Revelan las anécdotas de Wojtyla en sus visitas a México

La Arquidiócesis de México reveló ayer algunas, como la del origen de la canción que marcó su pontificado y que se escuchó en su primer viaje: “Amigo” del brasileño Roberto Carlos.

México

En los cinco viajes de Juan Pablo II a México múltiples anécdotas se recuerdan. La Arquidiócesis de México reveló ayer algunas, como la del origen de la canción que marcó su pontificado y que se escuchó en su primer viaje: “Amigo” del brasileño Roberto Carlos.

En enero de 1979, en el Instituto Miguel Ángel, un coro de 200 niños ensayaba canciones que recitarían al Papa. Se agotaba el tiempo y faltaba; de pronto, en medio de cierta desesperación de los maestros, un niño gritó: “¿Por qué no cantamos “Amigo”? El papa dice que los niños somos sus amigos”.

Entonces se decidió ensayar  la canción de Roberto Carlos, sin saber el efecto que causaría. Al papa le gustó tanto la canción que pidió que la cantaran nuevamente y leyó en italiano-español la letra de la canción. El pontífice se conmovió tanto que expresó al salir: “Niños, así como ustedes vienen a la escuela a aprender, el papa ha venido a la escuela a aprender. El Papa aprendió ‘Bendito el que viene en el nombre del Señor’, aprendió ‘México siempre fiel’  ‘¡El Papa! ra, ra, ra’ y aprendió ‘Amigo’”.

“Cielito lindo”, “Cucurrucucú paloma”, “La Malagueña”, “La Bikina” y hasta el “Mariachi loco” formaron parte del repertorio de canciones mexicanas favoritas de Juan Pablo II, quien las disfrutaba aplaudiendo o llevando el ritmo con los pies, mientras los músicos complacían sus peticiones.

Otra historia es la de Max Morales, quien en tres de las cinco visitas que el pontífice realizó a México formó parte del equipo responsable de salvaguardar la integridad del papa; Morales comentó  que poco antes de que terminara con las oraciones matutinas, una gran parvada de palomas comenzaba a dar vueltas en círculo sobre la Nunciatura Apostólica de México, donde se hospedaba, y una docena de ellas se paraba en un balcón que daba a la pieza de Juan Pablo II, comenzaba a moverse como saludándolo y después se retiraba.

Una anécdota más fue la que ocurrió en 1999, el Estadio Azteca retumbaba por la presencia del Karol Wojtyla en el Encuentro de Generaciones durante esa cuarta visita a México. El Coloso de Santa Úrsula era un lugar muy vigilado.

Pero cuentan que cuando terminó el evento, el capitán del Ejército que había estado manejando los cuerpos de seguridad estaba cabizbajo, triste y preocupado, y es que al final, un  niño de ocho años había logrado brincar el cerco de seguridad. Después se supo que el niño había subido a pedirle al papa por la salud de su hermana, quien había nacido con un problema del corazón y estaba casi desahuciada; él tomó la cabeza del niño y le dijo: “Va a estar bien” y se fue.