Reportaje: Los cruceristas de Túnez desembarcan conmocionados en Barcelona

Mientras un turista aseguraba que no volvería a viajar a un país árabe, otros recordaban emocionados como los tunecinos les decían "disculpadnos", tras el atentado.
Dos turistas del crucero MSC Esplendida se abrazan a su llegada al puerto de Barcelona
Dos turistas del crucero MSC Esplendida se abrazan a su llegada al puerto de Barcelona (AFP)

Barcelona

Cansados tras dos días angustiosos, centenares de turistas desembarcaron hoy en Barcelona del crucero MSC Splendida, conmocionados por el ataque yihadista en el museo de Túnez que terminó con la vida de doce de sus pasajeros.

Con los nervios a flor de piel, Francisco Buciegas y su mujer Inma ponían fin con su llegada a una trágica luna de miel. "Todo fue muy desagradable. Nos llenamos de angustia", relató Imma, intentando contener las lágrimas.

El matrimonio de Córdoba, en el sur de España, había iniciado su viaje una semana atrás. Todo era perfecto hasta el miércoles, el día del atentado en el museo del Bardo, cuando tuvieron que volver precipitadamente al crucero sin saber qué había ocurrido.

Horas después les informaron: 21 personas habían muerto, la mayoría turistas. Doce viajaban en su mismo barco. "Corrimos a llamar a casa para decirles que no nos había pasado nada", recuerda Francisco, asegurando que no volverá a viajar a un país árabe.

Españoles, recién casados y con Imma embarazada de cuatro meses, su perfil coincidía con el de la pareja española desaparecida durante varias horas, que también viajaba en ese barco y que finalmente fue encontrada escondida en un trastero del museo. Al oír las noticias, "a mi familia le estaba dando un ataque", afirma el hombre.

"Disparaban sin perdón"

"Teníamos muchas ganas de llegar a casa", aseguró a la AFP Victoria Bronskaya, una bielorrusa de 33 años residente en Barcelona que se encontraba con su madre en un autobús frente al museo del Bardo durante el ataque.

Cuando empezaron los disparos, se tiró al suelo y vio morir enfrente suyo a dos compañeros de la visita guiada. En ese momento no sintió miedo, la emoción llegó después.

"Durante el tiempo que estuvimos esperando a que nos rescatasen, unas cuatro horas, no lloramos. Empezamos a llorar cuando ya vimos a toda la gente de Túnez compadeciéndonos, diciéndonos 'disculpadnos'", relató por teléfono, todavía conmocionada.

Dentro del museo estaba Josep Lluís Cusidó, alcalde del pueblo catalán de Vallmoll, a 100 km de Barcelona, que disfrutaba de unas vacaciones. "Empezaron a disparar a todos los turistas. A todos los que encontraban les iban disparando sin perdón. Sin perdón", explicó a la prensa.

La angustia se palpaba desde primera hora de la mañana en el puerto de Barcelona, donde varios familiares aguardaban nerviosos y soportando un viento glacial. El barco, que zarpó a las 05:00 hora GMT del jueves de Túnez, llegó a las 07:00 hora GMT de hoy con 3,174 pasajeros y 1,267 tripulantes.

"Todo el mundo en el barco estaba muy impactado", explicó a la AFP Laetitia Rigollet, una francesa de 40 años. "Nos lo pasamos bien, pero no creo que volvamos (a Túnez), al menos próximamente", dijo su compañero, Ghislain Locqueneux, un ingeniero de 26 años.

Un turista alemán, Iwe Poershcke, lamentaba el impacto negativo que los ataques tendrán para el turismo del país, que representa un 7% de su riqueza. "Supondrá un retroceso para el turismo allí. Es duro y afectará a la gente que no tiene la culpa. Es una pena", añadió.

Falta de información

Como muchos otros viajeros, lamentaba la falta de información por parte de la tripulación. "No nos dijeron nada, lo supe por la televisión" y "no hicimos un minuto de silencio por las víctimas hasta el día después", criticó.

"Entiendo que tengan un malestar pero no tenemos una tripulación de 1,200 psicólogos, tenemos 1,200 seres humanos", se disculpó el director de MSC Cruceros en España, Emiliano González, en una rueda de prensa en Barcelona donde confirmó la suspensión de las escalas de su flota en el país árabe.

Josefa Ramírez y José Pinto, dos jubilados de Málaga, en el sur de España, supieron la noticia a través de una llamada de su hija. Ellos no salieron del barco pero sí sus compañeros de viaje, Antoni Cirera y Dolors Sánchez, los dos fallecidos españoles.

Josefa recuerda con emoción a esos dos jubilados de Barcelona, que celebraban su bodas de oro con este viaje regalado por sus hijos. "Eran muy amables. Nos habían invitado a tomar una paella en su casa de Barcelona este viernes pero, claro, ahora ya...".