Refugiados sirios del Papa se adaptan a la vida italiana

Hasan y Nour dejaron Damasco en diciembre con su hijo de dos años. Tras cuatro meses de periplo, son una de las tres familias que se refugiaron en Roma invitados por Francisco.
Nour y Riad, su hijo de dos años, pasean por las calles del barrio de Trastevere.
Nour y Riad, su hijo de dos años, pasean por las calles del barrio de Trastevere. (Filippo Monteforte/AFP)

Roma

Hasan y Nour dejaron los suburbios de Damasco en diciembre con su hijo de dos años. Tras meses de periplo, se refugiaron en Roma, invitados por el papa Francisco, aunque ya echan de menos el país que tuvieron que abandonar.

"No estábamos ni con el régimen sirio ni con los islamistas. Dejamos Siria porque mi marido fue llamado a filas del ejército sirio", contó Nour, de 30 años, con su pequeño hijo Riad al lado.

El periplo

Pensaban dirigirse a Francia, donde Nour realizó una parte de sus estudios, pero antes de llegar a Turquía tuvieron que atravesar su país en guerra. Allí, el grupo yihadista Estado Islámico (EI) los detuvo durante unos días en la región de Raqa, de donde pudieron escapar gracias a un pasante.

"En Turquía y Grecia si te atrapan no hay problema, permaneces solo unas horas en prisión. Pero si te atrapan en Siria pueden incluso matarte", explicó Nour, que recuerda con terror los bombardeos de las aviaciones siria y rusa.

En un puerto turco, su marido, de 31 años, comentó que fue timado por un pasante —como llaman en Europa a quienes transportan personas indocumentadas— que quería hacerle subir junto con otras 62 personas a una lancha neumática con capacidad para 40 personas. "Me negué", recordó el sujeto.

Con todo, la familia consiguió cruzar el mar antes de verse atrapada en el laberinto administrativo de Lesbos.

Debido a que llegaron antes de que entrara en vigor el acuerdo que prevé la devolución de todos los migrantes en situación irregular hacia Turquía, no tuvieron que volver a hacerse a la mar; sin embargo, la isla griega se convirtió para ellos en lo más parecido a una prisión.

Así fue hasta el momento en el que los representantes de la comunidad católica de Sant'Egido les plantearon una posible transferencia hacia Italia, sin hablarles del papa ni de su avión, recordó Hasan, con el gesto relajado y los ojos risueños.

Ni siquiera ahora "creemos lo que pasó, es como un sueño", explicó Nour. En el avión, el pontífice argentino se acercó a saludarlos. "Acarició la cabeza de nuestro hijo. Nuestro Riad besa ahora a su foto".

Actualmente los refugiados sirios traídos desde Lesbos por Francisco van adaptándose a la vida en Roma y ya han tomado sus primeras clases de italiano, anunció un portavoz de la comunidad de Sant'Egidio que los alberga provisionalmente.

Daniela Pompei, responsable de las migraciones en ese lugar, dijo que a su llegada al centro de acogida los sirios lo compararon con "un hotel cinco estrellas".

Esperan departamento

De silueta fina, voz dulce y grandes ojos, con los cabellos recogidos en una coleta, Nour respondió a los periodistas en el patio de una escuela de idiomas de la comunidad que los acoge en el barrio romano de Trastevere, a la espera de que el apartamento que les preparan en el Vaticano esté listo.

Hasan se mostró tranquilo por haber llegado y da cuenta de la "amabilidad" de los romanos, repitiendo que no le falta nada, pero no puede evitar pensar en sus familiares, a quienes tuvo que dejar atrás.

"Uno puede encontrar un nuevo lugar para vivir, pero no una nueva familia", opinó el refugiado. La pareja añora la Siria en la que vivía antes de la guerra, cuando los cristianos y los musulmanes de todas las confesiones cohabitaban en paz.

Para Hasan y Nour, musulmanes como las otras dos parejas invitadas por el pontífice, el gesto del líder de la Iglesia católica es todavía más destacable en un momento en el que los responsables musulmanes están lejos de hacer lo mismo.

"Ningún religioso musulmán, ningún presidente, ha considerado nuestro sufrimiento. No hay ningún practicante del islam que haya hecho lo mismo que el Papa, a pesar de que tienen los medios y el dinero", reprochó Nour.

"Me refiero a los países del golfo (Pérsico). Tienen todos los medios para acoger a los refugiados sirios pero ninguno lo ha hecho", reiteró enojada la joven musulmana.

Hasan y Nour asistieron a su primera clase de italiano el domingo y aseguran querer integrarse en el país, una vez que obtengan el asilo político, aunque todavía no han tenido tiempo de hacer planes.

"Espero que mi hijo pueda tener un futuro como el que yo tenía antes de la guerra", concluyó Nour.