Personaje de la Semana: Pablo Iglesias, líder de Podemos

Este “chaval con coleta”, elegido secretario general del partido de izquierdas, ha protagonizado a sus 36 años un auténtico terremoto político en España, al llevar a su formación en un año a las ...
Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, es el líder político de moda en España por el espectacular ascenso de su partido
Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, es el líder político de moda en España por el espectacular ascenso de su partido (AFP)

Madrid

Pablo Iglesias (Madrid, 1978) era hace un año un "chaval con coleta" que en tertulias de televisión se peleaba con políticos de segunda fila del Partido Popular (PP) y del Partido Socialista (PSOE). Hoy, la lucha la entabla directamente con sus máximos líderes, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, y tiene opciones de ganarla al frente de su partido Podemos, del que fue elegido secretario general el pasado sábado en Madrid.

A sus 36 años este joven líder es el epicentro del terremoto Podemos, un fenómeno político sin precedentes en la historia de España. Podemos, inspirado en el "Yes we can" del presidente estadunidense Barack Obama, experimentó una progresión fulgurante tras su nacimiento en enero hasta situarse en un reciente sondeo por delante de los dos grandes partidos, el conservador Partido Popular y el PSOE.

Por primera vez desde inicios de 1980, una formación pone en cuestión el bipartidismo imperante en el país. El primer aviso llegó en las elecciones europeas de mayo, donde fueron la gran revelación al conseguir cinco diputados. Desde entonces esa cámara se ha convertido en su plataforma para denunciar "el sometimiento a las élites financieras que amenaza el futuro de Europa". Ahora, Podemos se dispone a "disputar la democracia" a "la casta", título del libro que ha publicado hace poco.

"Hay que acabar con todos los privilegios de los políticos. Es obsceno que los que nos recortan vivan a todo tren", repite sin cesar este carismático orador, que el pasado sábado fue confirmado al frente de Podemos con 88.67% de los votos de más de cien mil militantes. Abiertamente antiliberal y admirador de los líderes de izquierdas latinoamericanos como el ecuatoriano Rafael Correa o el brasileño Lula da Silva, Iglesias comparte sus convicciones con su pareja Tania Sánchez, diputada del partido eco-comunista Izquierda Unida en el parlamento regional de Madrid.

"La sonrisa esta empezando a cambiar de bando", dijo entusiasta ante centenares de miembros reunidos en un teatro el sábado. "Cuando os insulten, cuando mientan, cuando griten, cuando difamen, sonreíd porque vamos a ganar", prometió el carismático profesor universitario. Pablo Iglesias llega al ruedo político procedente del mundo universitario, el mismo en el que se gestaron buena parte de los movimientos sociales y estudiantiles que desembocaron en el 15M (el movimiento de los indignados, en 2011) y acabaron germinando en Podemos.

Montó un partido de la nada junto a otros profesores universitarios y politólogos, logró 1.2 millones de votos y cinco eurodiputados en las elecciones europeas de mayo y ha conducido a la formación -de forma oficiosa hasta su proclamación hoy como secretario general- a consolidarse como tercera fuerza del país. Todo en solo diez meses, en menos de un año.

En un contexto de fuerte crisis económica y continuos escándalos de corrupción, su partido parece ser el único que ha conseguido canalizar el malestar ciudadano mostrado por el movimiento de los "indignados" en 2011, que acamparon durante semanas en la céntrica Puerta del Sol de Madrid.

Podemos no solo pisa los talones al PP y al PSOE en estimación de voto: en intención directa, esto es, con los datos demoscópicos sin cocinar, es ya la primera, según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS, estatal), que es el estudio con mayor reputación de los que se hacen en España.

Hay quien cree que llegará a La Moncloa y sacará a España de la crisis en la que se encuentra sumida, que no es solo económica, sino también institucional y quizá sistémica. Hay quien piensa que de llegar hará de ella una Venezuela chavista. De él se dice lo mejor y lo peor, y ese es su gran logro: todo el mundo conoce a Pablo Iglesias.

La lucha con Rajoy y Sánchez saltará de las encuestas a la realidad dentro de un año, en las elecciones generales de 2015, de las que saldrá el nuevo jefe del gobierno español.

Los comicios para La Moncloa han sido desde el principio su meta. "Nuestro objetivo es ganar las elecciones y gobernar", dijo en mayo, la noche electoral en la que el partido saltó del banquillo al campo. Sonrieron con condescendencia quienes pensaron que Podemos se deshincharía como un globo. Hoy, esos mismos tiemblan.

A Iglesias le han acusado de justificar el terrorismo de ETA, de estar financiado por la Venezuela de Nicolás Maduro y el Ecuador de Rafael Correa, gobiernos a los que como politólogo ha asesorado. Le llaman populista y hablan de él como un gran mal para España. Pero nada ha hecho mella. Su popularidad y los apoyos al partido crecen.

Los escándalos de corrupción que golpean al PP, al PSOE y a algunos de los que un día fueron grandes personalidades de la política española, como el ex presidente catalán Jordi Pujol y el ex ministro y ex director gerente del Fondo Monetario Internacional Rodrigo Rato, le están haciendo gran parte de la campaña.

