Sanciones a Rusia: mucho ruido y pocas nueces

En su editorial de ayer, 'The Guardian' cuestiona la efectividad de los "castigos" impuestos por EU y Europa a Moscú.

Londres

Aunque no le guste a la comunidad internacional, Ucrania ha perdido a Crimea a manos de Rusia. Ahora la pregunta es cómo persuadir al presidente Vladímir Putin para que no tome otra libra de carne ucraniana o, lo más probable, que vuelva ingobernable a todo el país. Por este motivo, la Unión Europea y Estados Unidos han estado hablando con dureza y produciendo listas de rusos de alto perfil a quienes han identificado para congelar sus bienes y prohibirles viajar.

El jueves pasado, la Unión Europea anunció que estaba añadiendo a 12 personas a la lista de 21 funcionarios rusos a los que castigará; y Estados Unidos también dio a conocer a su segundo grupo de señalados.

Ni la retórica ni las sanciones se han visto convincentes, pero la lista del Tesoro de Estados Unidos es, al menos, un recuento fascinante de dónde piensa Washington que la administración de Putin tiene esqueletos en el clóset. Entre los cuatro hombres y el banco enumerados debajo del encabezado "miembros del círculo interno" se encuentra Gennady Timchenko, aliado cercano de Putin.

Hasta hace poco, Timchenko fue copropietario de Gunvor, que surgió de la nada y se convirtió en el cuarto comercializador de petróleo más grande del mundo gracias a los contratos que le otorgó el Estado ruso.

De acuerdo al Tesoro estadunidense, Putin tiene inversiones en Gunvor y "podría tener acceso a los fondos de la empresa" (aunque el Kremlin niega esto).

La lista de Estados Unidos también señala a Arkady Rotenberg, un antiguo compañero de judo de Putin, cuyas empresas ganaron más de siete mil millones de dólares en contratos para las pasadas Olimpiadas de Invierno en Sochi.

Mientras tanto, el Banco Rossiya, en ocasiones descrito como "el banco de Putin", posee grandes inversiones en muchas de las compañías de medios rusos que han estado apoyando y celebrando la conquista de Crimea.

Congelar estos fondos es inteligente, pero en realidad no representan una gran suma. En Kiev, las sanciones han sido descritas como una "picadura de mosquito", y Putin mismo se rió de ellas el jueves último.

Cualquiera de los allegados del mandatario ruso que sepa lo que hace debe haber hecho planes para mantener su dinero fuera de las garras occidentales desde hace mucho tiempo, tal como hizo Timchenko el miércoles pasado al vender su inversión en Gunvor.

Europa ha amenazado con una posible tercera ronda de sanciones económicas, pero podemos deducir por sus respuestas torpes que los 28 estados de la Unión Europea se encuentran en un callejón sin salida, renuentes a separar sus débiles economías del comercio y el gas rusos e incapaces de establecer un objetivo de política externa claro.

Las sanciones económicas más amplias también son un instrumento romo e impredecible: requieren de años para funcionar, dañan a los inocentes tanto como a los culpables y hasta pueden alinear al pueblo con un líder nacionalista.

Tal vez, la sugerencia de Andy Burnham sea más efectiva que cualquiera de estas medidas: una amenaza de retirar a Rusia la sede de la Copa Mundial 2018. Quitarle las oportunidades de hacer propaganda por un evento de tal magnitud podría hacer que Putin vuelva a pensar las cosas.

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