CRÓNICA | POR JANINE DI GIOVANNI

Retrato de un yihadista irlandés

Combatiente en Libia y Siria

Houssam Najjair quiso ayudar en las luchas de liberación de la "primavera árabe"; de su país se trasladó a Trípoli —donde participó en la caída de Gadafi— y a territorio sirio, donde apenas escapó con vida de la guerra civil.

Siria

¿Qué inspiraría a un musulmán para ir a luchar a Siria? Para Houssam Najjair, de 34 años, alias Irlandés Sam, fue un asunto de patriotismo. Mitad libio, mitad irlandés —su madre se convirtió al Islam hace 30 años y fue una de las primeras mujeres en llevar velo en Irlanda—, creció en ese país como un musulmán devoto. Estaba en conflicto por su lugar en el mundo. "Tenía una verdadera crisis de identidad", dice. "Me identificaba como musulmán, pero estaba en la cultura occidental".

Luego de ver los sucesos de la "primavera árabe" en la televisión en 2011, y de leer comentarios radicales en Facebook, Najjair colapsó. "¿Qué me condujo al estado de ánimo para comprar un boleto sin retorno a una Libia devastada por la guerra?", pregunta. Su epifanía vino cuando supo que los mercenarios extranjeros estaban violando a las mujeres libias.

"El hecho de que la violación estuviera siendo usada como un arma de guerra me hizo querer ir allá, hacer algo", dice Najjair, desde su hogar en Dublín.

Su cuñado, Mahdi Harati, se había ido a Siria antes que él y formó la Brigada Trípoli, que derrocó a Gadafi. Najjair era muy apreciado por sus habilidades: hablaba árabe e inglés, tenía experiencia militar y era pragmático. Llegó a Libia entrenado como francotirador y experto en armas, y se unió a la brigada.

Tras seis meses de intensos combates, a fines de agosto de 2011 la Brigada entró a Trípoli, la capital de Libia. "Éramos los hombres que el día que Gadafi cayó estábamos luchando para liberar al país", dice Najjair con orgullo. "Éramos los hombres que lo hicieron".

Una vez que Gadafi fue derrocado, Sam regresó a Irlanda y comenzó a experimentar una sensación de desplazamiento cultural aún más aguda. "¿Quién era yo?", se preguntaba.

Escribió un libro sobre sus experiencias en Libia, Soldier for a Summer (Soldado por un verano), y en 2012, en uno de los momentos más sangrientos de la guerra en Siria, voló a Turquía, luego a Idlib, en Siria, para unirse a Harati, formando una brigada de combatientes libios llegados para ayudar a sus hermanos sunitas.

"Yo sabía que tenía algo que ofrecer —todo lo que aprendimos en la dura experiencia de Trípoli—", dice Najjair. "Queríamos entrenar a los sirios que no sabían combatir. Si yo podía hacer eso, podía dormir mejor".

Pero un vez en el terreno, en Idlib, lo impactó la falta de soldados con entrenamiento militar. Muchos de ellos, miembros del opositor Ejército Sirio Libre, eran doctores, estudiantes y agricultores. "No tenían experiencia. Estaban usando armas antiguas de Irak, material fallado y saboteado".

Veteranos de la lucha de los combates en Libia, quienes ya habían derrocado a un dictador, enseñaron maniobras militares, consiguieron mejores armas y ofrecieron ayuda humanitaria.

"Intentamos hacer sus armas utilizables". Finalmente, dice Najjair, para los combatientes libios se volvió demasiado peligroso permanecer en Siria debido al Mukhabarat, el sanguinario servicio secreto de Assad. "Las cosas se pusieron demasiado complicadas", dice Najjair. "El régimen puso el ojo sobre nosotros".

Luego de cuatro meses de ataques aéreos y emboscadas, Najjair se abrió camino hasta la frontera con Turquía y regresó a Irlanda. Ahora observa cómo el movimiento se radicaliza cada vez más, y se preocupa por los jóvenes que se unirán a la causa inspirados en ideas románticas. Esta no es la guerra civil española, advierte. El Ejército Sirio Libre se está desintegrando, pero mientras sigue siendo "el ejército del pueblo, lo están debilitando" los grupos más fundamentalistas.

La otra preocupación de Najjair es que muchos jóvenes que no tienen experiencia en la guerra, se enardecen y compran boletos sin retorno a Siria. Entonces tienen que enfrentarse a los experimentados combatientes de Hezbollah, alineados con el régimen de Assad.

"Los Hezbollah son combatientes feroces, acostumbrados a la guerra urbana. Mi mensaje para los jóvenes que quieran ir a combatir a Siria es: No vayan! Ni siquiera lo piensen. El Ejército no necesita mano de obra. Hay mucho trabajo humanitario que pueden hacer, pero combatir es suicida. Yo no hubiese ido de no haber tenido experiencia que aportar", dice.

¿Lo haría de nuevo? Piensa cuidadosamente, y recuerda los ataques aéreos, las armas enmohecidas, las redadas y la fuerza de las tropas del régimen de Assad. "Creo que hicimos lo que teníamos que hacer, cuando era el momento de ir", dice. "Nosotros ya cumplimos con nuestra misión".

Tomado de Newsweek/Traducción de Elisa Montesinos