Putin “el débil”, visto desde la Alemania de Merkel

Los avances de Rusia en Crimea y Ucrania son vistos con preocupación por Berlín, que no desea otra guerra.
Vladímir Putin y la jefa del gobierno germano, Angela Merkel, en 2012.
Vladímir Putin y la jefa del gobierno germano, Angela Merkel, en 2012. (Reuters)

Berlín

Con la tercera administración de la canciller Angela Merkel al frente del gobierno germano, vamos a ver lo que hay que ver. Alemania va a asumir sus “responsabilidades” y jugar su papel en la escena internacional. Es lo que anunció el presidente de la República, Joachim Gauck, y el ministro de Asuntos Exteriores, el socialdemócrata Frank-Walter Steinmeier, tras la elección de septiembre de 2013. Y Merkel no tuvo de donde escoger, con la nueva guerra fría desatada por Vladímir Putin, el antiguo espía del KGB que aprendió en la extinta República Democrática Alemana (RDA).

Pero los alemanes sueñan con vivir en una segunda gran Suiza y no quieren oír hablar de cambios. ¿Responsabilidad internacional? 62% de los alemanes se opone, frente a solo 37% que está a favor, según una encuesta de la firma TNS Infratest. Esta proporción era inversa hace dos décadas, en medio de la conmoción por la caída del muro de Berlín y en plena guerra de Yugoslavia. La población alemana no es ingenua, y sabe que detrás de esa palabra se esconde la intervención militar.

El temor es que los ruidos de botas de Putin en Ucrania creen una nueva amenaza. Los alemanes ya no quieren morir por Kiev, como los franceses no querían morir por Danzig en 1939. Los dos altos funcionarios alemanes reunidos en Berlín lo expresaron con claridad. “Ningún francés y ningún alemán quiere arriesgar su vida por Ucrania”, confió uno de ellos. Así, no habrá una respuesta militar a Putin. Pero esto no impide que los alemanes, que navegan en la bienaventuranza del pleno empleo y la recuperación del crecimiento, tengan miedo. El precedente de 1914, cuando los europeos oscilaban ante la guerra sin quererla del todo, sigue estando presente. Y aunque Merkel hable ruso, y Putin alemán, no se comprenden.

En Berlín se intenta descifrar la enigmática actitud rusa. Para unos, el rapto de Crimea no sería más que un pequeño accidente de la historia, una oportunidad derivada del caos tras la rebelión en Kiev. Para otros, Putin está cuestionando el orden establecido después de la guerra fría. No por nada Putin ha dicho que la desaparición de la URSS, en 1991, fue la mayor catástrofe del siglo XX, y Merkel lo ha tomado muy en serio. Pero otros líderes alemanes intentan mantenerse tranquilos. En primer lugar, dicen, el plan inicial de Putin fracasó. Él quería crear una Unión aduanal eurasiana con Kazajastán, Bielorrusia y Ucrania para formar un bloque frente a la Unión Europea (UE). Una visión del siglo XIX, digna de la unión aduanal de Bismarck, según Berlín, cuando es la hora del libre comercio.

Luego, la desestabilización en el terreno tendría resultados atenuados: los jóvenes en Crimea no son pro rusos, a diferencia de sus mayores, reiteran los alemanes y los pro rusos del este de Ucrania fracasaron en su intento y no lograron desbordarse a la vecina Transnistria. Por último, los rusos no tienen nada que ofrecer a futuro: los Estados bálticos, incluyendo sus minorías rusófonas, quieren permanecer en la UE.

Incapaz de predecir las reacciones a corto plazo de Putin, Alemania prefiere recordar lo que a su juicio es fundamental: “Putin actúa desde la debilidad, no desde la fuerza, lo que no impide que un débil sea peligroso”. Y si bien para algunos hay que aplicar más sanciones si Moscú no reconoce la elección del domingo en Ucrania, otros piensan que Putin se mofa de las sanciones, ya que la pobreza refuerza el nacionalismo ruso.

Como sea, en Berlín se afirma: “Hasta ahora, Putin ha actuado y nosotros reaccionado. Pero el tiempo trabaja a nuestro favor”. Alemania quiere la paz y no se prepara para la guerra.