Sudáfrica llora a Mandela

Decenas de personas se reunieron a las afueras de la casa del ex presidente en Soweto para despedirlo con velas, banderas y con algunos himnos de la lucha contra el apartheid.
 Sudafricanos cantan frente a la casa del ex presidente Nelson Mandela después de que se diera a conocer la noticia de su muerte
Sudafricanos cantan frente a la casa del ex presidente Nelson Mandela después de que se diera a conocer la noticia de su muerte (Reuters)

Johannesburgo

Las salas de música y las fiestas de final de año de las oficinas quedaron en silencio el jueves en toda Sudáfrica, cuando el presidente Jacob Zuma dio la noticia que nadie quería escuchar: el amado héroe de la lucha contra la segregación racial Nelson Mandela había muerto.

Desde clubes nocturnos en el creciente municipio de Soweto, hasta el corazón del distrito financiero Sandton de Johannesburgo, los pinchadiscos presionaron el botón de pausa mientras los asistentes a la fiesta estaban de pie en silencio escuchando el discurso de Zuma transmitido a todo el país.

Para la mayoría, la muerte del primer presidente negro de Sudáfrica fue un momento inolvidable en la historia.

"En cuanto vimos a Zuma en la televisión, la música se detuvo y todos se apresuraron al televisor, a escuchar qué estaba sucediendo", dijo Lesego Tsimo, de 19 años, quien egresó del colegio y estaba afuera de un club nocturno en Soweto.

"La gente se puso sentimental, algunos lloraron y todos comenzaron a hablar sobre Mandela", agregó. "Yo me siento muy triste. Me siento abrumado por las emociones. El ha hecho tanto por nosotros", sostuvo.

Los extranjeros también rindieron tributo al líder de 95 años por sacar a la economía más grande y sofisticada del continente de décadas de aislamiento debido a la segregación racial.

"Puedo hablar junto a ti ahora debido a Nelson Mandela. Si no fuera por él, yo no podría estar parado aquí en Sudáfrica hablando ahora contigo", dijo el empresario congolés Papi Josias, de 31 años, quien ha vivido en Sudáfrica durante 8 años.

"El unió a muchos países. Yo vine a Sudáfrica debido a que Mandela logró la paz", agregó.

Afuera de la casa de Mandela en el lujoso vecindario de Houghton, cientos de personas, muchas de ellas jóvenes mujeres que caminaban por la calle en tacones altos luego de fiestas tras el horario de trabajo, se reunieron para rendir sus respetos a un hombre venerado en todo el mundo como un símbolo de paz y reconciliación.

"Esta tarde, pero este es un día histórico y quiero que mis hijos recuerden quién era Mandela", dijo el empresario Philip Sikhumbuzo, de 35 años, mientras sostenía las manos de sus dos pequeños hijos, aún vestidos con sus pijamas.

Cerca de la casa de Mandela en la Calle Vilakazi en Soweto, el epicentro de décadas de lucha contra el apartheid, la gente salió a las calles envuelta en banderas de la "Nación Arcoiris", término acuñado por el arzobispo Desmond Tutu para describir a la Sudáfrica posterior al fin de la segregación racial, y del Congreso Nacional Africano.

Algunos cantaban himnos de la lucha contra el apartheid. Otros estaban de pie observando en silencio.

"Tengo sentimientos encontrados. Estoy feliz de que esté descansando, pero también estoy triste por verlo partir", dijo Molebogeng Ntheledi, una ama de casa de 45 años.

Aunque se espera que la muerte de Mandela sea un hecho principalmente simbólico, algunos apuntaron a cambios políticos después de la muerte de un líder que fue criticado por algunos negros por ceder demasiado espacio a los blancos en la transición a la democracia multipartidista de 1994.

"Va a haber un cambio ahora que Mandela se ha ido. No sé si bueno o malo, pero habrá un cambio -al igual que cuando él salió de prisión y hubo un cambio", dijo Elias Nkosi, un residente de Soweto de 48 años.

A más de mil 500 kilómetros de distancia en Ciudad del Cabo, funcionarios del tránsito comenzaron a adoptar posiciones afuera del ayuntamiento, donde Mandela pronunció su primer discurso ante una multitud después de su liberación en 1990, luego de 27 años de prisión.

Sindisa Makana, un vendedor de gasolina de 21 años en un garaje que atiende las 24 horas, resumió los sentimientos de Sudáfrica y el mundo después de oír la noticia en la radio: "La leyenda se ha ido".