Sobrino de Juan XXIII destaca semejanzas de su tío con Francisco

“Es el más cercano al "Papa bueno", por su amor a la verdad, a la caridad y a la pobreza en el sentido franciscano”, afirma el historiador Marco Roncalli
“Ambos hablan de una Iglesia que es de todos y en la que nadie está excluido”, afirma el biógrafo.
“Ambos hablan de una Iglesia que es de todos y en la que nadie está excluido”, afirma el biógrafo. (Filippo Monteforte/AFP)

Roma

Marco Roncalli, experto en historia de la Iglesia y sobrino-nieto de Juan XXIII, es uno de los que más conocen sobre la vida del conocido como el Papa bueno, que el 27 de abril será proclamado santo y que, asegura el historiador, se asemeja a Francisco.

“Es el Papa más cercano al Papa bueno por su amor a la verdad, a la caridad y a la pobreza en el sentido franciscano” y a lo que Roncalli llamó “la medicina de la misericordia”, explica el historiador y escritor en entrevista.

Para Roncalli, “ambos hablan de una Iglesia que es de todos y en la que nadie está excluido, sobre todo los pobres”.

Canonización acelerada

Este familiar y principal biógrafo del pontífice, cuyo nombre era Angelo Roncalli,  acaba de publicar el libro Papa Giovanni. Il Santo, en el que ante todo se agradece a Francisco su aceleración del proceso de canonización.

“Se necesitaba un papa Francisco para ello, y no es una casualidad”, explicó Roncalli, ya que Jorge Mario Bergoglio decidió en julio de 2013 que se elevaría a los altares a Juan XXIII sin necesidad de un milagro.

No obstante, el principal biógrafo de Juan XXIII, cuyo pontificado comenzó en 1958 hasta su fallecimiento por un tumor en 1963, rechaza hablar de “caminos preferenciales” o “empujones” a la causa de canonización.

En su libro se explica que “el cardenal Angelo Amato, quien es prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos, ya habló de que no se trataba de una exención del milagro”.

Se trataba del deseo de Francisco de reducir el tiempo para dar a toda la Iglesia la oportunidad de celebrar al mismo tiempo la canonización de Juan XXIII, iniciador del Concilio Vaticano II y la de Juan Pablo II, “el ejecutor de los documentos pastorales, espirituales y doctrinales de ese concilio”, detalló.

Para Roncalli, la ceremonia del 27 de abril en el Vaticano, representará la “voluntad” de Francisco de “reafirmar el Concilio Vaticano II, de relanzarlo y alejarlo de ciertas dialécticas que lo habían confinado o congelado un poco y de volver a insuflar el aire de la primavera conciliar”.

Santidad cotidiana

Marco Roncalli analiza en su libro la santidad de Juan XXIII y considera que “fue algo que él persiguió durante toda su vida. Desde la infancia hasta la muerte. Y que casi se fundió en una sola dimensión entre lo privado y lo público.

“Pero no era un santo, por así decirlo, solo para sí mismo, sino para los demás”, puntualizó.

“Hablando con su ex secretario y ahora cardenal, Loris Capovilla, sobre la noticia de la canonización, me dijo que para él no era otra cosa que la confirmación de lo que vio en todos esos años: una santidad en la cotidiana normalidad”, agregó.

Para Marco Roncalli es importante leer sus apuntes y escritos, donde se aprecia que, ya desde pequeño, tenía el constante pensamiento de ser un santo, “como cuando escribía: ‘Todo el mundo me llama Santo Padre, pues sí, tengo y quiero serlo verdaderamente, anotaba Juan XXIII.

“Nunca la Iglesia católica ha dado un testimonio tan alto y tan puro. Ha tenido otros grandes santos como él, pero ninguno que encarnase tanta santidad”, opinó el autor de varias biografías de Angelo Roncalli.

El sobrino de Juan XXIII cuenta su versión de por qué se le llamó el Papa bueno y es que, asegura, “fue un hombre que nunca impuso nada a nadie y que respetó a todos con los que conversó”. No obstante, “obviamente la bondad en él no era ingenuidad”, matizó.

Para Marco Roncalli, uno de los expertos que el Vaticano ha elegido para unas conferencias previas a la doble canonización, pone la atención sobre el que fue también el Papa de la paz y la diplomacia, como se muestra en su encíclica Pacem in Terris, que escribió en los días de la terrible crisis de Cuba y de la distensión entre los dos bloques.

“Los documentos que van saliendo poco a poco no hacen sino confirmar el papel de gran importancia que tuvo, por ejemplo, en la apertura a los países de la Europa del Este”, subrayó Roncalli.

Él y toda su familia se sienten estos días entre la “felicidad y la responsabilidad” y acudirán al Vaticano para participar “con sobriedad y sencillez” en la ceremonia de canonización.

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Católicos desalojados de Israel piden ayuda

Las comunidades católicas de Iqrity Kfur Birim, dos aldeas de Galilea desalojadas por las tropas israelíes en 1948, pidieron por carta a Francisco que interceda ante las autoridades de Israel durante su visita a Tierra Santa en mayo, para que puedan retornar a su hogar.

“Existen resoluciones de tribunales israelíes favorables, incluso recomendaciones del gobierno que dicen que la evacuación es injustificada. Ahora queremos que la visita del Papa pueda dar un empujón definitivo para que se haga justicia”, explicó Nemi Ashkar, presidente de la comunidad de Iqrit.

Iqrit y Kfur Birim fueron ocupadas por las tropas israelíes en 1948, seis meses después de que David Ben Gurion declarase la independencia de Israel y estallara la primera guerra entre palestinos e israelíes.

Las tropas entraron pacíficamente en ambas aldeas y ordenaron a la población evacuarlas, con la promesa de que podrían regresar dos semanas después, un compromiso que nunca cumplieron.

En 1951, el Tribunal Supremo israelí dio la razón a las dos comunidades, pero la sentencia no se aplicó.

“Hemos llevado la cruz del exilio junto a millones de refugiados palestinos, incluidos los 400 mil desplazados internos. Se nos ha prohibido recolectar de los árboles que plantaron nuestros abuelos, pero nos mantenemos firmes”, explicaron en la misiva a Francisco.

EFE/Iqrit, Israel

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