Reforma migratoria, el asunto más importante sin resolver

El Congreso de Estados Unidos no dio salida en 2013 al tema referido a la situación de 15 millones de inmigrantes en la Unión Americana, que es también el gran pendiente de la administración Obama.
Jornaleros en un plantío de vegetales en Florida.
Jornaleros en un plantío de vegetales en Florida. (Luis M. Álvarez/AP)

Washington

Cuando el dolor de otros nos hace sentir incómodos o mal, es fácil mirar para otro lado. Cuando esas personas son diferentes, voltear la cara es aún más fácil. Las cosas que he visto y escuchado en mi trabajo este año son de las que se consideran inapropiadas para mencionar durante la comida: cuerpos descompuestos, niños huérfanos, soldados con licencia para matar, retenes militares, francotiradores, helicópteros halcón negro, drones, mujeres violadas, más bajas, adolescentes baleados. No hablo de Siria, Afganistán o Irak, sino de la región fronteriza de Estados Unidos, nuestro territorio nacional sitiado.

El mes pasado, en una manifestación pacífica en Washington DC, la Coalición de las Comunidades de la Frontera Sur (SBCC, según sus siglas en inglés), un grupo de 60 organizaciones de la región fronteriza desplegaron sobre el Washington Mall una manta, a modo de muro, para recordar a las familias que sufren bajo el actual estado militarizado de la región fronteriza en California, Arizona, Nuevo México y Texas. Las mantas que llegaron a Washington relataban historias perturbadoras de vidas y sueños rotos, de desesperanza, miedo, muerte y dolor; rogaban un cambio en la región.

Una de las secciones del muro consistía en aproximadamente un kilómetro o 17 paneles llenos de nombres de hombres, mujeres y niños en letra pequeña, junto a los desconocidos que se han encontrado en el área fronteriza de Tucson, Arizona, la única región en la que tienen un proceso de cuenta de cadáveres a través de una organización llamada Human Borders.

La realidad de los efectos severos de la militarización en la región fronteriza que afecta a comunidades que suman 15 millones de personas, es un hecho poco conocido en EU. Tal vez esto se pueda atribuir a la tendencia de los medios a ignorar historias sobre elpaís moreno y los pobres. El muro de paneles, de hecho, no fue publicado por ninguno de los medios de habla inglesa. Tuvo algo de cobertura de prensa y la camarilla hispana y otros miembros del Congreso visitaron la manta. El hecho también inspiró a 20 miembros del Congreso a enviar una carta a Aduana y Protección Fronteriza (CBP)  para “discutir en más detalle los planes de la CBP para mejorar su uso de las políticas de fuerza y prácticas, incluyendo mecanismos de supervisión y responsabilidad”, y para solicitar “una discusión detallada del plan de la agencia que mejore su proceso de quejas, investigación y disciplina”, al igual que un manual publicado de la política, del uso de fuerza y un plazo de tiempo para la implementación de los cambios en su manejo de uso de fuerza.

Pero lo que no logró la manta fue cambiar la narrativa nacional o el enfoque del Congreso en la región fronteriza. Tampoco logró llevar al piso del Senado una reforma migratoria. Obtuvo una breve mención en la conferencia de prensa de fin de año de (el presidente Barack)  Obama, pero solo como “un asunto sin concluir”.

Ahora que faltan unos días para 2014, pregunto: “¿Y qué?” ¿Qué tiene que hacer esta gente para obtener la atención del Congreso y se entienda que la reforma migratoria es un asunto que no va a desaparecer y debe ser reconsiderado, eliminando la militarización y encaminando el enfoque hacia la consideración del bienestar de la gente de la región?

En 2013, el esfuerzo por aprobar una legislación amplia de reforma a la migración no solo fue un fracaso, sino que mostró una profunda falta de preocupación por la seguridad y bienestar de quienes viven en la región fronteriza.

El actual enfoque en la militarización es un presagio insultante y ominoso del futuro de la zona fronteriza y demuestra que el Congreso no está en contacto con las necesidades de los 15 millones que viven y trabajan allí, muchos de quienes carecen de la infraestructura básica, como caminos, servicios de asistencia en caso de desastre, recolección de basura, electricidad, escuelas, hospitales y puntos internacionales de entrada rápida desde México.

Los cambios a la enmienda Leahy en la última ley de reforma a la inmigración, presentaba un plan que demostraba una falta total de entendimiento del estado actual del área fronteriza. El enfoque en la fallida estrategia de militarización demuestra que el Congreso está más interesado en llenar las bolsas de los contratistas privados de defensa que en mejorar la vida y seguridad de los estadunidenses que viven en esa área.

Este año, EU tiene la oportunidad de una resolución de Año Nuevo muy significativa: dejar de mirar hacia el otro lado. La complacencia del Congreso alcanzó un mínimo vergonzoso en 2013 ya que los derechos de vida, libertad y búsqueda de la felicidad para los habitantes de la frontera de EU siguen en gran peligro.

Solamente enfrentando el sufrimiento del área fronteriza cara a cara podremos obtener el apoyo nacional necesario para que el Congreso cambie su enfoque, de la militarización a la revitalización de la dinámica zona fronteriza y haga reformas necesarias y significativas.