Pide el Papa Francisco seguridad y paz para Irak

El pontífice hizo este llamado al finalizar su oración dominical mariana con el Angelus, que pronunció desde la ventana de su estudio personal en el Palacio Apostólico del Vaticano.

Ciudad del Vaticano

El Papa Francisco se mostró hoy preocupado por el recrudecimiento de la violencia en Irak y pidió seguridad, paz y un futuro de reconciliación para ese país.

El pontífice hizo este llamado al finalizar su oración dominical mariana con el Angelus, que pronunció desde la ventana de su estudio personal en el Palacio Apostólico del Vaticano ante miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro.

Invitó a todos los presentes a unirse a él en una oración por aquella “querida nación”, por las víctimas y por quien sufre más las consecuencias del conflicto, “en especial por las tantas personas que han debido dejar sus casas, entre las cuales se cuentan muchos cristianos”.

Pero la solicitud del Papa no quedó sólo en palabras, hizo un alto en su discurso y pronunció en voz alta un Padre Nuestro, al cual se sumó la multitud.

“Deseo para toda la población la seguridad y la paz, un futuro de reconciliación y de justicia por el que todos los iraquíes, cualquiera sea su pertenencia religiosa, puedan construir juntos su patria, haciendo de ella un modelo de convivencia”, añadió.

Antes del rezo del Angelus, Francisco recordó que este día la Iglesia celebra a la santísima trinidad, una comunión de “amor perfecto” entre el padre, el hijo y el espíritu santo.

Afirmó que todos los cristianos están llamados a anunciar que “Dios es amor” y por ello no es lejano o insensible a los problemas humanos.

“Es una contradicción pensar en cristianos que se odian. Es una contradicción! Y el diablo busca siempre esto: hacernos odiar, porque él siembra siempre la cizaña del odio, él no conoce el amor”, precisó improvisando.

Añadió que Dios está siempre cerca, al lado de los seres humanos, camina con ellos para compartir sus alegrías y dolores, esperanzas y dificultades. Ama tanto a los hombres –insistió- que vino al mundo “no para juzgarlo” sino para que se salve a través de Jesús.

El líder católico también dirigió un “pensamiento especial” a las colaboradoras domésticas que, sostuvo, “provienen de tantas partes del mundo y desarrollan un servicio precioso en las familias, especialmente en apoyo de los ancianos y de las personas no autosuficientes”.

Reconoció que, muchas veces, su “buen” trabajo no es valorado con justicia y por eso les dijo: “¡Gracias, muchas gracias!”.