Santos, el presidente que dialogó con la guerrilla

Juan Manuel Santos pasó de combatir la guerrilla como ministro de Defensa, con el ex presidente Uribe, a dialogar con las FARC en su mandato, lo que podría ser su principal traba en las elecciones.
El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, durante el debate de esta noche
El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. (AFP)

Como ministro de Defensa, Juan Manuel Santos fue la mano derecha de Álvaro Uribe Vélez en su feroz campaña contra las guerrillas, pero como presidente inició negociaciones con los rebeldes mediante un proyecto de pacificación muy distinto al del uribismo, que se perfila como su principal escollo en las elecciones del 25 de mayo.

Pese a que nunca se había postulado a un cargo público hasta que buscó la presidencia, a los 58 años, Santos ha sabido moverse en la política con la habilidad y el pulso de un cirujano, o con la astucia de un avezado jugador de cartas, que lo es.

Lejos de ser un títere del uribismo, como muchos pronosticaron, ha plasmado una identidad propia, caracterizada por el pragmatismo, los intentos de devolver la tierra a los campesinos despojados por los paramilitares o la guerrilla y la reparación de las víctimas del conflicto colombiano de casi 50 años.

No sólo negocia la paz con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) desde hace casi dos años, quiere incorporar al proceso al también rebelde Ejército de Liberación Nacional, sino que apenas asumida la presidencia se reunió con su par venezolano Hugo Chávez, quien dos semanas atrás había roto relaciones con el gobierno de Uribe, que lo había acusado de dar refugio a jefes de las FARC y del ELN.

También fumó la pipa de la paz con el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, otra figura mal vista por Uribe, tras un grave incidente generado por una incursión de soldados colombianos en territorio ecuatoriano para matar al jefe guerrillero colombiano Raúl Reyes.

"Uribe es el pasado", dijo Santos en 2012 en una entrevista con CNN.

A partir de entonces Uribe pasó a ser su principal opositor, y el candidato uribista, Oscar Iván Zuluaga, es quien más opciones tiene de evitar la reelección de Santos, según los resultados electorales de hoy.

Santos, miembro de una tradicional familia bogotana dueña durante más de 90 años del influyente diario El Tiempo y que incluye un tío abuelo presidente y un primo vicepresidente, llegó a la Casa de Nariño, como se llama la sede del gobierno, de la mano de Uribe, quien gobernó de 2002 a 2010.

Uribe libró una guerra frontal con las guerrillas y firmó un acuerdo de desmovilización con los paramilitares, con quienes muchos lo asocian, a pesar de que él niega cualquier vínculo y nunca ha sido procesado formalmente.

Fue ministro de Defensa de Uribe entre 2006 y 2009, período en el que asestaron duros golpes a las FARC.

Cuando la Corte Constitucional impidió la postulación de Uribe a un tercer mandato, su camino hacia la presidencia quedó despejado. La alcanzó en buena medida por la popularidad de Uribe, que era superior al 70% hacia el final de su gobierno.

Pero pronto comenzó a labrar su propio rumbo.

Bajo su gobierno fueron abatidos por la fuerza pública los dos más importantes integrantes de las FARC: Alfonso Cano y Víctor Julio Suárez (alias "el Mono Jojoy"), máximo comandante y jefe militar de esa organización ilegal, respectivamente.

A diferencia de Uribe, no obstante, Santos pensó que la vía militar no reportaría la paz e inició inició diálogos con las FARC en el 2012, primero en Oslo y después en La Habana, que marcaron la ruptura definitiva con Uribe.

Los progresos han sido lentos y le han restado crédito político, ya que, según los sondeos, más del 90% de los colombianos no ven con buenos ojos a la guerrilla.

"Yo veo a los colombianos cansados y 'mamados' (hartos) con el proceso de paz porque no va para ninguna parte, no tiene un norte claro y no parecería que se pudiera finiquitar", indicó vía telefónica el senador uribista Juan Carlos Vélez.

Santos, de 62 años, responde diciendo que un conflicto bélico de medio siglo no se resuelve de la noche a la mañana y destaca que ha habido acuerdos en puntos clave como el problema de la tierra, la participación en política de los rebeldes y el tema del narcotráfico (eventualmente si lo anuncian esta tarde).

Un obstáculo grande en el horizonte es la intención de los rebeldes de no ir a la cárcel si se concreta la paz. Diversas organizaciones no gubernamentales como Human Rights Watch y las Naciones Unidas han dicho que la impunidad no puede ser el precio de la paz.

Los cuatro años del gobierno de Santos han estado marcados por unas excelentes relaciones con los medios de comunicación y las demás instituciones del Estado, como las altas cortes, cosa que en general no sucedió en el gobierno de Uribe.

Según el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, por otro lado, la economía colombiana en este cuatrienio creció en promedio 4,5% anual y 2,5 millones de colombianos consiguieron empleo.

"La economía colombiana hacía mucho tiempo no estaba en las condiciones tan favorables como la actual; eso no lo digo yo, eso lo dicen todos medios internacionales", indicó el ministro a la AP.

Un paro campesino entre agosto y septiembre de 2013 representó el peor momento de su presidencia. Una encuesta de Invamer-Gallup le dio una aprobación de apenas el 21% entre finales de agosto y principios de septiembre, en una consulta a 1.200 personas en las cinco principales ciudades del país.

De ahí en adelante la imagen del gobernante tendió al alza, pero Santos no ha superado el 30% en la intención de voto para la primera ronda del 25 de mayo, lo que lo obligaría a ir a una segunda vuelta, ya que hacen falta la mitad más uno de los sufragios para triunfar en la primera.

Las encuestas más recientes dicen que Santos deberá someterse a una segunda vuelta el 15 de junio contra el ex ministro de Hacienda Zuluaga, el candidato del uribismo. El desenlace de esa segunda votación es incierto.

Cadete de la Escuela Naval, economista de la Universidad de Kansas y con posgrados también en economía en la Universidad de Harvard, Santos tiene larga trayectoria como servidor público.

Fue subdirector de El Tiempo y en 1991, en el gobierno de César Gaviria (1990-1994), fundó el Ministerio de Comercio Exterior.

En 1993 fue "Designado a la Presidencia", una figura de la anterior Constitución que equivale a lo que hoy es ser vicepresidente de la República. Bajo el gobierno del conservador Andrés Pastrana (1998-2002) fue dos años fue su ministro de Hacienda.

Después vinieron sus días de amistad con Uribe, a quien vio con recelo durante su primer bienio (2002-2004), para incorporarse de lleno a la ola uribista en el segundo.

Hoy, como candidato del Partido Social de Unidad Nacional (Partido de la U), le apuesta a otros cuatro años de gobierno bajo el eslogan "hemos hecho mucho, falta mucho por hacer". Para las próximas elecciones ha dicho que "aquí se va a decidir entre la guerra y la paz".

En concepto de Vicente Torrijos, analista político y profesor de la bogotana Universidad del Rosario, si Santos es reelecto y firma la paz con las FARC, su principal objetivo en el próximo cuatrienio es hacer que se cumpla lo pactado entre su gobierno y el grupo guerrillero.

"Sería una especie de cogobierno con las FARC", indicó Torrijos, quien no descartó la convocatoria de una Asamblea Constituyente. "Ese sería el precio que Santos tendría que pagar por un acuerdo final con lo cual refundaría el Estado".