Ruanda sigue culpando a Francia del genocidio de hace 20 años

El gobierno de Kigali acusa al gobierno francés de la época de haber sido un actor de las matanzas que se cobraron unos 800 mil vidas en 1994 al haber dado apoyo al régimen hutu ruandés, y el ...
Una mujer expresa su dolor en el estadio Amahoro, en Kigali, capital de Ruanda, en la ceremonia en conmemoración de los veinte años del genocidio
Una mujer expresa su dolor en el estadio Amahoro, en Kigali, capital de Ruanda, en la ceremonia en conmemoración de los veinte años del genocidio (AFP)

París, Nairobi

El papel de Francia en el genocidio ruandés hace 20 años sigue oponiendo tesis radicalmente opuestas ya que Ruanda la acusa de haber sido un actor de las matanzas, acusación que París rechaza aunque admite "errores de apreciación". Hoy, las autoridades ruandesas y la comunidad internacional, sin la participación de Francia, conmemoraron en Kigali el 20º aniversario del genocidio que causó en 1994 unos 800 mil muertos, sobre todo tutsis, pero también hutus moderados.

El meollo del contencioso franco-ruandés es el sostén de París y de sus fuerzas armadas al régimen hutu ruandés, culpable del genocidio. De 1990 a 1993, los soldados franceses intervinieron para ayudar al ejército ruandés a luchar contra la rebelión tutsi del Frente Patriótico Ruandés (FPR) actualmente en el poder en Ruanda.

Lo que le vale a Francia desde hace 20 años la acusación, por parte de Kigali, de "complicidad" de genocidio por haber formado y armado las fuerzas ruandesas. También se acompaña de una denuncia de la operación militar "Turquesa" (junio a agosto de 1994) lanzada oficialmente por razones "humanitarias" con un mandato de la ONU. En la realidad, acusa Kigali, esta misión permitió proteger a los responsables del régimen genocida en su fuga hacia Zaire (que se convirtió después en la República Democrática del Congo, RDC).

Sin llegar hasta abrir sus archivos, como lo reclamó hoy un editorial del diario francés Le Monde, las autoridades francesas han negado durante mucho tiempo toda responsabilidad: "Las fuerzas armadas francesas fueron ejemplares en Ruanda", juzgaba aún en 2010 Edouard Balladur, primer ministro en la época de los hechos. Si Francia ha dicho que no está implicada en el genocidio, si reconoció que había cometido "errores de apreciación", al subestimar sobre todo el carácter "autoritario y racista" del régimen ruandés, juzgó no obstante en 1998 una comisión parlamentaria francesa.

En 2010, el presidente francés de la época, Nicolas Sarkozy, quien oficializó una reanudación de las relaciones diplomática suspendidas durante tres años, fue más lejos: sin llegar hasta presentar excusas, como lo reclamaban ciertos representantes de las víctimas, reconoció durante una histórica visita a Kigali, que se habían cometido "graves errores de apreciación" y una "forma de enceguecimiento" de Francia, por no haber visto "la dimensión genocida" del régimen ruandés hutu.

En el plano judicial Francia patina. La justicia francesa rechaza sistemáticamente toda demanda de extradición de Kigali de los presuntos culpables de genocidio, y hubo que esperar 20 años para que se abriera por fin un primer proceso en Francia. En febrero, un ex oficial de la guardia presidencial, Pascal Simbikangwa, fue condenado a 25 años de cárcel.

Para Kigali, aun queda mucho por hacer. "Hay algunas docenas de actas de acusación en curso en el sistema judicial francés. En función de lo que ocurrirá con esos próximos expedientes, las semanas y meses que vendrán servirán para probar si este proceso es simbólico", dijo el ministro de Justicia ruandés, Johnston Busingye.

Mientras, el presidente de Ruanda, Paul Kagame, culpó hoy a la colonización europea del odio étnico que desencadenó el exterminio de 800 mil personas por motivos étnicos, un genocidio del que se cumplen veinte años. La matanza de tutsis y hutus moderados a manos de hutus extremistas comenzó el 7 de abril de 1994 y acabó cien días después con un saldo de víctimas mortales equivalente entonces al 30 por ciento de la población ruandesa.

