todo mundo lo sentimos, (murió) mucha gente conocida. No es que es aterrador, es que es algo que yo nunca había llegado a ver."

El ex presidente colombiano y actual senador, Álvaro Uribe, acudió también a acompañar a los damnificados y a los familiares de los fallecidos. La madre de Uribe, Laura Vélez, fue concejal de ese municipio, razón por la cual él pasó parte de su infancia en esa localidad, donde estudió la primaria en una escuela rural.

Vine a hacer "compañía a esta comunidad por la que siento tanto afecto", dijo a la AFP Uribe, que se crió en una finca en el municipio de Salgar. La riada de hace tres días sorprendió a todos los lugareños durmiendo, arrastrando familias y hogares entre agua, barro y palos.

Las escenas de dolor, los desmayos y lamentos frente a los 33 féretros alineados en dos filas uno al lado de otro fueron el común denominador de quienes despidieron a los muertos de la tragedia que esta semana enlutó a Colombia entera. Fueron necesarios más de una docena de sacerdotes para atender a los dolientes que fueron acompañados por el tañido de las campanas de la iglesia del pueblo.

En medio de la tragedia, monseñor Londoño señaló como símbolo de vida a un niño de escasos once meses que sobrevivió al desastre y que fue encontrado rodeado de barro, palos y piedras a cinco kilómetros de la que fue casa.

Al terminar el oficio religioso los féretros fueron llevados al cementerio de Salgar, en donde el sepulturero del pueblo, John Edison Londoño, no solo tuvo que enterrar a vecinos y amigos sino también a siete de sus familiares.

La incertidumbre, y sobre todo el temor a una nueva avalancha, es lo que más angustia a los habitantes de este municipio de poco más de 17 mil pobladores. "A diario que empieza a caer una gota de agua tenemos que pararnos en las puertas y alistar nuestros hijos con mantas o algo para poder correr", dijo Luis Cuartas.

Más de 330 familias damnificadas han sido atendidas por los organismos de rescate. Desde Bogotá, el presidente Juan Manuel Santos informó que sigue habiendo una decena de desaparecidos, pero confió en el éxito del operativo desplegado para apoyar a la comunidad.

Además, durante un recibimiento en el palacio presidencial esta noche al primer ministro chino, Li Keqiang, el mandatario colombiano agradeció toda la solidaridad internacional y los ofrecimientos de ayuda que ha recibido el país tras la tragedia de Salgar.

En cuanto a las labores de rescate, una lancha continuó durante el día surcando las aguas del cercano río Cauca en busca de cadáveres, luego de que tres fueran recuperados de esa forma el miércoles.

El Departamento Administrativo de Prevención de Desastres (Dapard) de Antioquia informó que la tragedia deja hasta el momento 84 muertos, 57 heridos, un sinnúmero de desaparecidos y centenares de damnificados.

Mientras tanto los organismos de socorro siguen trabajando en la búsqueda de desaparecidos, actividad que proyectan mantener hasta el domingo, ya que la posibilidad de encontrarlos es muy remota por el tiempo que ha transcurrido desde el día de la tragedia.