Rajoy, recibido con insultos y "guantazos" en hospital de Madrid

El presidente del gobierno español visitó el centro sanitario donde está ingresada Teresa Romero, enferma de ébola, y descartó que en España pueda desatarse una epidemia del virus.
Trabajadores del hospital Carlos III de Madrid se manifiestan contra la visita del presidente del gobierno español, Mariano Rajoy
Trabajadores del hospital Carlos III de Madrid se manifiestan contra la visita del presidente del gobierno español, Mariano Rajoy (AFP)

Madrid

El presidente del gobierno de España, Mariano Rajoy, recibió hoy gritos de “sinvergüenza”, cara dura” y “cobarde”, luego de visitar después de cinco días el Hospital Carlos III de Madrid, donde se encuentra ingresada Teresa Romero, la auxiliar de enfermería infectada con ébola.

Rajoy y el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, sorpresivamente llegaron ayer a la clínica empujados –sobre todo- por la presión social y política. En las afueras del hospital se encontraban casi 70 representantes de los medios de comunicación, que desde hace días hacen guardia para saber el estado de salud de la paciente, que se encuentra “estable dentro de la gravedad”.

Rajoy se dirigió de inmediato a las puertas del Carlos III y prometió “volver después” para dar unas declaraciones, las primeras directamente a la prensa cinco días después de conocerse el caso de la infectada. Al hablar con los reporteros, Rajoy Brey descartó que en España pueda desatarse una epidemia de Ébola.

“Tanto la Comisión Europea como la Organización Mundial de la Salud dicen que es muy bajo el riesgo de que esta enfermedad se pueda propagar en el futuro”, aseguró y subrayó la necesidad de enviar a los españoles “este mensaje” que parte de los expertos, no del gobierno, señaló.

El presidente insistió en centrar las prioridades del gobierno ante esta crisis. La primera, dijo, “se llama Teresa Romero”, la “única” persona por el momento enferma; la segunda es “vigilar” al círculo de personas que ha estado en contacto con ella y que están en observación y en tercer lugar, investigar qué ha pasado.

Rajoy hizo dicha visita para “expresar todo el respaldo” a los profesionales del hospital que están afrontando la enfermedad y que acuden a diario a trabajar al lugar, como médicos, enfermeras, auxiliares o limpiadores, a quienes quiso transmitir el “cariño y afecto” de los españoles.

Asegurado que la visita también servía para ofrecer todo el apoyo del Ejecutivo y de la Comunidad de Madrid a los profesionales de este centro para que “las cosas, dentro de la dificultad, sean más fáciles”.

Mientras el presidente hablaba con los medios de comunicación, desde las ventanas de las viviendas contiguas al hospital, vecinos le gritaron y arrojaron de todo a Rajoy y González, pero sobre todo fue despedido por los trabajadores del Carlos III quienes lanzaron guantes de látex a los coches en los que se marchaban.

Al grito de “cobardes”, “sinvergüenzas” y “cara dura”', algunos trabajadores ataviados con su uniforme se acercaron lo máximo que pudieron a los vehículos. Otros cogieron este material y se lo rozaron por la cara, un gesto que fue interpretado como un mensaje de apoyo a Romero después de que reconociera que a lo mejor se había podido contagiar después de rozarse la cara cuando se estaba quitando el traje de protección.

A la misma hora, también después de cinco días de conocerse el caso de la paciente infectada, en La Moncloa la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, anunciaba la creación de un comité especial para gestionar la enfermedad, cuya responsable será ella misma, dejando en tercera fila a la ministra de Sanidad, Ana Mato, a quien la mayoría de españoles le exigen su dimisión.