Sharon: la doctrina de “solo la fuerza”

El periodista israelí, crítico del carácter expansionista de su Estado, explica el origen de la actual política de Netanyahu.
Desde 2000, la opción es armada.
Desde 2000, la opción es armada. (Baz Ratner/Reuters)

Jerusalén

Con Ariel Sharon, primer ministro de 2001 a 2006, Israel no intentó otro lenguaje que el de la violencia. Fue un aventurero seducido por las palabras peligrosas y engañosas.

También fue un restaurador del lenguaje israelí. Si bien Eliezer Ben Yehuda [el filólogo que contribuyó a fines del siglo XIX a la resurrección del hebreo] y reinventó el vocabulario israelí, Sharon lo tradujo en actos concretos israelíes.

Como su predecesor al frente de la Defensa, Moshe Dayan, Sharon fue más influyente que muchos de sus colegas en la formulación del lenguaje dominante del Estado de Israel, el de la fuerza, la guerra, la conquista y la violencia.

Dayan y Sharon creían ardientemente en esa forma de expresión. Los dos conocieron la gloria, los dos fueron un día vilipendiados y marginados, y los dos conocieron la redención gracias a una moderación inesperada. Pero de los dos, Sharon fue el más violento.

Se recordará a Sharon como el padre de una doctrina fundamental de Israel, la del rak ba’koah, “solamente por la fuerza”. Pensaba que los árabes no comprendían otra voz que la del puño cerrado y que esa era la única manera para nosotros de sobrevivir.

Sharon instala en la lengua hebraica moderna el antiguo lenguaje guerrero de los tiempos bíblicos. Él fue siempre el ministro de la Guerra. Entonces, antes de que elegías comiencen a fluir, esto debe ser recordado.

Israel habría podido y debió ensayar otro lenguaje, pero nunca lo hizo. Los Sharon y los Dayan, esos crueles campesinos soldados, lograron finalmente convencer a los israelíes de que simplemente no existía otro lenguaje.

Con Sharon todo fueron golpes militares, desde las “operaciones de represalia” en 1950 y 1960 a la operación Escudo defensivo [Cisjordania, 2002], sin entender otra cosa que no fueran destrucción, masacre de civiles, expulsiones y venganza.

Así, él no solo moldeó la política israelí, también su estatus moral. Es cierto, Israel tuvo líderes más modernos, pero adhirieron a sus principios de manera inquebrantable. Nunca soltaron el mazo que su madre ofreció a Sharon y con el cual ella lo obligaba a dormir. Así, el legado de Vera Sharon se convirtió en el de Ariel y luego en el de Israel.

Sharon realizó el sueño de todo hombre de Estado: dejar una herencia. Rara combinación de valentía personal y política, su visión tardará años en ser desmontada. Esta personalidad encantadora y cruel fue la de uno de los líderes israelíes más capaces y más peligrosos.

A excepción de nuestro primer gobernante, David Ben Gurión, Sharon asumió más responsabilidad que ningún otro en la construcción de la realidad israelí. Cuando intentó redimirse procediendo a la retirada de Gaza [2005], lo hizo a su manera: arrogante y agresivo, sin acordar ni negociar con los palestinos. Aun cuando, contrario a los demás, él no odiaba a los árabes, simplemente nunca les tuvo confianza.

Recuerdo una visita a la que Sharon me invitó en Gaza, en el invierno de 1989. Intentó demostrarme que Israel nunca debía evacuar el territorio ante el riesgo de que los misiles no fueran disparados desde Gaza. Y, en el mismo sentido, dijo que aceptaría el retorno a Israel de varias decenas de miles de refugiados [palestinos, alojados en países vecinos desde 1948].

Fue, a decir verdad, el único político israelí que nunca le prestó atención a las encuestas ni a los aduladores, algo que le repugnaba. Probó que era un líder capaz de tomar medidas decisivas y de dejar su marca en la Historia. Desgraciadamente, es también el que dejó a Israel en el triste estado en que se encuentra hoy.

* Texto publicado en el periódico Haaretz el 14 de enero de 2014, tras la muerte de Ariel Sharon el 11 de enero anterior.