Preparan relevo al Protocolo de Kioto

París recibirá el próximo año a gobiernos, científicos y asesores que perfilarán nuevos compromisos para mitigar los daños al medio ambiente; China y EU han mostrado algunos avances.
Pekín, una de las ciudades más contaminadas del mundo.
Pekín, una de las ciudades más contaminadas del mundo. (Rolex de la Peña)

Oslo

El año que viene, por estas mismas fechas, los cancilleres y los secretarios de Estado, los asesores climáticos del mundo y hasta los científicos como yo, estarán haciendo sus reservaciones para viajar a Francia con la esperanza de firmar lo que podría llegar a conocerse como los Acuerdos de París.

Estos acuerdos tienen la intención de reemplazar al Protocolo de Kioto antes de que expire en 2020. Se supone que será un acuerdo importante: el acuerdo global sobre el calentamiento global.

Por décadas, la mayor parte de la diplomacia ambiental se trató en foros multilaterales inmensos que eran propensos a estancarse.

Pero el anuncio del miércoles sobre un nuevo convenio entre EU y China, los dos mayores contaminadores del mundo, para reducir las emisiones demuestra cómo la diplomacia entre unos pocos puede llevar a resultados tangibles e impresionantes.

Tal vez el acuerdo de Pekín se haya preparado en privado durante los últimos dos años y sellado a último momento, pero las iniciativas pueden inspirar un ciclo de otros acuerdos prácticos sobre el cambio climático, lo que aumenta las posibilidades de que los Acuerdos de París reflejen iniciativas nuevas y reales.

Pero primero el mundo necesita acuerdos similares con otros grandes emisores, principalmente con India. China ha prometido una reducción importante de sus emisiones para 2030, gracias a que ha estado adoptando medidas agresivas de eficiencia y esforzándose por aumentar el rendimiento de sus fuentes energéticas menos contaminantes. Pero India está muy rezagada, sus plantas de energía son menos eficientes y se calcula que sus emisiones subirán agudamente dado que el país está aumentando su producción energética proveniente principalmente del carbón.

La Unión Europea también tiene un papel central en la cuenta regresiva a París: sus miembros acaban de anunciar un esquema para reducir las emisiones en 40% para 2030; es el programa de control de emisiones más ambicioso presentado por una economía importante.

Ahora, Bruselas y los países miembros deberán plasmar ese compromiso en políticas prácticas tales como la eficiencia energética, etc. Además deberán demostrar cómo los recortes costosos en emisiones pueden hacerse compatibles con la competitividad económica.

Pero una manera nueva de convenios multinacionales no involucra solo una serie de acuerdos país con país. También puede incluir negociaciones ambientales que abarquen sectores completos y contaminantes. Los mejores acuerdos comenzarán con asuntos que se alinean con aquello que los países quieren hacer.

Hay numerosas señales de avance, pero de hecho contamos con muy poco tiempo antes de la cumbre de París, y esto significa que se deben controlar las expectativas.

Por décadas, la diplomacia climática no ha logrado prácticamente nada en la reducción real de emisiones, y se requerirá de un tiempo para que los gobiernos y las firmas de investigación y desarrollo recuperen la confianza en que, esta vez, la diplomacia climática está logrando resultados reales.

Sin embargo, con suficientes acuerdos en privado, los gobiernos lograrán un gran avance práctico con el que estarán familiarizados cuando lleguen a París. Ya pasaron los tiempos en los que el propósito de los grandes acuerdos al estilo Kioto era imponer a los países lo que debían realizar. Está naciendo un mundo nuevo de gobernanza, un gran acuerdo en una pequeña sala a la vez.