El origen de esta barbarie, según Kagame, se remonta a la colonización de franceses y belgas y a la misión de la Iglesia Católica que los acompañó y que instauraron -a su juicio- una organización política responsable del odio étnico que culminó en el genocidio. "El legado más devastador del control europeo en Ruanda fue la transformación de las distinciones sociales. Fuimos clasificados de acuerdo a un marco inventado en otro lugar", acusó ante miles de ciudadanos y líderes internacionales en el acto de conmemoración del vigésimo aniversario del genocidio, celebrado en el Amahoro Stadium de Kigali y retransmitido por una web oficial ruandesa.

"Los hechos son testarudos", y "ningún país es tan poderoso como para cambiarlos, aunque crea que lo es", dijo el presidente en referencia a Francia, que canceló a última hora su participación en los actos después de que Kagame la acusara de haber tenido "un papel directo en la preparación del genocidio". Su discurso, pronunciado en un recinto que dio refugio a doce mil personas durante la matanza de 1994, fue refrendado por el presidente de Uganda, Yoweri Museveni, quien aseguró que tutsis y hutus tenían una relación "simbiótica" antes de la colonización.

"Ruanda fue una de sus víctimas", los europeos solo trajeron "matanzas, saqueos y enfermedades", dijo el presidente de Uganda, que en febrero pasado modificó su legislación para poder condenar a cadena perpetua a los homosexuales y prohibir las minifaldas. No obstante, por encima de acusaciones y reproches, primó la emoción y el recuerdo de las víctimas, los deseos de paz y las lecciones aprendidas, sentimientos que todos resumieron en dos palabras: "nunca más".

"Cuando veáis a gente en riesgo y víctimas de atrocidades, no esperéis instrucciones de lejos", advirtió a sus enviados el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, consciente del fracaso de esta organización durante el genocidio. "Muchos miembros de la ONU mostraron un coraje sobresaliente, pero podríamos haber hecho mucho más. Deberíamos haber hecho mucho más", admitió Ban.

La presidenta de la comisión de la Unión Africana, Kkosazana Dlamini Zuma, señaló el camino para evitar una tragedia similar tomando la diversidad como "fuerza" principal del continente y no como motivo de exclusión. En el multitudinario acto también estuvieron presentes, entre otros líderes internacionales, el presidente de Kenia, Uhuru Kennyatta; el ex primer ministro británico Tony Blair o el ex presidente sudafricano Thabo Mbeki, aparte de ministros que acudieron en representación de numerosos países.

Los actos del día comenzaron a primera hora de la mañana con el encendido de la Llama del Duelo Nacional en el Centro de Conmemoración del Genocidio de Kigali, un fuego que permanecerá encendido durante los próximos cien días, los mismos que duró la masacre. Para encenderla se utilizó otro fuego simbólico, la "llama del recuerdo", una antorcha que hoy culminó un recorrido "de paz" iniciado el pasado 7 de enero y que ha sido llevada a través de una treintena de poblaciones transportando un mensaje de cohesión.

A media tarde, después del homenaje oficial celebrado en el estadio, una marcha ciudadana partió de la sede del Parlamento ruandés con destino a ese mismo recinto deportivo para celebrar una vigilia con canciones y proyecciones sobre uno de los episodios más sobrecogedores de la Historia. El conflicto estalló el 6 de abril con el asesinato del presidente ruandés de la etnia hutu Juvenal Habyarimana, aunque existían indicios claros de la situación que se estaba gestando desde meses antes.

Al día siguiente, diez "cascos azules" belgas que protegían a la primera ministra ruandesa Agathe Uwilingiyimana fueron asesinados junto con la dirigente, lo que llevó a Bruselas a ordenar la retirada de su contingente. La matanza que siguió terminaría con la vida de unas 800 mil personas en poco más de tres meses, muchas de ellas asesinadas a machetazos por milicias civiles.