Reformar la NSA, el triunfo de Edward Snowden

El ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional de EU, ya no es para muchos en su país un "traidor", toda vez que sus revelaciones sobre el espionaje forzaron a Washington a replantear sus ...
El joven informático halló refugio como asilado temporal en Rusia.
El joven informático halló refugio como asilado temporal en Rusia. (Reuters)

Washington

Pudo ser el hombre del año 2013. Time escogió finalmente al Papa, pero la revista colocó a Edward Snowden justo detrás de Francisco, en segundo lugar. Siete meses después de sus revelaciones, el ex consultor de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos continúa al centro del debate local sobre la vigilancia de Estado. Y si Barack Obama ordenó el pasado viernes una revisión de las prácticas de la NSA, algo impensable hasta ese día en un discurso presidencial, se lo debemos al joven fugitivo.

Obama no anunció ninguna reforma fundamental y no se refirió a lo esencial —la recolección de los metadatos continuará, aun cuando ésta deberá efectuarse bajo supervisión previa de la justicia—, pero introdujo algunos correctivos dirigidos a restañar las heridas de los partidarios de la defensa de la vida privada. Un ombudsman será parte de las deliberaciones de la Corte Especial (FISC) que elegirá los blancos a espiar. Los extranjeros tendrán un derecho limitado al respecto.

Es algo modesto pero, para Snowden, es un victoria. Su objetivo, como él lo recordó en su primera entrevista, el 24 de diciembre de 2013, al Washington Post, no era destruir a la NSA ni "cambiar a la sociedad", sino "darle la oportunidad de decidir si quiere cambiarse a sí misma".

El debate se dio y ahora continúa en el Congreso donde, sin sorpresas, las comisiones de inteligencia de las Cámaras, una de mayoría demócrata, la otra republicana, están de acuerdo en proseguir sin cambios con la recolección de metadatos, mientras que las comisiones de asuntos jurídicos son favorables a una prohibición total.

A siete meses, la imagen de Snowden —asilado en Rusia— evolucionó en EU. Ya no es más el paria del verano pasado, cuando en junio de 2013 se refugió en Hong Kong o en el aeropuerto de Moscú. Conmocionados por las revelaciones cotidianas (los centenares de millones de SMS recolectados por la NSA todos los días), ya no hay unanimidad entre los políticos en cuanto a calificarlo de traidor. Un desplegado apareció en los autobuses en Washington, pagado por los abogados de Partnership for Civil Justice, con la frase: "Gracias, Snowden" y las visitas de los parlamentarios europeos le confirieron una respetabilidad de lanzador de alerta mundial. Ahora se discute abiertamente la clemencia que podría serle acordada.

A mediados de diciembre, el jefe de la unidad creada por la NSA para responder a las fugas, Rick Ledgett, dejó entender que estaría dispuesto a examinar una amnistía si Snowden acepta terminar con sus revelaciones, sabiendo el peligro que su "tesoro representa". Los responsables de la inteligencia no están del todo seguros de haber reconstituido el conjunto de los documentos que el consultor en informática pudo copiar, en total 1.7 millones, según un informe clasificado del Pentágono. Pero la Casa Blanca cortó de inmediato por lo sano. Snowden se enfrenta a una triple inculpación, recordó, que le significaría 30 años de prisión: por espionaje, por robo de propiedad del gobierno y transmisión de documentos confidenciales.

La idea de un perdón o de una reducción de la pena ganó adeptos a comienzos de año, cuando el 1 de enero el New York Times fijó su posición. "Considerando el enorme valor de sus revelaciones, Snowden merece algo más que un exilio permanente, de miedo o de fuga. Él tal vez cometió un crimen, pero le hizo un gran servicio a su país."