Tensiones en Mariupol pese a calma en el este de Ucrania

Muchos ucranianos creen que los rebeldes intentan conquistar Mariupol, la última gran ciudad del este del país en manos del ejército ucraniano, para crear un puente terrestre con Crimea.
Una niña coloca varias flores sobre las fotos de dos personas muertas en una explosión en la ciudad ucraniana de Karkiv
Una niña coloca varias flores sobre las fotos de dos personas muertas en una explosión en la ciudad ucraniana de Karkiv (AFP)

Kiev

Pese a la relativa calma en el este de Ucrania, el temor a un recrudecimiento de la situación aumentaba por los enfrentamientos cerca del puerto estratégico de Mariupol y el retraso en la desmilitarización de la linea del frente anunciado por Kiev.

Varios países occidentales, entre ellos Alemania, y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) se mostraron preocupados por la ausencia de un alto del fuego completo en el este de Ucrania.

"Es preocupante (...) pues este alto del fuego es una condición para que se pueda iniciar la retirada de las armas pesadas", declaró el portavoz del gobierno alemán, Steffen Seibert.

El ministro británico de Relaciones Exteriores, Philip Hammond, cuestionó el compromiso ruso en los acuerdos de Minsk 2. "Teniendo en cuenta lo que ha ocurrido en los últimos 10-12 días, debo decir que el compromiso ruso en el proceso de paz de Minsk es muy cínico", afirmó.

El ejército ucraniano indicó que los separatistas intentaron, hacia la medianoche, asaltar las posiciones ucranianas en el pueblo de Shirokin, a unos 15 kilómetros de Mariupol, situada en el sur del frente a orillas del mar de Azov.

"Los combates duraron media hora", precisó un portavoz militar, Anatoli Stelmaj. "El adversario junta sus fuerzas" en esa zona, añadió sin aportar más precisiones. Según Kiev, en los últimos días, 20 tanques y piezas de artillería rusa, así como unos 50 camiones militares con municiones cruzaron la frontera rusoucraniana rumbo a Novoazovsk, base rebelde situada a unos 30 kilómetros de Mariupol.

Kiev y los occidentales acusan a Rusia de apoyar a los separatistas con armas y tropas, mientras Moscú sigue negando cualquier implicación en un conflicto que causó más de 5,700 muertos en diez meses. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, prometió que hoy se iniciarían conversaciones con vistas a nuevas sanciones europeas contra Rusia.

Muchos ucranianos temen que, tras la toma de Debaltsevo, los rebeldes intenten ahora conquistar Mariupol, última gran ciudad del este ucraniano que sigue en manos del ejército ucraniano.

Los separatistas llevan meses intentando apoderarse de esta localidad para crear un puente terrestre con la península de Crimea, que en marzo pasó de soberanía ucraniana a rusa. Las comunicaciones entre Crimea y Ucrania se limitan ahora a la vía marítima y sufren con las condiciones invernales.

El presidente de Ucrania, Petró Poroshenko, prometió hoy el retorno de la península de Crimea, anexionada por Rusia en marzo de 2014 tras un referéndum condenado por la comunidad internacional.

"El Estado ucraniano restablecerá el control sobre el territorio provisionalmente ocupado. Pero no voy a decir hoy que esto ocurrirá fácil y rápidamente", dijo Poroshenko, según informa la Presidencia ucraniana en su página web.

El jefe de la diplomacia alemana, Frank-Walter Steinmeier, alertó el domingo de que un avance de los separatistas sobre Mariupol supondría una "clara violación de los acuerdos" de paz de Minsk, en una entrevista para el diario alemán Bild.

Los acuerdos firmados el 12 de febrero en la capital bielorrusa preveían, entre otras cosas, la entrada en vigor de un alto el fuego a partir del 15 de febrero, y la retirada de las armas pesadas del frente, tan solo 48 horas después.

Retrasada la retirada de armas

Además de Mariupol, los disparos rebeldes alcanzaron dos pueblos cerca del bastión separatista de Donetsk, según Stelmaj, que comprobó, no obstante, "una reducción considerable del número de disparos" en el conjunto del frente.

Las autoridades proucranianas presentes en Lugansk, el otro bastión prorruso, también indicaron que hubo tiros esta mañana en varias ciudades de la zona. Estos incidentes retrasan, según Kiev, la retirada de armas pesadas, que ambos bandos anunciaron el domingo.

"Puesto que siguen los disparos sobre las posiciones ucranianas, aún no se puede hablar de la retirada de las armas", declaró Vladislav Seleznev, portavoz del Estado Mayor del ejército de Kiev. Según los acuerdos de Minsk, los contendientes deben retirar "todas las armas pesadas" con el fin de establecer una zona desmilitarizada de entre 50 y 140 kilómetros de extensión, en función del tipo de armas.

Un responsable separatista aseguró a medios rusos que el alto el fuego estaba siendo "prácticamente respetado" y que los rebeldes habían empezado a retirar sus armas. Unas palabras que ninguna fuente independiente pudo corroborar hasta el momento.

Papa acepta invitación

El papa Francisco ha aceptado una invitación para visitar Ucrania, país de mayoría ortodoxa donde la Iglesia Greco-Católica de rito oriental cuenta con más de 6 millones de fieles. "Acabamos de regresar del Vaticano, donde nos reunimos con el papa Francisco (...). Nos dijo que viene a Ucrania", aseguró hoy Yuri Tandit, negociador ucraniano para la liberación de rehenes y prisioneros de guerra, a la televisión local.

Tandit aseguró que la invitación fue enviada por el presidente ucraniano, Petró Poroshenko. "Por eso, quiero felicitar a todos los ucranianos, ya que lo más probable es que el papa Francisco, que reza por la paz en nuestro país, venga con nosotros", agregó.

Francisco abordó el fin de semana la situación en Ucrania al recibir en el Vaticano a la canciller alemana, Angela Merkel, uno de los líderes participantes en la reciente cumbre de Minsk en la que se firmaron los acuerdos de paz, que incluyen un alto el fuego. Ambos abogaron por encontrar "una solución pacífica" al conflicto, donde han muerto unas seis mil personas, entre civiles y combatientes.

En caso de que se consume el viaje apostólico a Ucrania, Francisco será el segundo pontífice en hacerlo, ya que Juan Pablo II visitó en 2001 Kiev y Lvov, en el oeste del país, limítrofe con Polonia, donde se concentran la mayoría de católicos.

Juan Pablo II fue el gran impulsor del resurgimiento de la Iglesia Greco-Católica de rito oriental o Uniata tras la caída de la Unión Soviética, aunque no pudo cumplir en vida su anhelo de fundar un Patriarcado católico en Ucrania, ante la oposición de Rusia.

Los ortodoxos rusos consideran que los uniatas son, en realidad, católicos disfrazados con rituales orientales, cuyo objetivo es convertir a los ortodoxos ucranianos al catolicismo. Los uniatas, supeditados a Roma desde su fundación en un Sínodo celebrado en Brest en 1595, se negaron a colaborar con las autoridades soviéticas, lo que les costó la represión.

En 1945 todos los obispos uniatas fueron arrestados y sentenciados a trabajos forzados y sus bienes fueron entregados a la Iglesia Ortodoxa. Los católicos ucranianos sólo salieron de las catacumbas en diciembre de 1989, cuando el último dirigente soviético, Mijaíl Gorbachov, aprobó una ley para la restitución de sus propiedades.