Reportaje: Símbolo de los excesos, Valencia ilustra el deseo de cambio en España

La región mediterránea es un símbolo de los actuales males de España, con sus escándalos de corrupción, a lo que quieren poner fin sus ciudadanos en los comicios del próximo domingo.
Fernando Giner (c), candidato de Ciudadanos a la alcaldía de Valencia, habla con simpatizantes en un parque de la ciudad
Fernando Giner (c), candidato de Ciudadanos a la alcaldía de Valencia, habla con simpatizantes en un parque de la ciudad (AFP)

Valencia

Faraónicas obras públicas, multimillonarios sobrecostes, récord de escándalos de corrupción: la región de Valencia, en el este de España, aparece como un concentrado de los males del país y de una población determinada a romper con todo en las próximas elecciones.

"La palabra que define al español ahora es hartazgo, estamos hartos y lo que queremos es cambio", lanza Pedro Morales, un informático de 59 años, que viene a informarse a la carpa instalada por el partido Ciudadanos en un céntrico parque de Valencia antes de los comicios municipales y regionales del 24 de mayo.

Según los sondeos, esta joven formación de centroderecha será la principal beneficiada por la estrepitosa caída augurada al conservador Partido Popular, del presidente del gobierno Mariano Rajoy, que dirige la región desde 1995 y la ciudad desde 1991.

Los resultados en Valencia, uno de los grandes bastiones conservadores junto a Madrid, "desde el punto de vista de la opinión pública y de la fortaleza-debilidad del partido serán claves de cara a las elecciones legislativas" de finales de año, explica a la AFP José Pablo Ferrándiz, investigador principal del instituto de sondeos Metroscopia.

"Como valenciano me siento ridiculizado constantemente", se lamenta Morales aludiendo a los incesantes escándalos de corrupción, mientras los voluntarios de Ciudadanos, con camiseta naranja y gorras para protegerse de un sol abrasador, asienten. El último escándalo saltó a principios de mes debido a una grabación en la que un alto responsable supuestamente cuenta dinero de una comisión ilegal.

En un momento en que Ciudadanos y Podemos -la otra formación, de izquierdas, que irrumpe con fuerza- ganan terreno denunciando la corrupción, el PP valenciano lo suspendió inmediatamente, intentado limitar los daños.

Pero no es el único: más de cien ex altos cargos locales están siendo investigados, incluidos dos ex presidentes regionales, y varias de las grandes causas que sacuden a la derecha tienen sus raíces aquí, entre ellas la conocida como "trama Gürtel" o el "caso Noos" centrado en el cuñado del rey.

"Agujero sin fondo"

Morales lamenta también "el despilfarro y la lapidación" de dinero público, que dejó 37 mil millones de euros de deuda, poniendo la mirada en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, uno de sus símbolos.

Formada por cinco edificios de desmesuradas proporciones y formas futuristas, se alza orgullosa e impertérrita bajando el frondoso paseo de palmeras, naranjos y pinos que cruza la ciudad en dirección al mar.

Sin embargo, su estrella, el Palacio de las Artes, concebido como vanguardista teatro de ópera, aparece cubierto por antiestéticos andamios: inaugurado en 2005, su fachada se cae a pedazos. "Es un agujero sin fondo", afirma Miguel Angel Vera, un responsable local de la gran central sindical Comisiones Obreras. Según la oposición valenciana, el complejo, que debía costar unos 300 millones de euros acabó engullendo 1.200 millones debido a sobrecostes descontrolados.

Y es solo un ejemplo de la opulencia desplegada antes de la crisis en esta región mediterránea que, con sus playas y su clima, soñaba con convertirse en la California europea: un espectacular altar sobre un puente para la visita del papa Benedicto XVI en 2006, un circuito urbano de Fórmula 1 que acogió el Gran Premio de Europa de 2008 a 2012, instalaciones portuarias para la Copa América, regata organizada en 2007 y 2010.

A esto se suman grandiosos estudios de cine, un centro de investigación científica puntera, un parque de atracciones, un tercer aeropuerto. Todo ello, financiado con dinero público, está ahora clausurado, infrautilizado o privatizado.

"Vendían la idea de que todos podíamos ser nuevos ricos", afirma Vera, denunciando el desmantelamiento de las tierras agrícolas y de la tradicional industria textil y juguetera para apostarlo todo a un sector inmobiliario que dejó a Valencia, como a toda España, tiritando cuando estalló su burbuja en 2008.

Entonces, para pagar la astronómica deuda, "quitaron dinero de servicios sociales básicos, de la gente más necesitada", de la educación pública, de la sanidad, denuncia el sociólogo Andreu Tobarra, miembro de la dirección de Podemos en la ciudad.

"Lo último que me podía imaginar es que el año 2015, en Valencia, la necesidad mayor que íbamos a tener iba a ser la comida" de un 33% de la población en riesgo de pobreza, afirma Fernando Giner, de 50 años, el candidato de Ciudadanos que aspira a destronar a Rita Barberá, de 66 años, alcaldesa desde hace 24 y símbolo de la ciudad con su eterno bronceado, sus bolsos de marca y sus coches con chófer.

"En Valencia y España. ¡Todos, todos! Se necesita un cambio", exclama Carmen Bujosa, secretaria jubilada de 64 años, mientras mira a Giner alejarse montado en su bicicleta.