Plan Juncker, en el momento adecuado pero con mal método

Los economistas se mostraron críticos con el plan de inversiones presentado por el presidente de la Comisión Europea, por considerar "débil" su importe ante las necesidades de inversión de la UE.
Jean-Claude Juncker, durante su intervención ante el Parlamento Europeo
Jean-Claude Juncker, durante su intervención ante el Parlamento Europeo (AFP)

París

Los economistas criticaron con dureza este miércoles el plan de inversiones de Jean-Claude Juncker, que según ellos llega en el momento adecuado aunque con un método y unos importes que no reactivarán la alicaída economía europea.

"Era el momento de hacerlo. Estamos en una fase de baja coyuntura, de desempleo masivo, de demanda deprimida, y el efecto [del plan] sobre la actividad podría ser muy importante. Pero el importe es extremadamente débil" lamenta Eric Heyer, economista en el OFCE, un instituto de investigación considerado de izquierda.

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, anunció hoy un plan para reactivar el crecimiento de la Unión Europea (UE) mediante la creación de un fondo que atraiga al menos 315 mil millones de euros en inversiones.

Detrás de esta suma hay un complejo dispositivo apoyado en parte en el presupuesto europeo y en el Banco Europeo de Inversiones (BEI), el brazo financiero de la Unión Europea (UE), pero sin contribuciones de los Estados miembros, aunque no se descarta esta posibilidad.

Los inversores deben pasar por un "Fondo europeo para la inversión estratégica", dotado con 21 mil millones de euros de garantías, una especie de "amortiguador de riesgos" que supuestamente debe atraer los recursos privados. El esperado efecto multiplicador (por 15) o palanca haría llegar las inversiones a los 315 mil millones.

Según Heyer, este montaje significa un aporte de solamente cinco mil millones de euros de dinero público cuando "el Producto Interior bruto de la UE es de 15 billones de euros".

Tres veces cero es siempre cero

Incluso activando todos los multiplicadores y las palancas, "tres veces cero, diez veces cero, siempre es cero", critica Heyer, para quien, en lo que respecta a la reactivación , "el tamaño sí importa".

Grégory Claeys, investigador del instituto Bruegel de Bruselas, estima que las necesidades de inversión en la UE son de 260 mil millones por año. "Con 315 mil millones en varios años [en principio, tres] las cuentas no salen", asegura. Ludovic Subran, economista jefe del asegurador Euler Hermes, tampoco está convencido por este montaje financiero.

"Jean-Claude Juncker, es el Cid de la Unión Europea, empezamos con cinco mil millones y llegamos con 315 mil millones" ironiza, parafraseando célebres versos de la tragedia de Corneille. Christopher Dembik, economista de Saxo Banque, es sobre todo escéptico sobre el método de la nueva Comisión. "Al menos hay una voluntad política y un reconocimiento de la necesidad de invertir, pero no hay estrategia global a largo plazo", opina.

La Comisión Europea quiere dejar la elección final de las inversiones a un comité de expertos, y rechaza "distribuir" los fondos país por país, incluso si son los Estados los encargados de presentar una lista de proyectos.

Según Dembik, "una parte de los fondos irá a proyectos ya lanzados y los Estados van a captarlos para financiar inversiones sin aumentar su propio gasto público". Por consiguiente, no espera ningún "efecto de atracción" sobre todo porque los inversores privados son "bastante dubitativos". "Estamos más en una lógica de protección que de promoción de las inversiones", se lamenta Ludovic Subran.

Para Grégory Claeys "la idea del plan es que el dinero público sirva para amortiguar las posibles pérdidas de algunos proyectos, y a reducir costes para los inversores privados". "Pero hay un riesgo y es que esto beneficie sobre todo a los inversores que ya están presentes", en lugar de atraer a nuevos inversores hacia proyectos más audaces, añade.