Alcance de la radiactividad

Svetlana Alexiévich (Ucrania 1948), Premio Nobel de Literatura 2015, ha hecho una recopilación de testimonios de las víctimas del desastre nuclear, en su libro "Voces de Chernóbil".

Chernóbil

El hombre ha inventado una técnica para la que aún no está preparado. No está a su nivel. ¿Es posible darle una pistola a un niño? Nosotros somos unos niños locos..." testifica Vasili Borísovich Nesterenko, ex director del Instituto de Energía Nuclear de la Academia de Ciencias de Bielorrusia.

Svetlana Alexiévich (Ucrania 1948), Premio Nobel de Literatura 2015, ha hecho una recopilación de testimonios de las víctimas del desastre nuclear, en su libro Voces de Chernóbil, un "monumento al sufrimiento".

El 26 de abril de 1986, hace 30 años, una serie de explosiones destruyeron al reactor nuclear de la Central Eléctrica Atómica (CEA) de Chernóbil. No solo se devastó la planta, sino la ciudad de Prípiat. El asentamiento era habitado casi exclusivamente por los trabajadores de la planta y sus familias, quienes fueron desalojados en su mayoría. El resultado fue una ciudad fantasma y una zona de exclusión equivalente a un radio de 50 kilómetros.

Más de 2 millones de personas han sido afectadas, de las que 700 mil son niños. Se han eliminado del uso agrícola 264 mil hectáreas. En el campo fue necesario abandonar la aldea, la casa familiar, el huerto amado. El gobierno ordenó sacrificar a los animales. Trasladarse como apestados a otro sitio, acabar con un mundo... ¿Y después? La secuela de enfermedades: cáncer, hemorragias, mutilaciones, deformaciones, pérdidas, dolor, muerte. El poder del Estado Soviético era indiscutible, frente a la importancia de la vida humana.

Fukushima en Japón, después del tsunami del 11 de marzo de 2011, ha sido el peor accidente nuclear desde Chernóbil. Cerca de 100 mil personas no han vuelto a sus hogares. El gobierno de entonces decidió cerrar todas las centrales nucleares, pero últimamente han reactivado algunas, argumentando que son esenciales para el suministro energético del país.

Si les preguntaran a las víctimas de estas devastadoras circunstancias, quizá responderían que hubieran preferido llevar una vida más sencilla, con menos electricidad, en lugar de haber visto a niños en hospitales sin pelo, sin cejas ni pestañas, niños sin sonrisas, porque sabían que iban a morir.

lolitagonz17@yahoo.com.mx