Rousseff promete diálogo y reformas a un polarizado Brasil

La presidenta de Brasil, reelecta al vencer en la segunda vuelta por una diferencia de tres puntos a su rival, Aecio Neves, decidida a reactivar la economía y combatir la corrupción.
Dilma Rousseff (i) saluda junto al ex presidente Lula da Silva, al celebrar su victoria en Brasilia
Dilma Rousseff (i) saluda junto al ex presidente Lula da Silva, al celebrar su victoria en Brasilia (AFP)

Río de Janeiro

La presidenta Dilma Rousseff, reelecta por una diferencia de tres puntos sobre su rival en un Brasil dividido entre sus logros sociales y el deseo de cambio, prometió abrir el diálogo, reactivar la economía y combatir la corrupción que indigna a los brasileños.

La mandataria triunfó por un ápice sobre su rival socialdemócrata Aecio Neves, del PSDB, con 51.6% de los votos contra 48.3%, en la elección más reñida del país desde 1989, la primera por voto directo tras la dictadura militar (1964-1985).

Los principales desafíos de esta ex guerrillera de 66 años que se convirtió en la primera mujer presidenta de Brasil en 2011 son ahora gobernar un país polarizado, recuperar la confianza de los mercados e inversores que tenían a Neves como favorito, reactivar el estancado crecimiento e investigar la corrupción.

Llamado al diálogo

"Mis primeras palabras son un llamado a la paz y la unión", dijo Rousseff en su primer discurso, vestida de blanco inmaculado y no del tradicional rojo del Partido de los Trabajadores (PT).

A su lado, su padrino político, el ex obrero metalúrgico y luego popular presidente Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010), también de camisa blanca, sonreía extasiado: la victoria mantendrá a su PT 16 años en el poder.

Ambos levantaron juntos el puño de la victoria bajo el delirio de una multitud que les aclamaba, mientras en el estado de Sao Paulo, el más rico del país, los seguidores de Neves abucheaban y gritaban "¡Fuera el PT"!.

Durante los ocho años de gobierno de Lula y los cuatro de Rousseff, más de 40 millones de brasileños han salido de la pobreza e ingresado en la clase media gracias a subsidios para familias pobres, viviendas populares, enseñanza técnica gratuita y cuotas universitarias para negros y estudiantes de muy bajos ingresos.

Neves, un ex gobernador y ex senador de la élite brasileña, de 54 años, era el candidato que encarnaba el cambio y atraía no solo a la clase media-alta y al mercado sino a los decepcionados del 'petismo': prometía "un gobierno decente", menos intervención del gobierno en la economía, y mantener los logros sociales del PT.

En su discurso, pidió a la mandataria priorizar un "proyecto honrado" para Brasil. "Esta presidenta está dispuesta al diálogo y es éste mi primer compromiso en el segundo mandato", dijo Rousseff.

Hartazgo con la corrupción

"La ajustada victoria de Dilma le aporta grandes desafíos: deberá unir al Brasil hoy dividido en dos con una gran animosidad; el PSDB tiene un sentimiento de odio y de aversión al PT a raíz de los escándalos de corrupción", dijo Daniel Barcelos Vargas, analista político de la universidad privada Fundación Getulio Vargas en Rio, a la AFP.

Como lo mostraron las masivas manifestaciones callejeras de 2013, los brasileños están hartos de la corrupción de la clase política. Los constantes abusos de poder de legisladores en el Congreso se suman a recientes denuncias sobre millonarios desvíos de fondos en la estatal Petrobras que habrían beneficiado al PT y a aliados.

Y todavía está fresco el histórico juicio del 'mensalao', el escándalo por la compra de votos de legisladores aliados en el primer gobierno de Lula por el cual varios jerarcas del partido gobernante fueron condenados a la cárcel en 2012.

Rousseff prometió en su discurso endurecer las penas contra la corrupción, pero se enfrenta a un Congreso hiper fragmentado entre 28 partidos políticos y más conservador que antes, lo cual acentuará las disputas entre ambos poderes, alertó Vargas. La oposición socialdemócrata, fortalecida por el ajustado resultado, presionará también para investigar las denuncias.

Reaproximarse al mercado

Tras un crecimiento espectacular de 7.5% en 2010, durante el primer mandato de Rousseff la séptima economía mundial ha registrado un magro crecimiento. A esto se suma una elevada inflación (6.75% en doce meses, por encima del techo de la meta oficial), aunque el desempleo aún se mantiene muy bajo, en 4.9%.

"El primer desafío de Dilma Rousseff es reaproximarse al mercado. Tener un buen diálogo con el sector empresarial, el sector financiero que, sin duda, estaban muy descontentos con ella", dijo el analista político Marco Antonio Teixeira, de la Fundación Getulio Vargas, a la AFP en Sao Paulo.

Los mercados se han mostrado alérgicos a un triunfo de Rousseff, con la Bolsa y el real cayendo ante dólar cada vez que la presidenta subía en los sondeos. Rousseff ya anunció que su desprestigiado ministro de Hacienda, Guido Mantega, será reemplazado en su segundo mandato, que comienza oficialmente el 1 de enero de 2015. Pero no ha nombrado aún un sucesor.