La UE condena las purgas en Turquía una semana después del intento de golpe

Pese a las reiteradas advertencias de Europa por las purgas en las instituciones del país, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan sigue contando con el apoyo de miles de sus simpatizantes.
Simpatizantes del presidente turco Recep Erdogan festejan tras del frustrado golpe de Estado.
Simpatizantes del presidente turco Recep Erdogan festejan tras del frustrado golpe de Estado. (Adem Altan)

Estambul

Una semana después del intento fallido de golpe de estado en Turquía y pese a las reiteradas advertencias de Europa por las purgas en las instituciones del país, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan sigue contando con el apoyo de miles de sus simpatizantes.

Por primera vez en casi 15 años, Turquía decretó el estado de emergencia, adoptado el jueves por el parlamento, en el que el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) de Erdogan tiene mayoría absoluta.

Cada noche desde el 16 de julio, el "pueblo heroico" se manifiesta para agradecerle al jefe del Estado que hiciera fracasar el golpe del pasado viernes, que dejó 265 muertos, incluidos 24 amotinados.

En Estambul, Ankara, Esmirna (oeste) y en otras ciudades, los seguidores del presidente hacen gala de su odio contra los golpistas, haciendo oídos sordos a la inquietud que suscitan las purgas que ya han conducido, según un balance comunicado por Erdogan, al arresto de 10.410 militares, jueces, funcionarios y mientras que otras 4.060 personas están en prisión preventiva.

Entre ellas, más de 100 generales y almirantes y gran parte de la jerarquía del ejército, enfrentado por un lado a la guerrilla del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en el sureste y, por otro, a la organización yihadista Estado Islámico (EI).

Todos son sospechosos de haber fomentado la sublevación a cuenta del predicador exiliado en Estados Unidos Fethullah Gülen, a quien Ankara acusa de dirigir una red "terrorista" y cuya extradición probablemente será solicitada formalmente dentro de poco.

Enarbolando la bandera turca, con niños sobre los hombros, fotografiándose en familia o con los amigos, tocando el claxon y cantando, miles de simpatizantes del presidente turco se congregaron de nuevo el jueves por la noche en el puente que cruza el Bósforo en Estambul.

Preocupación en occidente

Este puente se ha convertido en el símbolo del fracaso del golpe de Estado, porque fue allí donde acudieron los militares el día 16 de julio al amanecer.

La Unión Europea repitió el jueves que sigue "muy de cerca y con preocupación" la evolución de la situación, e instó a Ankara "a respetar en toda circunstancia el Estado de derecho, los derechos humanos y las libertades fundamentales, incluyendo el derecho a recibir un juicio justo".

Turquía anunció que suspendería temporalmente la Convención Europea de Derechos Humanos, lo que la protegería, dentro de unos límites, de algunas condenas tras haber instaurado el estado de emergencia por tres meses.

Las medidas que acompañarán a esta decisión todavía son difusas, aunque el gobierno ha descartado el toque de queda. Citando fuentes gubernamentales, los diarios Hürriyet y Sabah (progubernamentales) explicaron que el arresto de los detenidos podría prolongarse una semana o incluso más.

Se podrían crear también tribunales especiales para juzgar a los presuntos golpistas, a quienes se les embargarán sus bienes hasta que termine la investigación.

El gobierno también se plantea despedir sin indemnización a aquellos funcionarios que tengan un "vínculo directo con FETÖ", el acrónimo utilizado por el ejecutivo para llamar a la organización de Gülen, que niega cualquier tipo de implicación.

Según los rotativos, se cerrarán cientos de escuelas y fundaciones gulenistas, que un responsable del AKP tildó de "estructura clandestina y esotérica".

Las autoridades turcas también estarían estudiando reestructurar el potente servicio de inteligencia, el MIT, informaron ambos diarios.

"Desgraciadamente, es evidente que ha habido graves fallos [en el servicio de] inteligencia", reconoció el viceprimer ministro Numan Kurtulmus, quien admitió que se desconoce quién fue el organizador del golpe sobre el terreno.