Propaganda rusa: peligro para los judíos en el país

La situación deriva de la incansable guerra de opiniones que realiza esta nación y Rusia para ganar terreno sobre la independencia.
Manifestantes ucranianos marcharon ayer en la ciudad de Donetsk, controlada por fuerzas pro rusas.
Manifestantes ucranianos marcharon ayer en la ciudad de Donetsk, controlada por fuerzas pro rusas. (Marko Djurica/Reuters)

Ucrania

La violencia es una distracción de los hechos simples, y la propaganda convierte a la distracción en una abstracción y a la gente en símbolos; más ahora, que la intervención rusa en Ucrania se torna más extensa y amenazadora. Considere la amenaza hecha por el ministro del Exterior ruso, Sergey Lavrov, en cuanto a que su país "respondería" si los ciudadanos rusos en Ucrania eran dañados. ¿Quiénes son esos ciudadanos?

En Ucrania hay quienes hablan ruso, y una séptima parte de la población se identifica como rusa, pero esto no los convierte en ciudadanos rusos. Por lo tanto, se podría decir que al plantear la posibilidad de que puedan ser dañados, Lavrov admitió que los soldados sin insignia en el área, a quienes los ucranianos llaman "hombrecitos verdes", son rusos.

En la guerra de la información nadie resulta más dañado que los judíos, ya que movilizar la memoria global del Holocausto tiene un costo real para la gente. Desde el inicio de la revolución la propaganda rusa tiene un objetivo. El gobierno ucraniano actual, dijeron, está compuesto por antisemitas, fascistas y nazis. Se requirió de la intervención rusa, se argumentaba, para rescatar a los judíos de Ucrania.

Esta versión se difundió en occidente, donde tuvo cierto efecto, pero en Ucrania fracasó por completo. Uno de los errores de Putin fue crer que los judíos ucranianos se identificarían con Rusia, especialmente en tiempos difíciles.

En el nuevo orden tentativo actual, los judíos están presentes en la vida pública ucraniana. Entre ellos se encuentran un viceprimer ministro el gobernador de la región de Dnipropetrovsk, Ihor Kolomoisky, quien regresó de una vida segura en Suiza para responsabilizarse de un territorio ucraniano del este durante la agresión rusa. Kolomoisky disfruta el desafío, adoptando como propios los símbolos del nacionalismo ucraniano, mofándose de Putin al calificarlo de "esquizofrénico de baja estatura" y ofreciendo una recompensa por cada "hombrecito verde" capturado.

Sin embargo, no todos los judíos apoyaron a la revolución ucraniana. Mykhailo Dobkin, quien probablemente es el político ucraniano más partidario de Rusia, es judío. Él, como su oponente político Kolomoisky, es una figura activa y poderosa en la vida civil; no es ni víctima ni un símbolo.

El mes que vienen, en las elecciones presidenciales, es poco probable que muchos judíos voten por un candidato judío. El compromiso de la gran mayoría de los judíos ucranianos con la independencia es un asunto de identificación cívica, más que étnica; cualquiera que sea el lado que tomen, desafían todos los días nuestra conjetura reflexiva de que las minorías judías de Europa Oriental no son más que la noticia de mañana, sólolas víctimas futuras de un poder superior.

Los judíos pueden ser víctimas y probablemente lo serán si la invasión rusa continúa, junto con los romaníes y los tártaros de Crimea, que ya sufren, junto con todos los demás pobladores en las áreas en las que las tropas rusas controlan el territorio ucraniano. El panfleto difundido la semana pasada en un área bajo el control ruso, solicitando a todos los judíos que se registren con las autoridades separatistas despertó el temor, aunque después fue descrito como una provocación. La historia del Holocausto demuestra que hay pocas cosas más arriesgadas para los judíos que la destrucción de las instituciones estatales y el gobierno de la ley, que es la meta y la consecuencia de la política rusa. Los judíos en las áreas de Donetsk y Luhansk, donde Rusia tiene el control, ya no cuentan con la seguridad del gobierno de la ley. La consecuencia inmediata de la intervención rusa ha sido el gangsterismo.

La intervención en Ucrania nos distrajo de muchas cosas importantes. Una de ellas es la realidad de la revolución: un movimiento masivo en busca de metas revolucionarias clásicas que, de hecho, derrocaron a un cleptócrata. Otra es el desastre de una política externa rusa que, al presionar al ex régimen ucraniano a hacer más, obtuvo un resultado exactamente opuesto al deseado por los líderes rusos: el pluralismo y las elecciones.

Pero, sobre todo, lo que no hemos visto es la manera en la cual la experiencia de la revolución y la contra-revolución ha permitido al pueblo reconsiderar su identidad, los judíos de Ucrania se han convertido en judíos ucranianos.