"Tea Party": “De extremistas, anarquistas y pirómanos”

No son más de 40 en la Cámara baja, pero son el grupo duro de los republicanos y ya imponen su agenda.
John Boehner debe lidiar con los legisladores "ultras" de zonas rurales.
John Boehner debe lidiar con los legisladores "ultras" de zonas rurales. (Michael Raynolds/EFE)

Washington

Pirómanos, extremistas, suicidas y anarquistas: los legisladores del Tea Party son acusados cada día de sabotear al sistema político estadunidense, pero su intransigencia es la clave de su éxito, en una geografía electoral cada vez más polarizada.

La retórica se inflamó en los pasillos del Congreso estadunidense desde que se desencadenó el martes pasado el primer cierre parcial de la administración federal en 17 años. Para el jefe de los demócratas en el Senado, Harry Reid, aliado del presidente Barack Obama, “estamos en relación con anarquistas: odian al Estado”.

¿Cuántos son ellos, en el seno del grupo republicano de la Cámara de representantes? Entre 30 y 40, sobre 232, son considerados como miembros del “grupo duro” del Tea Party: radicales entre los radicales, anti-Estado, anti-impuestos y ultraconservadores en temas sociales, religiosos y sobre armas.

Muchos de ellos son novatos en política, elegidos en las legislativas de noviembre de 2010, año de la adopción de la reforma del sistema de salud prometido por Obama, y percibido como la primera piedra de un socialismo a la europea en Estados Unidos.

Tim Huelskamp, de 44 años, es el ejemplo perfecto de esta nueva promoción. Este agricultor de profesión, titulado con un doctorado en ciencias políticas, representa a la primera gran circunscripción de Kansas, en el corazón conservador del país. Fue elegido en 2010 con 73 por ciento de los votos. En 2012, el partido demócrata no pudo encontrar un candidato para enfrentarlo y fue reelegido con 100 por ciento de los sufragios.

Desde hace meses, milita por vincular el financiamiento del Estado federal al fracaso de la ley de reforma de la salud, una línea dura adoptada por el partido republicano bajo su presión y de sus camaradas, hasta provocar la parálisis de presupuesto.

Pero pese a una opinión pública que juzga muy duramente a los republicanos por el bloqueo, los legisladores como Huelskamp están protegidos de una eventual sanción electoral.

“Los congresistas buscan ante todo la reelección”, explicó Sarah Binder, investigadora en ciencias políticas en la Universidad George Washington.

Más que el desarrollo electoral, el factor principal de la emergencia de candidatos muy radicalizados es, según Binder, la polarización creciente de la geografía electoral: los republicanos en las zonas rurales, los demócratas sobre las costas y en las ciudades.

Cada vez más, la elección crucial es la primaria, transformada en un concurso de pureza ideológica.

A esto se añade la influencia de organizaciones nacionales ultra-conservadoras, como el Club for Growth, que califica a los legisladores sobre una escala de conservadurismo (Hueslkamp tiene 100 por ciento), e invierten millones en campañas publicitarias contra los republicanos moderados.

Para Susan MacManus, profesora en la Universidad de Florida del Sur, la constante presión del ciclo mediático y de las cadenas politizadas (Fox News a la derecha, MSNBC a la izquierda) exacerba aún más la polarización.

“Las personas como (los senadores) Ted Cruz y Rand Paul explotan esta moda de la combatividad que vemos entre las celebridades de la televisión y en los reality shows, donde la gentileza no produce verdaderamente puntos a favor”, comentó MacManus.

En 1995 y 1996, la mayoría republicana y el presidente demócrata Bill Clinton también se enfrentaron por el presupuesto y llegaron al bloqueo, pero según el historiador Steven Gillon, de la Universidad de Oklahoma, el jefe republicano de entonces, Newt Gingrich, contaba con cierta influencia sobre sus miembros.

Una estatura política que hoy le falta a John Boehner, presidente de la Cámara, para conducir a su grupo.

“Considero que soy un verdadero conservador, pero veo que lo que pasa aquí con los republicanos con las tendencias como las de Ted Cruz es una locura”, dijo Peter King, legislador por Nueva York. “Los dejamos que secuestraran a nuestro partido”, se lamentó.