Ramiro Hernández, pasó 15 años esperando la muerte

El hombre de 44 años de edad se convirtió en el décimo connacional en ser ejecutado en Estados Unidos, desde que se reactivó la pena de muerte en ese país.
Ramiro Hernández Llanas.
Ramiro Hernández Llanas. (AP)

Ciudad de México

Ramiro Hernández Llanas nació el 5 de octubre de 1969 en Nuevo Laredo, Tamaulipas. Su infancia estuvo llena de abusos y pobreza extrema, según datos revelados por Amnistía Internacional.

Ramiro y sus ocho hermanos vivieron sus primeros años en una casa de cartón que se encontraba junto a un basurero.

Los familiares de Ramiro cuentan que éste dejó sus estudios cuando cursaba el cuarto grado de primaria, ya que era de lento aprendizaje, teoría que podría reforzarse con los estudios elaborados por AI que revelaron que posee un coeficiente intelectual de 50 a 60 y que sufre de déficit en áreas como lingüística, académico, conceptual, social, de trabajo y doméstica.

Según la agencia de noticias AP, Hernández Llanas estuvo preso en México por el asesinato de una persona. Sin embargo, no cumplió la sentencia de 25 años debido a que escapó de la cárcel, refugiándose en la ciudad de Kerrville, Texas, Estados Unidos.

El 4 octubre de 1997 fue contratado por Glen Lich, ex profesor de Historia de la Universidad de Baylor, para que le hiciera algunas reparaciones en su rancho a cambio de casa y comida. Sin embargo, 10 días después, el mexicano asesinó a golpes a Lich y posteriormente violó a su esposa.

Durante el juicio en su contra, la fiscalía usó el testimonio del doctor James Grigson, "un psiquiatra desacreditado", para refutar "las opiniones de los expertos en salud mental presentadas por la defensa", las cuales catalogaban a Ramiro como discapacitado mental.

Sin embargo, en febrero del 2000 cuando un juez lo sentenció a muerte por el delito de homicidio, violación y robo con allanamiento de morada.

En 2002 el Tribunal Supremo de Estados Unidos prohibió la ejecución de reos con discapacidad mental, pero el concepto es vago y cada estado determina a su manera si el preso cumple o no con los requisitos para ser considerado discapacitado.

Ramiro Hernández se convirtió este miércoles en el décimo mexicano en ser ejecutado en Estados Unidos, desde que se reactivó en este país la pena de muerte.