El SwissLeaks y cómo se investigó el nuevo escándalo

Una eficaz coordinación entre medios, la justicia francesa y periodistas de todo el mundo permitió desentrañar un sistema masivo de fraude fiscal entre HSBC y clientes.
El rey de Jordania, Abdalá II (derecha), también aparece implicado.
El rey de Jordania, Abdalá II (derecha), también aparece implicado. (Jamal Nasrallh/EFE)

París

No es la primera vez que existe una colaboración entre diversos medios respecto de una base de datos. OffshoreLeaks, los documentos sobre la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) del ex espía estadunidense Edward Snowden o incluso WikiLeaks son algunos de los ejemplos donde la colaboración hizo posible una mejor cobertura. Un informe publicado por el Reuters Institute for the Study of Journalism, titulado Global database investigations, nos hizo pensar en las razones de esos éxitos, que quisimos reproducir lo mejor posible en el marco de lo que llamamos el SwissLeaks.

El 8 de febrero de 2014, el vespertino Le Monde, asociado a medio centenar de medios para esta operación, comenzó a destapar un amplio sistema de fraude fiscal alentado por un banco suizo. Gracias a los datos obtenidos del fisco francés y reconstruidos a partir de los datos de la filial suiza del banco HSBC, más de 150 periodistas pudimos comprender cómo funciona la evasión fiscal y cómo es alimentada.

Le Monde fue el primer medio en tener acceso a esas informaciones. Ante la dimensión de la tarea, se decidió compartirla con el ICIJ —un pool estadunidense de periodistas de investigación con el cual ya habíamos trabajado para OffshoreLeaks y LuxLeaks—, que coordinó el trabajo de periodistas de todo el mundo y el acceso a los datos.

Los datos recuperados por Hervé Falciani [el ingeniero de sistemas ítalo-francés que desde 2009 apoya a la justicia internacional con información de supuestas cuentas de más de 130 mil evasores, N. de la T.] le fueron remitidos por el fisco francés para facilitar su trabajo, y el de otras administraciones fiscales. De entrada, se logró vincular al propietario de (casi) cada una de las sociedades offshore de la base de datos, yendo más allá de los prestanombres. Luego se elaboró un registro Excel para las personas —físicas y morales— conteniendo todos los datos: informaciones personales, cuentas, vínculos entre las diferentes personas de la base, así como los registros de las visitas de los clientes conservado en el sistema de gestión de la clientela del banco.

El primer trabajo ante los datos fue intentar estructurarlos al máximo, para hacerlos fácilmente ubicables. Un primer trabajo de roturación fue hecho por Le Monde para comprender cómo fueron compilados los datos por los servicios fiscales franceses.

A continuación, unimos todos los registros en un solo cuadro e identificamos las informaciones más importantes. Por ejemplo, unimos en un solo lugar los scripts [archivo de órdenes, N. de la T.] de los intercambios entre clientes y banqueros, algo muy valioso para darle vida a nuestros papeles y hallar pruebas del consentimiento del fraude por parte de los consejeros.

Gracias a los cruces con diversas bases de datos —como los nombres propios presentes en Wikipedia o los linked opend data [datos enlazados] del New York Times (así como las listas de nombres –personas buscadas por Interpol, lista de parlamentarios...)— pudimos identificar rápidamente los nombres de personas conocidas o susceptibles de serlo.

El trabajo se pudo realizar gracias a Open Refine, pero también se podría haber hecho con DFuzzy Lookup, una extensión de Microsoft Excel, que pudo ser utilizado más tarde por el equipo "data" de la ICIJ [International Consortium of Investigative Journalists, www.icij.org/].

Las primeras semanas nos hicieron ver que el trabajo emprendido sobrepasaba la capacidad de Le Monde. Una reunión con el ICIJ permitió compartir los datos y preparar el trabajo que acometería su personal: construir una base de datos fácilmente ubicable para todos los periodistas sobre una plataforma segura, así como una versión infográfica, que permite ver las relaciones de un cliente con apenas un clic, gracias a la herramienta Linkurious.

Esta plataforma fue acompañada por un foro —igualmente asegurado— para los intercambios entre los diferentes periodistas.

Mientras tanto, el ICIJ recibió una subvención de la Knight Foundation en apoyo de la investigación para desarrollar una plataforma estandarizada llamada I-Hub.

El ICIJ se propuso a su vez basarse en el trabajo del fisco francés para identificar a los países de origen o de residencia de los clientes del banco. Dirección, identificadores telefónicos, pasaportes... así como muchos otros elementos para alimentar al máximo las listas país por país y no dejar ningún nombre de lado.

A continuación, las listas fueron compartidas con los periodistas asociados y permitieron obtener datos adicionales sobre el nombre de clientes —y la cifra total de sus haberes— por país.

Asimismo, en Le Monde tuvimos acceso al conjunto de los datos en su formato original, lo que nos permitió hacer búsquedas transversales de manera más fácil en los datos: hallar el conjunto de las menciones de "divorcio" o de la tasa "ESD" [tasa de impuestos] en los scripts, y vincular rápidamente una sociedad offshore a su beneficiario final.

Pero fue en primer lugar la colaboración entre diferentes tipos de oficios del periodismo lo que permitió el avance de la investigación. Especialistas de la banca, expertos en realizar investigaciones, en apoyo de los datos: cada periodista aportó sus competencias para permitir que la investigación llegara hasta el fondo.