Personaje de la Semana: John Kerry, secretario de Estado de EU

Este incansable negociador, ex candidato demócrata a la presidencia, busca un remate para su legado, que podría ser el éxito en las conversaciones con Irán.
John Kerry, secretario de Estado de EU, ha tenido un papel de primer orden en las negociaciones para lograr un acuerdo nuclear con Irán
John Kerry, secretario de Estado de EU, ha tenido un papel de primer orden en las negociaciones para lograr un acuerdo nuclear con Irán (EFE)

Washington

John Kerry, un ex senador que quiso ser presidente de EU y se conformó con la Secretaría de Estado, anunció la pasada semana un pacto con Irán que podría suponer más para su legado que para el del propio Barack Obama: el remate contundente a una carrera centrada en la diplomacia pero exenta de grandes acuerdos.

En su decimoctavo día consecutivo en Viena para conversar con otras cinco potencias e Irán, una maratón negociadora a la que se ha entregado incansablemente durante meses, Kerry pudo anunciar por fin lo que tanto anhelaba desde que se convirtió en secretario de Estado en 2013: un acuerdo que supone un giro en el panorama mundial.

Kerry, de 71 años, quiso en un primer momento que ese gran acuerdo de su periodo en el Departamento de Estado fuera la esquiva paz entre israelíes y palestinos, un objetivo que se derrumbó el año pasado tras nueve meses de contactos, y también se esforzó en buscar una salida negociada a la guerra en Siria, un tema estancado.

La negociación sobre el programa nuclear de Irán comenzó poco después de que Kerry ocupara su cargo en febrero de 2013, aunque fue su predecesora, Hillary Clinton, quien allanó el terreno al iniciar contactos secretos con Teherán en julio de 2012 en Omán.

Aunque el acuerdo con Irán será sin duda clave en el legado en política exterior de Obama, el presidente estadounidense puede apuntar otros logros de su mandato en la Casa Blanca, como la reforma sanitaria o la apertura a Cuba.

En cambio, en el caso de Kerry, el trato supone la culminación de una carrera llena de pasión por la diplomacia -pasó 28 años en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado- en la que a menudo se le ha acusado de avanzar más en la retórica que en la práctica.

Menos implicado en las negociaciones con Cuba, la otra gran apuesta diplomática del Gobierno de Obama, Kerry se ha sumergido en las conversaciones con Irán, con múltiples visitas a Suiza y Austria y largas reuniones con su homólogo iraní, Mohamad Yavad Zarif.

En una imagen ilustrativa del desgaste que han supuesto las maratonianas sesiones para todos los negociadores, Kerry ha llegado a la recta final con muletas, aquejado de una rotura de fémur que sufrió en mayo al caerse de la bicicleta a la que recurría para desfogarse en los ratos libres durante las negociaciones nucleares.

Cómodo desde siempre en el papel de negociador, el titular de Exteriores ha tenido que hacer acopio de su característica paciencia en un proceso lleno de fechas límite que acababan aplazándose y marcadas diferencias que nunca parecían salvarse del todo.

Kerry deberá ahora defender el acuerdo ante el escéptico Congreso estadunidense y ante aliados clave como Israel y Arabia Saudí, países con los que la relación se ha debilitado durante las negociaciones.

Desde que asumió el cargo, Kerry se centró en las grandes crisis mundiales y quiso perfilarse como un secretario de Estado que negocia en primera persona, al estilo de James Baker, el prestigioso jefe de la diplomacia del presidente George H. W. Bush (1989-1993).

Ese estilo le ha permitido marcar un contraste con su predecesora Clinton, que se fijó menos en los conflictos y más en temas globales como los derechos de las mujeres o el desarrollo económico.

El ex senador por Massachusetts vio frustrado el sueño de su vida en 2004, cuando perdió las elecciones presidenciales frente al entonces mandatario George W. Bush, pero pronto se recompuso y retomó su cargo en el Senado, donde ingresó por primera vez en 1984.

"Para mí, era esencial no compadecerme de mí mismo. Hay una diferencia entre deprimirse y decir: 'Qué demonios, es lo que hay. Vamos por un nuevo capítulo", dijo en 2013 al diario Boston Globe.

Pese a estar completamente centrado en su cargo actual, Kerry no ha descartado la posibilidad de volver a aspirar a la Presidencia algún día, según dijo en una entrevista en febrero, pero no piensa entrar en la contienda demócrata en 2016, como ha hecho Clinton.

Nacido en 1943 en Aurora (Colorado), el senador de pelo blanco y metro noventa de estatura es hijo de un funcionario del servicio exterior y descendiente de la familia Forbes, una de las más adineradas de Massachusetts.

Tras estudiar Derecho en la Universidad de Yale, Kerry se presentó como voluntario a la guerra de Vietnam, donde fue herido dos veces y perdió a varios de sus amigos, algo que le abrió los ojos y le transformó en activista contra el conflicto y dirigente de la organización Veteranos contra la Guerra.

Entró en política formalmente en 1976 como fiscal jefe en un distrito de Massachusetts y en 1982 se convirtió en el vicegobernador del estado, dos años antes de entrar en el Senado.

Kerry se ha casado dos veces, primero con Julia Thorne, con quien tuvo dos hijas, y en 1995 con su esposa actual, Teresa Heinz, heredera de la fortuna de la popular marca de ketchup.

Su desahogada situación financiera hizo que le tacharan de elitista durante su carrera presidencial, pero Kerry siempre ha defendido su progresismo en el terreno fiscal y su gusto por acercarse a la gente y hablar cara a cara, algo que ha aplicado en sus relaciones con líderes mundiales como secretario de Estado.