"Recen por él", un libro sobre el lado político de Francisco

El periodista e historiador Marcelo Lasrraqui profundiza en la postura ideológica del nuevo pontífice.
La obra narra elementos menos conocidos de su desempeño dentro y fuera de los muros del Vaticano.
La obra narra elementos menos conocidos de su desempeño dentro y fuera de los muros del Vaticano. (Tony Gentile/Reuters)

Argentina

Desde de que la fumata blanca sentase a Jorge Bergoglio en la silla de San Pedro, corren ríos de tinta que repasan la vida del jesuita que está revolucionando la Iglesia católica, pero no son tantos los que cuentan el lado político de Francisco, como hace Marcelo Larraquy en su última obra, Recen por él”.

Desde su entronización, el Papa argentino lucha por cambiarle la cara a una Iglesia que se había alejado de la gente, pero dentro de los muros del Vaticano un Bergoglio menos evangélico y más político mantiene otra lucha contra los modos anquilosados de la jerarquía religiosa en un Vaticano lleno de secretos y escándalos.

El libro, del escritor argentino Marcelo Larraquy (Buenos Aires, 1965), es una biografía sobre un hombre entregado a la labor pastoral, pero también el retrato de un hombre práctico y de gobierno que se distancia de la imagen idílica del Francisco adorado por las masas que suele verse en televisión.

“Él es un hombre netamente político, tiene la cuestión franciscana. Pero una de sus virtudes ha sido su falta de interés por lo material en lo personal, que le da mucha más fortaleza”, explica el autor.

El título evoca el “recen por mí” que Francisco ha hecho famoso en lo que va de su pontificado y que dirige tanto a sus seres queridos como a los fieles y jefes de Estado.

Para Larraquy, periodista e historiador que ha publicado varios títulos sobre la historia reciente de Argentina, este libro arrancó de la necesidad de investigar el papel de Bergoglio durante los años más sangrientos de la última dictadura militar (1976-83) y de la curiosidad por el extraño caso de Emanuela Orlandi, una joven desaparecida hace casi 30 años en la ciudad vaticana.

Desde su infancia en el porteño barrio de Flores, el autor narra el camino que llevó a Bergoglio hacia la Iglesia y hacia la orden jesuita e investiga “elementos menos conocidos” de su desempeño al mando de la Compañía de Jesús en la Argentina de 1970, que vio al ejército secuestrar y torturar a curas implicados con los sectores más desfavorecidos, acusados de predicar el marxismo.

“Él tenía una posición casi conservadora frente a los curas tercermundistas, que estaban cambiando la guía de la Compañía -dice Larraquy-. Bergoglio actuó como una barrera frente a los vientos de cambio ideológico”.

Aunque Bergoglio dio asilo a personas señaladas por el régimen e incluso les ayudó a salir del país, bajo sus dos mandatos no se implicó frente a un sistema que cometía crímenes contra los derechos humanos con la connivencia de la jerarquía eclesiástica.

Quedan además sombras sobre el secuestro y tortura de Yorio y Jalics —dos curas ligados a la Compañía a los que Bergoglio no protegió lo suficiente—, una leyenda negra que aún persigue al Papa.

“Su repliegue tenía que ver nada más con el momento político que se vivía”, aseguró Larraquy, quien señala la década de 1990 y el trabajo en la archidiócesis de Buenos Aires como el punto de giro para el futuro Papa, quien decidió volcarse con la política social al implicarse con los curas de las “villas miseria” y denunciar la trata de personas y el trabajo esclavo.

Más polémicas se recuerdan sus posiciones sobre el aborto, el matrimonio homosexual y la política de “Memoria, Verdad y Justicia” que marcaron su distanciamiento de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

El autor contextualiza la elección del cardenal de Buenos Aires en un momento muy delicado del Vaticano, tras la decisión de Joseph Ratzinguer de dejar su cargo, la fuga de documentos, los casos de pederastia y el fraude bancario.

Desde su elección, Larraquy acredita que el papa Francisco trata de volver a la Iglesia pobre”, obligándola a dejar de mirarse “a sí misma” para abrir las puertas a la gente como propuso el Concilio Vaticano II hace medio siglo.

Su papel muros adentro es otro, ya que en su calidad de Papa “extranjero”, Francisco ha vaciado de poder a la todopoderosa Curia vaticana y se enfrenta a una limpieza institucional mientras las distintas facciones luchan por aferrarse al poder.