Reportaje: El pianista que acerca el dolor de Siria a los alemanes

Ayman Ahmad, de 28 años, con su pañuelo palestino al cuello, recuerda con sus conciertos en Berlín la tragedia del país del que huyó cuando los islamistas destruyeron su piano.
 Ayham Ahmad, "el pianista de Yarmuk", canta durante un ensayo anterior a un concierto en la sala Heimathafen, de Berlín
Ayham Ahmad, "el pianista de Yarmuk", canta durante un ensayo anterior a un concierto en la sala Heimathafen, de Berlín (AFP)

Berlín

En Berlín, el pianista Ayham Ahmad, con su inseparable pañuelo palestino al cuello, lleva al escenario el dolor de la Siria en guerra, un año después de su partida al exilio.

Solo tiene ojos para él: tras bajarse del tren que lo ha llevado a Berlín, Ayham Ahmad, de 28 años, tira al suelo su mochila para precipitarse sobre el piano de cola que lo espera en la sala de espectáculos donde tocará durante varias horas.

Ayham ensaya algunas notas entrecortadas en el hermoso e imponente instrumento. "El piano es mi vida, mi corazón", explica a la AFP el joven músico en vaqueros, que canta en árabe sobre Damasco, las montañas cercanas a la capital y "los dulces sueños" perdidos de su pueblo.

En los confines de Damasco, en el campo de refugiados palestino convertido en barrio de Yarmuk, Ayham tenía otro piano. "Era mi objeto más querido". Lo transportaba por las calles, en medio de las ruinas. Los niños de la guerra lo rodeaban y cantaban junto a él, por la esperanza. Pese al asedio del ejército sirio, la hambruna y los bombardeos.

Pero el 17 de abril de 2015, ("el día de mi cumpleaños"), el oscurantismo islamista redujo su inseparable compañero a cenizas. "Cuando los esbirros del (grupo) Estado Islámico quemaron mi piano, decidí marcharme", explica Ayham Ahman. Inició entonces su periplo por tierra y mar para llegar a Europa, con una angustia en su petate: la de dejar en Siria a su mujer y a sus dos hijos.

El 23 de septiembre de 2015 llamaba a la puerta de Alemania, como otras decenas de miles de sus compatriotas. Desde entonces, vive en un hogar de acogida con su tío, en Wiesbaden, cerca de Fráncfort. "No es perfecto, pero tenemos una habitación, nos dan de comer y dinero", sonríe, explicando que quiere hacer "mucho" por Alemania, dado que el país ha hecho "tanto" por él.

"Con o sin guerra, era mi sueño venir a Alemania", asegura, tras un corto ensayo. "Es el país de Beethoven, ¡el mayor compositor de todos los tiempos! Y los mejores pianos: Bechstein, Steinway... son alemanes", señala.

Desde que llegó al país, ha aliviado a un buen puñado de corazones rotos en su centro de solicitantes de asilo, donde también toca para los niños, con un piano eléctrico que le ha regalado un popular cantante alemán.

Ayham enumera con satisfacción los conciertos que ha dado en Alemania y explica que también ha recibido propuestas de Francia, Italia, "e incluso de América", si bien su estatuto de refugiado le impide viajar fuera de Alemania.

Tocando para los alemanes, espera acabar con ciertos prejuicios: "Muchos asocian Siria con los islamistas del EI y de repente ven llegar al escenario a un sirio que reverencia a Beethoven y puede interpretar a Mozart".

"Las salas están llenas cuando doy un concierto e incluso recibí un premio en Bonn en diciembre", afirma, aludiendo al galardón internacional concedido a defensores de los derechos humanos y la libertad, llamado justamente... premio Beethoven.

Pero cuando se aborda la cuestión de su nueva fama, el pianista exclama: "¡No soy una estrella, soy un refugiado!" Y cuando piensa en su futuro, solo ve los rostros de su mujer y sus hijos, a los que espera poder llevar a Alemania.

Por la noche, en Berlín, el público alemán, que generalmente tanto domina sus emociones, hace regresar al menudo pianista dos veces al escenario con sus ovaciones. Su última canción evoca su barrio en Siria. Atrapado por la resaca de su dolor, no puede evitar alguna lágrima. Y canta: ¡Aleluya, Yarmuk!