Iglesias no rebosa precisamente simpatía, pero hace meses empezó a hacerse con el favor de muchos a través de las tertulias en televisión en las que debatía con contundencia y clamaba contra la élite política y económica -"la casta"- sin perder la compostura.

En la televisión fue fraguando un espacio mediático para Podemos. "No contamos con la financiación del PSOE y el PP, no hemos pedido créditos, no tenemos amigos poderosos, ni amigos en los medios que nos den concesiones por favores, tenemos un chaval con coleta que sale en la televisión", dijo en mayo, cuando criticaron que su cara fuera impresa en las papeletas de las elecciones europeas.

Su manejo del medio lo ganó en La Tuerka y Fort Apache, programas en los que junto a otros profesores y alumnos buscaba experimentar otras formas de comunicación política. Emitidos por Internet y canales residuales de la televisión digital terrestre con audiencias marginales se formó como presentador y entrevistador y aprendió a hablar a la audiencia de frente.

A partir de 2001 participó activamente en el movimiento antiglobalización, en el que defendió la desobediencia civil como forma de lucha, asunto que fue también eje central de su tesis doctoral. Pasó por Italia, Suiza, México y EU. Miembro activo del 15-M, saltó a la televisión generalista y caló su discurso tranquilo de mensaje duro contra las élites dirigido a las víctimas de la crisis, que en España de una forma u otra son casi todos menos ellas.

Iglesias bebió en la izquierda desde niño. Se crió en Vallecas, barrio obrero emblemático de Madrid, en familia socialista que otorgaba a la ideología un papel destacado. Se llama Pablo porque su apellido es Iglesias y sus padres quisieron homenajear al fundador del PSOE. Iglesias es profesor honorífico de la Universidad Complutense, de Madrid, donde impartió clases de Ciencia Política hasta que el pasado mes de julio ocupó su escaño de eurodiputado.

Se sitúa en la izquierda ideológica: "No hay más que verme", declaró al explicar que Podemos no es un proyecto que haya que encasillar en la izquierda o la derecha, sino en la lucha del ciudadano contra el poder. Una renuncia a la ideología, exigida por la coyuntura, que no se refleja en la trayectoria de Iglesias, quien dio sus primeros pasos en la política en la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE), en la que militó desde la adolescencia hasta los 21 años.

Iglesias suscitó el rechazo de quienes le acusaban de no ser claro condenando a la banda terrorista ETA o de querer traer a España el modelo de Venezuela. Rompe moldes también en imagen, muy distinta a la de los políticos tradicionales, que no en pocas ocasiones hablan de él como el chico "de la coleta". Lleva a gala su formación universitaria -es doctor en Ciencias Políticas y licenciado en Derecho, reconoce entre sus errores un exceso de arrogancia, y es aficionado a series televisivas como Juego de Tronos.

Aunque ya no da clases en la Facultad de Políticas de la Universidad Complutense, que según cuentan sus defensores, se echan de menos, Pablo Iglesias sigue siendo un joven contestatario con pelo largo recogido en coleta que viste ropa barata de supermercado. Ahora, se dedica en cuerpo y alma a un partido que ha dinamitado el bipartidismo español. Y en un año tiene cita con las urnas.

¿Su secreto? "Tiene capacidad mediática. Lo que le interesa son las redes sociales y la televisión porque es donde se mueve su electorado", analiza su colega Fernando Vallespín, profesor de ciencias políticas en la Complutense. El 15M le sirvió de trampolín para saltar a la política activa, pero fue su paso por las televisiones lo que le valió la fama y la simpatía de muchos ciudadanos por ese profesor que rebatía en las tertulias sin alzar la voz.

Habitual de las "tertulias", los debates políticos que acaparan la parrilla televisiva en España, Iglesias se dio fama a sí mismo impulsando uno de estos programas, la Tuerka, difundido primero a través de internet y después en la TDT. A consecuencia de ello "tiene mucho autocontrol. En caso de pelea, sigue impasible" pero defiende sus "firmes convicciones", señala Vallespín.

Fue en ese programa que desarrolló su argumentario basado especialmente en la denuncia de "la casta" de las élites políticas y económicas que ha hecho furor en una España sumida en una crisis económica e institucional con continuos escándalos de corrupción. Pero "nunca fue una persona ambiciosa que quiere utilizar la política con fines narcisistas como tantos otros. Piensa que puede ayudar", afirma Vallespín.

Sus detractores le acusan de utilizar un discurso impactante y demagógico, y denuncian su afinidad con Cuba o Venezuela, incluso de estar financiado por este último país. "Cuando habla Pablo Iglesias escucho a Fidel Castro", dijo Leopoldo Fernández-Pujals, fundador de dos exitosas empresas, resumiendo la opinión de numerosos empresarios temerosos del programa de nacionalizaciones y reestructuración de deuda propuesto por Podemos. Para él, si Pablo Iglesias llega al poder "hunde el país".

El periódico conservador ABC denuncia el discurso a veces confuso de este orador y lamenta el desconocimiento de una parte de los electores de su programa "izquierdista" e "irrealizable" que incluye un referéndum para abandonar la OTAN o la oposición a cualquier intervención militar en conflictos internacionales. "Tiene esa capacidad para ir escurriendo el bulto" en asuntos sensibles, señala Vallespín.