Snowden: traidor y héroe

Semáforo.
Semáforo Snowden
(AFP)

Ciudad de México

No existe el acto moral en el vacío. La ética de pizarrón es un ejercicio, no una ética. Cuando Snowden decide traicionar a sus jefes y su contrato, por mejor servir a un valor superior (la libertad, la privacidad, etcétera), también queda colocado como recurso de otros enemigos: Putin, quizá al-Qaeda.

Hay un video notable en YouTube: Edward Snowden: Here’s how we take back the Internet (y una versión editada, con subtítulos en español: Edward Snowden en TED 2014: Recuperemos Internet (Español). Y resulta interesantísimo porque reproduce el dilema de Antígona: hay una ley superior a la ley de la ciudad. Y, aunque esta ley superior no haya sido publicada, debe observarse antes y por encima de las leyes de la ciudad y del gobernante.

Edward Snowden es un joven inteligente; se ganaba la vida como experto empleado, asesor y consultor en sistemas computacionales de seguridad para la CIA y la NSA; es decir, dos de las más importantes agencias con que el gobierno estadunidense apuntala sus actividades de seguridad nacional. Pero a partir de junio de 2013, Snowden filtró a la opinión pública una gran cantidad de documentos de alta secrecía del gobierno de su país. Entre sus primeras divulgaciones exhibió los criminales manejos de programas como PRISM y XKeyscore. Pudo ver que los programas de seguridad de su gobierno llevaban enroscada una serpiente: eran sistemas de un espionaje que violaba la privacidad de los ciudadanos y que si bien buscaban proteger los secretos de los capitales estadunidenses, a la vez violaba la seguridad de otros países. Esto, además de estrategias de guerra llevadas acabo de modo injusto: “Hacer la guerra contra quienes no son nuestros enemigos, y en lugares que no nos amenazan, no nos hace más seguros”.

Ningún acto produce solamente un efecto; cada acto tiene consecuencias, muchas más de las que la persona puede advertir: un acto de integridad moral personal puede servir a fuerzas indeseables. Es más: sucede así cuando se trata de la contrariedad entre unas ideas superiores (de esas que muchos llaman “valores”) y unas ideas operativas (reglamentos, contratos, etcétera). La ley específica (textual, positiva) contra la Ley Universal (abstracta, axiológica) y, en medio, un sujeto que debe elegir. Pero servir a la Ley Universal implica con frecuencia la traición al reglamento positivo. Y es rarísimo hallar una persona dispuesta a jugarse todo y aceptar destierro, persecución, descrédito y la muerte por la afirmación de valores superiores. Snowden es de la estirpe de Antígona.

Quiero llamar la atención sobre dos asuntos en el video. Primero (ya que está usted en YouTube, busque “experimento Milgram”): las personas que actúan bajo una autoridad que da órdenes son capaces de llevar a cabo actos que, de modo independiente y reflexivo, ellos mismos considerarían inaceptables. Segundo, que el mismo conductor de la charla, cuando se da cuenta del dilema moral (cuya elucidación no solo es ardua sino prácticamente imposible), decide convocar a una votación. ¿Quiénes creen que es un traidor? Se levantan unas cuantas manos. ¿Quiénes creen que es un héroe? Se alzan otras. La mayoría de opiniones no es, ni puede, ni debería ser un recurso para un problema moral. Y Snowden es las dos.